“ANASTASIO – ANDA”

“Anastasio Fidel”

Ayudante  Comercio 1915 – 1916 – 1917

Ayudante Intrépida 18 de Marzo de 1919 – 1920 – 1921 – 1922 – 1923 – 1924 – 1925

Jubilado con 21 años de Servicios 1919

Comandante Intrépida 1925 – 1926

Comandante Comp. Intrépida – 1927

“Anaya Alonso Manuel de”

Gobernador de Quito – 6 de Marzo de 1564

“Ancizar Manuel”

Nueva Granada mandó en 1850 a don Manuel Ancízar, honra y prez de su patria, como Ministro de ella en Quito, y él contribuyó al establecimiento de un partido, fundado ya por espejo y Moncayo con su pluma, por Mejía con sus oraciones, por los hombres del 10 de Agosto con su sangre, por Rocafuerte con sus hechos; el contribuyó, decimos, con la propagación constante y acuciosa de las doctrinas civilizadoras del orbe.

“Anda Juan Francisco”

Fondeado en el Río su casco fue agujereándose por efecto del tiempo, y parchado con cemento. Una triste noche de 1928 se desprendió un pedazo de concreto y el agua comenzó a entrar a raudales. El Director General de la Armada, capitán Juan Francisco Anda, asumió personalmente la dirección de las labores de salvamento y dispuso que los remolcadores que acudieron en auxilio de la averiada nave la condujeran al bajo localizado en la confluencias de los ríos Babahoyo y Daule.

“Anda Maldonado Domingo”

Fundador de la nueva de Ambato, en el asiento de los indios Quisapincha, después del terremoto del Jueves 20 de Junio de 1698.

“Anda Pedro de”

El 9 de Diciembre de 1742 se produce una nueva erupción del Cotopaxi el 20 del mismo mes se dirigía el corregidor de Latacunga, Pedro de Anda, a su gobernados pidiéndoles eligiesen a la Beatísima Virgen María, Patrona del Cotopaxi. Al siguiente día todo el pueblo festejaba la elección.

“Anda V. Eudoro”

Teniente Coronel Ingeniero 9 de Junio de 1910, Profesor Universidad de Quito 1890 – 1894 – 1902

Decano de la Facultad de Ciencias – Quito – 1902

“Anda Joaquín”

Canónigo de Merced – Cat de Quito

Doctor en Teología Universidad de Santo Tomas

Rector de la Universidad de Quito – 1799

“Anda Bautista Juan”

Tesorero Municipal de Ambato 1898

“Anda Juan Francisco”

Sub director de la Escuela Naval – 1913

Capitán del Puerto de Guayaquil – 1926 – 1927 – 1923

Director General de la Armada – 1929 – 1928

Ministro de Guerra 1 Marina – 1933

“Anda Luis”

Abogado 1829

“Anda Luis W.”

Profesor del Colegio Bolívar de Ambato – 1898 – 1890 – 1900 – 1899

Falleció el 20 de Mayo de 1923

“Andagoya”

Hizo la expedición de la provincia de Esmeralda, entrando por la costa, y pobló en la bahía de San Mateo.

“Andrade Arbaiza Francisco”

En 1922 se inició la radioafición en Guayaquil y por primera vez en todo el Ecuador, fundándose de manera formal, el 9 de Mayo de 1923, el Guayaquil Radio Club, que ocupó después un pequeño local en el histórico Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, en la esquina de Clemente Ballén y Chile, planta baja, entidad que agrupó a los pioneros de la radioafición de nuestra ciudad.

Los iniciadores de este primer Radio club en nuestro país el tercero en América Latina después de Argentina y Chile y el octavo en el mundo fueron: Arturo González, Leoncio Marín L., Carlos Enrique Bourne A., Gilbero Mancero, Guillermo Dario Maldonado, entre otros.

Todo esto parece indicar, por los datos que hemos conseguido, que la historia de la Radiotelefonía Guayaquileña comenzó con las modestas experimentaciones de un pequeñísimo grupo de radioaficionados, contados como los dedos de la mano. Citaremos, por ejemplo, al Dr. Francisco Andrade Arbaiza, médico especializado en electroterapia; Dr. Carlos Noboa Cooke, dentista graduado en los Estados Unidos; pepe Morla, que vivía frente al Teatro Edén (9 de Octubre y Chile); Dr. Herman Parker, cirujano estadounidense; Vícto Manuel Janer, comerciante español; Dr. Roberto Leví Hoffman, químico alemán; Honorato Zavala; Dr. Julio Navarro; dentista; Ricardo Morán Pereira; radiotelegrafista, Mr. John Mark Reed, Geo Chambers Vivero, Carlos Dolcci, empleado de la Empresa Eléctrica; Justo P. Campaña, Félix Vacas Cherres, Fausto Rodas, estos tres últimos sobrevivientes, y algunos otros más cuyos nombres se nos escapan.

Los ensayos de este reducido grupo al principio de experimentadores guayaquileños y extranjeros fueron realizados de su propio peculio, con su propio esfuerzo, sin ayuda oficial, como correspondía a su condición de aficionados o radiofans. El gobierno ecuatoriano todavía no había reglamentado estas actividades en los primeros momentos.

MAS ANTECEDENTES

Decíamos que en 1922 habían principiado en Guayaquil los ensayos de los radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radiotelegrafistas de la época, sino también unos pocos jóvenes entusiastas de nuestra ciudad. Es que por esos años el puerto comercial de Guayaquil no podía ser una excepción en la radio, la gran novelería del mundo a comienzos del presente siglo.

La radio dejó así de ser “un simple juguete electromecánico”, como hasta entonces , en los famosos tiempos de los aparatos de “galena” (piedra de sulfuro de plomo, al natural), que eran receptores rudimentarios construidos en unas cajas vacías de cigarros, con sus torturadores auriculares o audífonos y los infaltables ruidos atmosféricos o estáticas. Pasó a constituirse después en parte de nuestra vida y pieza cotidiana fundamental de la sociedad mundial, en algo sin lo cual en nuestros días ya no seríamos capaces de vivir.

Los “radioaficionados”, por lo tanto, fueron los verdaderos precursores de la investigación en el campo de las comunicaciones inalámbricas, especialmente en la onda corta, y, lógicamente, ellos surgieron mucho tiempo antes que la Radio Comercial se estableciera en Guayaquil desde 1930.

PRIMEROS RADIORRECEPTORES

Según nuestras propias investigaciones, los primeros aparatos receptores de radio se introdujeron a Guayaquil por los años de 1925 a 1927. Contaba el Sr. Jorge Phillippe M., exgerente de los almacenes Reed Reed, de Quito, gran propulsor del folclor nacional y persona que estuvo vinculada con la radio ecuatoriana, el siguiente curioso episodio: “Cuando llegué del exterior a Guayaquil, el 5 de Julio de 1927, la declaración que había preparado para la Aduana, decía efectos personales y un radio. Los empleados que me atendieron tímidamente me preguntaron qué era eso de radio. Les expliqué que se trataba de una especie de teléfono sin alambres y de una sola vía, algo así como un fonógrafo sin discos en que se podía oir, hablar y escuchar música con solo prenderlo. Sonrieron discretamente cambiándose miradas de duda y de burla. ¡Creyeron que estaba loco!”

EL RADIOAFICIONADO DR. ANDRADE ARBAIZA

El primer transmisor experimental de radioaficionado en Guayaquil que “Perifoneó” palabra que se usaba entonces breves audiciones de música selecta, con discos, cuando todavía no estaban reglamentadas estas actividades en nuestros país (eso ocurrió después, en 1928, presidencia del Dr. Ayora), fue el Dr. Francisco Guillermo Andrade Arbaíza, según nuestras propias investigaciones.

Es justo pues recordar a los Guayaquileños, que el Dr. Pancho Andrade, nacido en 1884, a pesar del escaso tiempo de que disponía por sus labores de médico especializado en electroterapia, fue también uno de los primeros radioaficionados experimentadores de la “telefonía sin hilos”. El mismo construyó y armó en Guayaquil, allá por el año 1926, antes de viajar a la ciudad luz en 1928, una estación experimental de radioaficionado, de onda corta, que la llamó  Radio París, por su gran simpatía por esta capital europea, la que se encontraba en la casa del Sr. Luis Vernaza, la cuarta al subir por la calle Numa Pompilio Llona, a las márgenes del río Guayas, en el Barrio Las Peñas.

No solamente a él se debió la instalación de este modestísimo equipo, sino que dio su valioso aporte científico al desarrollo de lo que hoy conocemos como electrónica. En vista de que en aquella época había mucha “estática”, se oían ruidos de motores de autos y una serie de interferencias en las transmisiones, producidas por todo tipo de instalaciones eléctricas, timbres, enchufes, etc. El Dr. Andrade inventó un aparato para eliminar estas molestias  y poder así escuchar una audición radial con más claridad. Por su transmisor experimental envió frecuentes mensajes al exterior por cuyo motivo iban a visitarlo muchos amigos y aficionados. Otro de sus inventos que recuerdan quienes lo conocieron, fue, por su aplicación práctica aunque nunca lo patentó como algunos anteriores, el de un mecanismo especial para cambiar la aguja de las llamadas “victrolas” de entonces, lo que constituyó una cuestión revolucionaria en su época.

Panchito Andrade, como cariñosamente lo llamaban sus allegados, siempre se distinguió por su talento desde las bancas escolares, así como después por sus conocimientos científicos y artísticos. En el antiguo Colegio “San Vicente del Guayas”  (Hoy Vicente Rocafuerte), en 1900, ganó Diplomas de Honor en los cursos dictados por el Dr. Francisco, Campos Coello. Fue después miembro de honor de la comisión radiotécnica para organizar el servicio de Radio en Guayaquil, designado por el Intendente General de Policía como se acostumbrada en aquellos días, comandante Enrique Salgado, miembro Fundador de la Orquesta Sinfónica “Amigos de la Música”, en 1936. El 9 de Octubre de 1939, el Municipio porteño le concedió Diploma de Honor y Medalla de Oro en premio a su labor de investigación científica por la construcción, por primera vez en el país, de un aparato de electrodiatermia. Las constancias de estas distinciones las tuvimos en nuestras manos, y de allí entresacamos los datos que hemos transcrito, cuando nos fueron mostradas por su hermana María, a la muerte del Dr. Andrade, en la habitación que ella tenía en el asilo “Vicente Sotomayor y Luna”, en las calles José de Antepara N° 800 y 9 de Octubre, planta baja, edificio de madera que ya no existe.

Del Dr. Pancho Andrade y su afición a las cuestiones eléctricas se cuentan una serie de anécdotas que serían muy largas de mencionar. A su regreso de París, a donde dijimos que viajó en 1928, acompañando a un familiar como médico, este adelantado en la Historia de la Radio Guayaquileña, siempre preocupado por la cultura y el arte, trajo consigo una excelente cantidad de discos europeos de música clásica con los mejores autores e intérpretes de óperas, operetas, zarzuelas, etc., grabaciones que las ofreció semanalmente con entusiasmo a los “dilettantis” radioyentes. En ese tiempo, repetimos, no estaban aún reglamentadas las actividades de los radioaficionados en nuestros país, ya que después se les prohibió la transmisión de música en sus pruebas y ensayos a través del éter. A este científico guayaquileño le gustaba mucho leer los argumentos de las obras que “perifoneaba” y que las había visto representar por algunas compañías teatrales en Europa, así como también dar a conocer la biografía de sus compositores. Casi en los últimos años de su vida, el Dr. Andrade Arbaiza fue Director Artístico del programa “Selecciones Clásicas y Música de los Grandes Maestros” de la revista radial “Vida Porteña” que condujo con sobrado acierto el recordado caballero Sixto Vélez y Vélez.

Francisco Guillermo Andrade Arbaíza falleció en su ciudad natal el 21 de noviembre de 1957, a la edad de 73 años, de edema agudo pulmonar, y fue asistido por el Dr. Amadeo Moreira Solórzano. Sus restos reposan en la bóveda N° 500 S-C (sin Clasificación), en el Cementerio General de Guayaquil.

Hace algunos años, investigadores como el profesor Hugo Delgado Cepeda llamaron la atención de AER (Núcleo del Guayas y sede nacional) sobre la deuda que tienen los radiodifusores con la memoria digna de respeto del médico e inventor Guayaquileño Dr. Francisco Andrade Arbaiza.

Esta llamada adquiere más vigencia por cuanto en una reciente publicación de la nueva literatura se dedican algunas páginas a la memoria del mencionado galeno, pero se prefieren aspectos nada importantes de su personalidad, acentuando una supuesta afición a la morfina, la mismo libro como preferida por escritores ya fallecidos cuyos nombres se han dado a dos colegios de la ciudad, cuya juventud los tiene como Patronos. El libro, que no enfoca correctamente la singular y ejemplar obra de avanzada del Dr. Francisco Andrade Arbaiza, se lo ha destinado para un Concurso del Libro Leído, lo que no deja de causar extrañeza, pues alumnos de los colegios Pino de Icaza y Adolfo H. Simonds ¿Qué podrán decir de enaltecedor de los escritores que han dado nombre a sus planteles?

Ahora que por todos los medios se trata de enseñar a los jóvenes los buenos ejemplos  que los buenos ejemplos que los alejen de las drogas, el libro único puesto para compatir en el certamen de lectura y resumen, muestra como drogadictos a cuatro valores de la cultura nuestra; dos de ellos fueron profesores del Vicente Rocafuerte, poetas, periodistas y sus nombres llevan dos colegios… Quizás la Dirección de Estudios deba tomar cartas en el asunto y reglamentar ese concurso, al menos para los alumnos de los colegios cuyos Patronos se presentan como morfinómanos. Esos alumnos, ¿estarán eximidos de participar?

Como en el caso del Dr. Francisco Andrade Arbaiza no se presenta su imagen correcta, resumimos su importancia y recordamos que merece un homenaje de las entidades que velan por el progreso y la actividad de la radio.

Nació en Guayaquil en 1884, pues contaba con 73 años al fallecer en 1957. Fue médico especializado en Francia en la entonces revolucionaria electroterapia. También fue precursor de la electrónica al inventar un mecanismo que eliminaba las interferencias que molestaban al escuchar una transmisión radial.

Fue de los primeros radioaficionados con trabajos experimentales (1926) al servicio del arte musical y la cultura en general. En 1926, por vía radial se dirigió al público. Fue en su primera estación experimental de carácter cultural. Entre 1925 y 1927 se introdujeron los primeros receptores de radio en esta ciudad. El Dr. Andrade Arbaiza construyó con sus propias manos una estación de radio. Su nombre fue Radio París y difundió músico clásica. Viajó a Francia y a su retorno perfeccionó sus emisiones. Por su labor como médico, la Municipalidad de Guayaquil le premió con Medalla de Oro y Diploma al alcanzar sobresaliente prestigio en sus investigaciones, ya que el primero en construir un aparato de Electrodiatermia. Fue miembro fundador del núcleo sinfónico  Amigos de la Música, en 1936. Cuando difundía por la radio música culta, explicaba previamente las obras. Al transmitirse muchos años después la revista radial Vida Porteña, se confió al Dr. Andrade el espacio “Selecciones clásicas y música de grandes maestras”. Así educaba el gusto de los oyentes. Cuando fue colegial ganó Diplomas de Honor en los cursos de Filosofía del Dr. Francisco Campos Coello. Por su dominio de la Física creó una especie de electrocardiógrafo.

Con este precursor de la radio en Guayaquil también merecen recuerdo los doctores Herman Parker, Julio Navarro, Carlos Noboa Cooke y Roberto Leví Hoffmann; y los señores José Morla, Honorato Zavala, Ricardo Morán Pereira, Fausto Rodas, Félix Vacas Cherres, Víctor Manuel Janer, Juan S. Behr, John Mark Reed, Carlos Dolcci, Justo P. Campaña. También hay que reconocer que en 1923 se fundó en Guayaquil el primer Radio Club donde se acogieron los pioneros de la radiodifusión porteña.

Carlos A. Andrade C.

“Andrade Arizaga Alberto”

Alberto Andrade y Arízaga fue, de entre los jóvenes de letras de su edad y de su tiempo, quien, desde sus primeras producciones, apareció sin titubeamientos, como un consumador escritor; que no ha hecho escalas, ni ha ido progresando lentamente sea por la experiencia o sea por la cultura. Un escritor sin borradores. Un orto, igual a un cenit. En el periodismo sostuvo triunfalmente diversos seudónimos, siendo más conocido por el de Brummel. Agil, elegante, chispeante, bribón, lograba que su artículo fuese leído en agraz: la víspera, en los almacenes del diario. Alberto Andrade y Arízaga para periodismo, poesía una fuerte cultura universitaria y de bachillerato, reforzada por ávida apetencia de lectura. Su flébil y pálida figura de adolecente conocido desde muy temprano el camino de la biblioteca; y aunque muy niño rozóse ya con la biblioteca; en su misma casa, pues fue su padre el Dr. Alberto María Andrade, respetable catedrático, y hombre de

fama cimentada en ahondados conocimientos de Filosofía católica. Según afirmaban personas entendidas, era un consumado tomista, pues como hombre honorable, había profundizado la materia de su cátedra.

Periodista y morfinómano en Cuenca. Piromanía en una copita de aguardiente purísimo de la hacienda Zhumir, en Paute, de propiedad de los Toral, hacia 1925, se dejaba caer una píldora de éter. Lo que resultaba era bebido de un trago, porque tenía sabor muy fuerte. Producía un estado de alucinación y embeleso, pero después parecía que se partía la cabeza.

“Andrade Coronel Manuel”

Después de asesinar al Arzobispo Checa y Barba, Sabemos ya la suerte del arcediana Andrade que por fin salió para Colombia.

Nació en Latacunga 2 de Marzo de 1832

Presbítero 1857

Cura de Aloag

Cura de San Roque

Canónigo Racionero Catedral de Quito 1867

Canónigo de 2 Instituto Cat Quito 1894

Canónigo de 1 Instituto Cat Quito 1895

Canónigo de Merced Quito 1894

Miembro del Concilio Provincial de Quito 1869

Falleció el 8 de Marzo de 1902

El ciudadano Italiano Antonio Casaretto, quien llamado por el General Veintimilla y en presencia del Ministro General y los Subsecretarios de lo Interior y Hacienda, para que diera razón de una tentativa de envenenamiento hecha por el Canónigo Sr. Manuel Andrade Coronel, contó que “unos días antes que el Sr. Canónigo atacara puñal en mano, en la calle al Sr. Joaquin Pinto, se presentó en casa del exponente dicho Canónigo Andrade Coronel y después de haberle conversado largamente, y muy mal de Pinto, y estando furioso le propuso que, puesto que él tenía el negocio de vender vino por copas, invitara a Pinto a tomar un vaso de vino en el que debía poner unos polvos que él le llevaría, los cuales al menos, le volverían loco para siempre. Que Pinto no podría rechazarle el vaso de vino, puesto que tenía negocios con él. Que el declarante rechazó esta infame propuestas y entonces el canónigo Andrade Coronel arrebatado de cólera sacó un puñal y haciendo  además de clavarlo en la pared, dijo: con esa arma materia al bandido y malvado de Pinto”

El jefe supremo, tomando personalmente iniciativa que no le correspondía sino al Poder Judicial, llamó también al Sr. Alejandro Schybbie a la sala del despacho y en presencia del Ministerio General y del Sub secretario de lo Interior, interrogó al ciudadano alemán así como propietario de una botica había sido preguntado.

Por algunas personas si tenía sustancias venenosas; y si el canónigo Andrade Coronel había sido una de esas personas y si le vendió estrictina. Schybbie  contestó afirmativamente. Igual interrogatorio hizo el general Veintimilla al Sr. Du Clozel, secretario de la legación de Francia, con referencia al veneno llamado Ticuna que el secretario Francés había comprado al Sr. Cousin, marido de la Sra. Saá, dos años antes para mandarlo a analizar en Francia.

El 2 de Abril el jefe supremo hizo comparecer al Sr. Francisco Smith, también ciudadano alemán, quien contestó al interrogatorio que no tenía en su poder ninguna sustancia venenosa; pero que recordaba que el canónigo Andrade Coronel le preguntó por una droga, cuyo nombre no recordaba, hacia cosa de dos meses; y que entonces y indicó al canónigo que fuera a buscar lo que pedía donde el Sr. Scybbie. Véase con qué actividad con que afán trataba Veintimilla de reunir datos para acusar fundamentalmente al Canónigo Andrade, el Colorado.

El Juez Letrado Dr. de la Barrera, decreto al día siguiente que fuesen agregadas al proceso dichas piezas y legalizándose con citación del fiscal y defensor, se pasen al Jugado Eclesiástico ante el cual se seguiría causa, por cuerda separada. Llamé también en a los declarantes ante el General Veintimilla, para que se ratificaran, como lo hicieron, y así dar curso legal a esas declaraciones.

Agregase también al proceso la declaración de Alfredo Torres que igualmente había requerido por el Canónigo Andrade para que le suministrara algún veneno; y que en conversación le había manifestado que detestaba al Arzobispo porque había oído de sus líos, escuchando al salir de ver al Sr. Checa que este dijo: “No me gusta ese hombre”. En la ratificación de Torres ante el Juez Letrado, aclaró que el canónigo le había manifestado que necesitaba el veneno para matar ratones que abundaban en su caa.

Los liberales, de acuerdo con el Gobierno, entablaron juicio criminal contra el juez le trado Dr. de la Barrera por detención arbitraria de los individuos contra quienes habían, según el proceso, fundadas sospechas de participación en el crimen. Como la Corte Superior dictó auto motivado, el Dr. de la Barrera se excusó de seguir actuando como Juez en esta causa (Eso precisamente era lo que quería Veintimilla). En su lugar fue nombrado Juez Letrado de Hacienda del Doctor Luis Quijano.

El Dr. Luis F. Borja, dirigiéndose al Tribunal de Jurados, recomienda “el celo, actividad y energía que, en la pesquisa de este horrendo crimen manifestó el señor doctor Camilo de la Barrera”.

El nuevo Juez Letrado decretó el 30 de Abril la prisión del Prebendado Dr. Manuel Andrade Coronel; orden que fue comunica el Sr. Vicario Capitular.

Comenzó para el desgraciado Canónigo Manuel Andrade cumplir sus 45 años de edad una época de amarguras con las que tuvo que expiar sus antiguos pecados y borrar viejas páginas de su vida.

En una hoja publicadas por los liberales acusaban directamente el canónigo Andrade del envenenamiento. Este publicó una “Respuesta” en la que hace un detallado relato de los ritos y ceremonias del Viernes Santo, para probar la imposibilidad de haber sido él quien puso el veneno en la vinajera. Añadió documentos por los que se declaraba, en el juicio por esclarecer el asunto con el pintor Don Joaquín Pinto que no hubo lugar a proseguir la causa, por no haberse comprobado el cuerpo del delito, y en virtud de un escrito del mismo agraviado Pinto.

El Juez Letrado Luis Quijano  siguió recogiendo datos acusatorios contra el Canónigo Andrade. Hay muchos pliegos en el proceso con oficios y gestión es del Ministro General Don Pedro Carbo relacionado con el comercio de venenos tenido por el Dr. Andrade.

El canónigo Andrade Coronel presentó una serie de testigos de las buenos relaciones que existían entre él y el señor Arzobispo Checa.

Preso y enfermo el Canónigo Andrade reclamo, basándose en el concordato, él fue eclesiástico que el Canónigo Andrade reclamo, basándose en el concordato, el fuero eclesiástico que el correspondía, para que cambiaran el lugar de su prisión y le enviaran algunos de los conventos de religiosos en la Capital. Más el Director de la Policía informó que se le había puesto en la mejor sala de los despachos y que se le prestaba todo género de consideraciones, por lo que Quijano negó la petición de Andrade. Finalmente el canónigo fue librado de la prisión por el juicio de competencia entablado por el vicario Doctor Arsenio Andrade, quien apoyándose en disposiciones del Concordato, el canónigo no podía ser enjuiciado sino por tribunal eclesiástico.

Se cruzaron notas muy agrias y enojosas, terminando por la entrega del reo. Dice un historiador, en vista de los graves sucesos que había acarreado el Concordato en el caso del Canónigo Andrade Coronel, el General Veintimilla declaró roto el concordato, hasta que reunida la Asamblea Nacional resolviera lo conveniente.

Manuel Andrade Coronel, fortalecido  con los sacramentos de la iglesia murió el 8 de Marzo después de propaganda enfermedad que lo ha tenido postrado cosa de cinco años. Nació en Latacunga el 2 de Marzo de 1832, pero desde su tierna edad fue trasladado a Quito, donde hizo todos sus estudios hasta ordenarse sacerdote en 1857 y aún después para graduarse de doctor en Teología. Amante del estudio y de los libros deja un tesoro de muchos miles de ellos. Ha servido de cura de Alóag y de San Roque, y desde 1867 ha ocupado en el Coro metropolitano las sillas de Racionero y Canónigo de Merced.

Sus últimos días han sido de penosa enfermedad que lo redujo al aislamiento, solo interrumpido por las visitas de su prelado y de sus co – hermanos en el sacerdocio; de suma pobreza; y de fervorosa preparación para la muerte. Fue enterrado en el cementerio del Tejar de la Merced. En 1894 Pinto trazó con acuarela el retrato del Canónigo Andrade.

Inculpado por el asesinato del Arzobispo Checa Barba.

“Andrade Faini César”

Los momentos culminantes del 1988 de las artes visuales en Guayaquil serán, sin duda, dos grandes retrospectivas y la inauguración de la pinacoteca de arte contemporáneo del Museo del Banco Central, con el lanzamiento de su catálogo – libro. Si se atiende  a que los cuatro acontecimientos serán obra del Museo del Banco Central, ya se ve que la institución está de parabienes.

La primera de esas retrospectivas, la de César Andrade Faini, se abrió este mes de abril. 240 obras para un recorrido de medio siglo de pintar. Algunas decenas de estaciones fundamentales, como para aventurar un trazado del camino y sus etapas.

El propio artista, en un texto autobiográfico que rezuma sinceridad y da lugar hasta a la cólera y al reclamo contenido por décadas, delimitada su primera jornada y la caracteriza: 1936 – 1944, lo social en una pintura realista.

La estación de partida fue la serie “Miseria Social” una suerte de tesis de grado del joven artista que egresada, con honores, de Bellas Artes, en Quito. La serie mereció comentarios reticentes el más famoso de Benjamín Carrión, vigía mayor en el tiempo y pertenece a la historia como un generoso empeño de mostrar lacras sociales. Pero nadie la ha visto. La retrospectiva se abre por un boceto de esos cuadros: “La mansión de las mentes perdidas”. La rara pieza permite apreciar composición escenográfica y grupo patético. Todo con la seducción muralística a flor de piel. Extiende hasta el 44 esa etapa el pintor. Acaso, atendiendo a la pintura misma formas, cromática, tratamiento de la materia haya que extenderla más. Hasta el final de la década van ese color sombrío, esa materia espesa y las definiciones elementalísimas.

Ello es que en los cincuentas se aprecian decisivas novedades y notables calidades. “La década de los 50 es periodo de transición; de firme y certera transición” he escrito en el texto de catálogo de la retrospectiva. Transición no implica sino tránsito. Y el tránsito hacia una personalísima madurez puede hacerse con pasos de madurez. Es lo que ocurre con esta pintura a la que se la siente guiada por muy certero instinto visual. De 1953 es “Portal” y de 1955 “Festín”. “Portal” testimonia solidez. De las formas y el empaste; de la cromática. Composición, color, trazo, todo rebosa fuerza y lleva la mirada al grupo humano lamentable. Ahora si se halló expresión visual válida para la “miseria social”.

En toda la segunda mitad de la década se halla que una personalísima manera plasma en estupendas obras. Desde “Oasis 2”, tan bien construida y pintada y “Árbol amarillo” (lamentablemente no incluido en la muestra), de tan bello tratamiento cromático, las obras vigorosas y bellas se suceden (¡ y qué bueno tenerlas a la vista todas juntas!) “Gallero” (1956), en que ejes compositivos y cromática adquieren tan penetrante  valor sígnico; “Vendaval” (1957), de qué fuerza, por ritmos y color intenso; “Latex” (1957), de gran poder cromático y rica imaginación, que crea un vigoroso juego de formas; “Paisajes mínimo” (1958), de encaprichado tratamiento de azules, grises, verdes y ocres. No es cosa de querer agotar tan ricas estaciones en un par de cuartillas. Allí está para guiar un recorrido, estación por estación, el texto del catálogo. Baste aquí señalar, a grandes rasgos, los decisivos tramos del camino.

Andrade Faini entra en la década de los sesentas dueño de personalísimo estilo y seguro oficio. Con sentido contemporáneo de la expresión visual: más allá de las soluciones renacentistas de la perspectiva, construye un espacio plástico con juegos de planos. Y encarga al color su valoración visual y dimensión semiótica.

Madura después el último rasgo de su definición estilística: esos planos de color de bordes aristados, que des hacen y re hacen los motivos. Y con ello se entrega a la empresa solitaria en las artes visuales ecuatorianas por no menos de dos décadas de reinventar el paisaje, diciendo, por forma y color, cuanto tiene de desolador, dramático o lírico. ¡Cuánto estupendo, vasto y ambicioso empeño en tan ejemplar empresa! Allí está, en la retrospectiva. Hay que verlo.

“Andrade Coello Alejandro”

Miembro círculo de instrucción libre del Pichincha 1902

Secretario del círculo de Instrucción Libre del Pichincha 1902

Director de la Ilustración Militar 1900 a 1905

Nació en Quito 28 de Diciembre de 1881

Presidente de la Sociedad Cervantes 1905 – 1906

Secretario del Instituto Nacional Mejía 1908

Profesor del Instituto Nacional Mejía 1908

Inspector del Instituto Naciones Mejía 1910

Miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba 1926

Publicó en Quito “La Ilustración Militar”. Periodista y poeta que ha figurado en el Ecuador y en Chile

Profesor de literatura del Instituto Nacional Mejía. De él dijo Carrera Andrade: “Mi maestro fue un escritor digno, fecundo y erudito”

Alejandro Andrade Coello, en su libro “Manuel J. Calle Orientaciones Periodísticas” 1936.

Obras:

1.- El canto de ahora (lo que le corresponde entroncar al pueblo ecuatoriano) prosa variada 1941.

2.- La ley del progreso, 1909

3.- Vargas Vila (Hojeada crítica) 1912

4.- Las Brumas de Antonio C. Toledo, 1913

5.- Algunas ideas acerca de educación .- 2 ediciones 1915

6.- Rodó, 4 ediciones 1917

7.- El Ecuador intelectual 1919 (Córdova, Argentina)

8.- Tres poetas de la música 1921

9.- Juana de Ibarbourou 1921

10.- La Condesa Emilia Pardo Bazán, 1922

11.- Motivos Nacionales, 2 tomos, 1927

12.- Centenarios y Milenarios 1931

13.- Eloy Alfaro, epinicio biográfico 1934

14.- Nociones de Literatura General 1934

Profesor de literatura del Colegio Mejía por muchos años, hizo profesión de periodista y hasta de crítico, pero fue calificado de crítico intenso, por no haber aceptado el modernismo como escuela literaria, combatiéndola por las páginas de periódicos y revistas.

Fue su alumno Jorge Carrera Andrade, quien intentó una tímida defensa suya. Murió a las tres de la mañana del 13 de Noviembre de 1933 después de corta pero dura enfermedad. Fue miembro del círculo de la prensa. Su casa estaba situada en la calle Guayaquil N° 36, de Quito. Se le erigió una capilla ardiente y el entierro salió publicitado y tuvo gran concurrencia. Su viuda la poetisa Maria Esther de Andrade Coello, poetisa y autora de dos poemarios, publicó en 1.34 una “Corona fúnebre en homenaje a la memoria de Alejandro Andrade Coello” donde no se dice nada más que palabrerías, de las que por compromiso, se discursean en los entierros. No pude encontrar un solo dato válido, con excepción de la fecha de su muerte, el dato de su última enfermedad y la dirección del duelo. La Corona es extensa, pues pasa de las cien páginas.

Publicó: crónicas Quiteñas en 1927 en 349

Del Quito antiguo 1935

Educación del hogar. Crónicas familiares 1941

Falleció el 13 de Noviembre 1943

“Andrade Cevallos Maria Esther de”

Si bien su nacimiento tuvo lugar en la ciudad de Quito en la penúltima década del siglo pasado pasado está distinguida poetisa ecuatoriana bien puede ser considerada como Imbabura y Cotacacheña de Corazón; pues gran parte y la mejor de su niñez y juventud transcurrió en los risueños y alegres prados y bosques de las haciendas de sus padres, ubicadas en las sin mediaciones de Cotacachi. Además, sus antepasados son originarios de la antedicha ciudad, ilustre y noble cuna de no pocos egregios ciudadanos. Realizó los estudios tantos primeros como secundarios en la capital. Difícil para el amor, al fin encontró al hombre de sus ensueños y no podía ser sino un personaje en el que se unieran cerebro y con razón en alto grado. Tal fue Alejandro Andrade Coello, distinguido literato ecuatoriano. El la presentó a las diversas entidades culturales de la capital, tales como el círculo de prensa, la sociedad Bolivariana, el Ateneo Ecuatoriano etc., ingresando a las mismas como miembro, pues María Esther era de inmediato admirada y aplaudida en los diferentes centros literarios y artísticos a los cuales concurría. Mas la muerte no permitido que tanta dicha durase mucho tiempo arrancándole a su idolatrado esposo de sus brazos. Dos libros de poemas tiene publicados, “Voces Intimas” el uno, “Haz de versos y plumadas” el otro, en los cuales se transparenta su alma exquisita de mujer de noble y generoso corazón.

“Andrade Bucheli Teodomiro”

Farmacéutico

Licenciado en Farmacia Octubre de 1891

Falleció 3 de diciembre de 1922

“Andrade Carrillo Victor”

Intendente Policía Chimborazo 1925

“Andrade Victor M.”

Jefe de la 5 Zona Militar

Jefe Batallón Marañón 1917

Intendente Gral. De Policía de Guayaquil 1932

“Andrade Fuentefría Miguel”

Consejero Municipal de Guayaquil 1848

“Andrade Fuentefría Mariano”

El 5 de Enero de 1821 al saberse la derrota de Tanizahua, comienzan a llegar a Babahoyo voluntarios de Vinces, Palenque, Puebloviejo y Zapotal, formando columnas al mando del Capitán de milicias Don Mariano Andrade Fuentefría y los hacendados envían remesas de dinero.

“Andrade Pablo Antonio”

Recibió Licencias y facultades ministeriales en 1878. Luego fue nombrado cura de la Villa de Santa Elena en la que sirvió desde el 6 de Diciembre de 1878 hasta el 5 de julio de 1879.

“Andrade M. Octavio”

Doctor en Jurisprudencia  28 de Enero de 1897

Falleció Marzo de 1909

“Andrade Antonio”

Después de cuaspud el 14 de Diciembre 1863

Los dres. Marcos Espinel y Javier Endara, unidos con el sacerdote Zapata, los señores Ramón Cartagena, Rafael Vélez y su hijo, Juan Pío Molineros, Antonio Andrade, Rafael Vinueza y algunos otros, hombres que ya habían sufrido torturas resolviéronse, angustiados por la situación del Ecuador, a conspirar contra García Moreno cuando Mosquera se hallaba todavía en Imbabura; pero sin previo acuerdo con este último, como era propio de hombres dignos, al efecto, se trasladaron en secreto a la aldea de Quinche, y allí firmaron una acta en que proclamaron Jefe Supremo a Urbina. Se hallaban en esta ocupación, cuando fueron, de súbito aprehendidos. El Dr. espinel se presentó el mismo, el tirano mando a conducir a los presos a Quito y los entrego al Poder Judicial. Poco después, en la creencia de que sólo él era adecuado para ejercer todo poder en la República, mando a someterlos a torturas, antes de ningún fallo de los jueces. Al suplicio de la barra de grillos fueron, pues sometidos al antiguo Vicepresidente Espinel y sus compañeros y amigos. Llamó la atención pública este nuevo escándalo.

“Andrade Julio”

En 1912 los miembros del Gabinete y otras personas buscaron refugio en un cuarto que comunicaba con estas oficinas, pero que estaba obstruido por una gran armario al que lo derribaron. Andrade fue el único que trato de afrontar la situación para lo cual tomó un rifle y se dirigió resueltamente hacia la puerta que daba acceso al corredor, y al llegar como a la distancia de un metro recibió un balazo de afuera, que según parece por la fuerza de la explosión movió la puerta y levantó polvo. Cuando el General Andrade se sintió mortalmente herido exclamó: ¡Ay caray! Dio pasos laterales y al decir. “Por qué, pero por Dios”, se desplomó ya cegado por la muerte. Apresados los miembros del Gobierno se trató de exaltar al General Plaza al poder. Pero a ello se opuso la guarnición de Guayaquil, que alegando estar en régimen constitucional,  impuso, que a la falta del Presidente del Senado que lo era Freile Zaldumbide debía ser llamado el Presidente de la cámara de Diputados, Francisco Andrade Marín, y así sucedió.

De este modo terminó el interinazgo de Freile Zaldumbide. La muerte de Andrade quiso explicarse con la caída fortuita del armario: “el armariazo”; pero eso es una ingenuidad que a nadie convence. Parece que la bala fue disparada por un celador de apellido Legarda.

“Andrade Manuel”

En 1865 en Quito el Dr. Manuel Andrade, cura de San Roque, manifestó dolor por el fallecimiento del Gral. Maldonado, su amigo: el cadáver había sido depositado, por manos piadosas, en el templo del Carmen Alto, de donde el Dr. Andrade lo condujo, por las calles extraviadas, al cementerio de San Diego: por tales hechos, fue preso y sentenciado de ir al Brasil, por el Napo, por orden de García Moreno.

“Andrade Rodriguez Roberto”

Diciéndonos en prosa inflamada, que está “Tierra baja”, crecerá, se alzará a cumbre, relampaguera como un Sinaí, arrojará en fin de sí el cardumen de malvados que la cumbren de vilipendio con su avaricia, con sus vicios, con sus crímenes. Montalvo está en usted con toda su excelsitud, con su noble esquivez, con su arrogancia hidalga, con su chic petulante, con todo lo que hacía que don Juan no pudiera alternar si no varones de su temple.

Roberto Andrade, al cual, por venganzas profesionales y odio a una familia fatal para el liberalismo ecuatoriano de los últimos veinte años, dejamos a merced de la hidrofobia conservadora, neciamente, inadvertidamente, en la improvisación del momento y el recuerdo de las injurias provocadas a grande por su pluma de neurótico empedernido, y Roberto Andrade, digo, ha cuándo en indigencia casi supo aprovecharse de sus servicios, de su inteligencia clarísima, hoy exasperada por el despacho, sino en forma de bajezas nunca satisfactoriamente pagadas, habiendo corrompido a ese hombre por medio de la pobreza.

“Andrade Rodriguez Julio”

La cuestionable superioridad intelectual, lujo de educación y valor cívico y militar de aquel, que en cambio careció siempre de la ductilidad, el don de gentes y el buen carácter acomodaticio y sagaz y el profundo conocimiento de las circunstancias aprovechables, que distinguían a su contendor y le hacían tan temible como agente revolucionario, Andrade era un universitario retardado, con toda la literatura de las aulas en la vida y en la política, casi un caballero andante con su arriere pensé, como luego veremos; uno de los representantes genuinos del liberalismo Quiteño, y chico sin mancha de existencia: sabía idiomas; había estado algún tiempo en París, y su apellido era histórico. Andrade, que abrazaba y besaba al género humano, estaba interiormente encerrado en la torre de marfil de su egoísmo. Andrade se hacía más simpático socialmente valía más, carecía de manchas en su vida, y todos le queríamos. Aquel gran muchacho, todo espiritualidad y talento, y gentil y afable con las damas, buen mozo para las chiquillas, que hablaba el francés sin otro defecto que un marcado dejo parisiense, según decían políglotas y entendidos, que trataba de política y literatura, artes y viajes con igual competencia, arrogante para los hombres, parecía saberlo todo en su educación exquisita, y así bailaba como un gerifalte, si es que tales pájaros bailaban, como cantaban romanzas y trozos de ópera en robusta voz de barítono, como jugaba al billar y al ajedrez e improvisaba discursos patrióticos en los mitins que noche solíamos celebrar los desocupados en la plaza de San Francisco.

Nació en Puntal 21 de Octubre de 1866

Prosecretario de la Sociedad Liberal de Quito 1895

Sub secretario del Ministerio de Guerra y Mariana 1895 – 1898

Ministro del Tribunal de Cuentas de Quito 1898 – 1902

Coronel 1900

Diputado por Esmeraldas 1896 – 1897

General de la Republica 19 de Octubre de 1901

Comandante General del Distrito del Azuay 1902

Ministro de Instrucción Pública 1904 – 1903 – 1912

Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia de Bogotá

Enviado extraordinario y ministro Plenipotenciario del Ecuador en Colombia 1904

Caballero de la Legión de Honor 1908

Enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Venezuela 1905

Miembro de la corte permanente de arbitraje 1907

Delegado al Congreso Boliviano en Caracas 1911

Jefe de Estado Mayor General 1912

Falleció 5 de Marzo de 1912

Presidente del Tribunal de Cuentas de Quito 1900

Fue Manuel J. Calle dijo fue el General Andrade, persona de estatura elevada y gallardo continente; miembros bien repartidos y conformados; ni grueso ni enjuto; con un término medio que hacía airosa su figura, semblante, unos veces reposado, y otros veces inquieto, cuando iba de los azares de la guerra o de los intereses del estado. Rostro correcto y expresivo cuando ponía animación en sus ojos castaños. Blanca la tez, fina y suavemente roja, aunque algo marchita por el sol de las campañas, y el relente frío del vivac. Rubicundo el cabello, y ondeado con el del Macedonio conquistador: frente amplia, sin exceso, donde las arrugas no llegaban todavía. En ángulo fácil notablemente desarrollado: cejas pobladas y de fina curvatura. Nariz eslava, boca bien dibujada, bigote del mismo color del cabello y elegantemente arreglado, pues que Marte, no es cerril, como dijo Montalvo; barba rematada en punta y ligeramente ondeada. El cuello, en perfecta correspondencia con la erguida cabeza y el busto. El conjunto de estas facciones daban a su fisonomía un aire de noble gentileza, y sus ágiles movimientos, a su cuerpo, un aspecto de atleta romano, o de discóbolo ateniense, en el flexible ejercicio de sus vigorosos músculos. Y este eximio varón, de tanta fortaleza de ánimo, de nervios tan bien templados como las guimías agarenas que dio Guadix; cuando su mente no estaba perturbada por los negocios de estado o la estrategia; dejaba asomar a sus ojos el fondo un tanto melancólico de su alma, a la vez apasionada y sentimental.

Los hombres que integraban el gabinete placista, por otra parte, estaban rodeados de prestigio y adornados de atributos cívicos. Gonzalo Córdova cerebro de la administración. Gral. Julio Andrade, ante fervoroso franquista.

El General Julio Andrade fue designado Comandante de Armas de la Plaza de Cuenca, luego de su ascenso a General decretado por el Congreso de 1901 del día 20 de Octubre. Muy gratos e inolvidables recuerdos dejó en la historia del Azuay la presencia del general Julio Andrade y de su familia, especialmente entre la sociedad Cuencana que le abrió sus puertas de la manera más cordial y sincera. A comienzos de 1903 el General Andrade retornó a Quito, como Ministro de Instrucción Pública de Plaza.

“Andrade Rodriguez Roberto”

Nació 1852

Diputado por Manabí – 1896 – 1897

Diputado por Bolívar – 1900 – 1901

Ministro Tribunal de Cuentas Guayaquil 1901

Presidente Tribunal Cuentas Guayaquil 1901

Diputado por Imbabura 1906 – 1907

Senador por Carchi 1908 – 1909 – 1910 – 1911

Miembro Academia Lit del Salvador 1905

Rector Colegio Olmedo 1898 – 1899 – 1906

Cónsul de Antofagasta 1906

Miembro correspondiente centro de investigaciones históricas Guayaquil 1934

Profesor Colegio Vicente Rocafuerte 1934

Miembro correspondiente academia nacional cuba 1929

Nació en Puntal, hoy Bolívar el 26 de Octubre de 1850 y murió en Guayaquil el 31 de Octubre de 1938. Polemista polígrafo, principales obras: “Seis de Agosto” Portoviejo, 1896, “Pancho Villamar”, Guayaquil, 1900, “Caín”, Guayaquil y Quito, 1903; “Tulcán y Cuaspud”, Quito 1907; “Campaña de veinte días”, Quito 1908. Sangre ¿Quién la derramó?, Quito 1912, “Montalvo y García Moreno”, Guayaquil, 1925; “La mujer y la guerra”, Quito 1926, “Antonio José de Sucre”, la Habana 1930, “Historia del Ecuador”, 7 tomos, Guayaquil, sin fecha.

El 6 de Marzo de 1886, Eloy Alfaro, después de permanecer más de un año en Centro América, desembarcó en el Puerto del Callao, donde, a la sazón, lo esperaban un núcleo, Martinez Aguirre, Francisco Hipólito Moncayo, Jacinto Nevares, Roberto Andrade Rodríguez, estaban allí, en primera línea.

“Dos Polos” poema dedicado a su padre, desde Lima, Nov. De 1887 en 12 pag.

Deseoso de que la posteridad de su fallo imparcial fundamentándolo en un relato veraz y minucioso de los hecho Don Roberto Andrade, escribió el año de 1891 mientras guardaba prisión en una cárcel de Lima por su heroica participación en el tiranicidio consumado el año de 1875, un libro de 415 páginas titulado “El seis de Agosto, o sea, muerte de Garcia Moreno”.

En Panamá se imprimió en Octubre de 1874 un opúsculo escrito por el ya entonces egregio Montalvo: El Quito comenzó a circular en Mayo de 1875, y tal era la curiosidad del pueblo que se lo arrebataban en secreto y lo copiaban. Cayó en mis manos la DICTADURA PERPETUA, y leíla en presencia de dos amigos de confianza, los jóvenes Manuel Cornejo Astorga y Florentino Uribe, a puerta cerrada a la luz de una bujía, con el más grande disimulo para que nadie no oyera. Horas antes la había leído a los señores padres de Uribe; y el padre, médico de muchos crédito, notable por su veracidad, franqueza, había disertado largamente acerca del deber de conspirar.

Roberto Andrade estudiante universitario de 20 años de edad, próximo a doctorarse en 1875.

Al amanecer del 7 de Agosto, Roberto Andrade y Abelardo Moncayo hallaron asilo en la casa de una bondadosa familia Villacreses, que los ocultó en un desván. Desde ese escondite supieron el fusilamiento de Gregorio Campuzano que ninguna participación había tenido en el hecho, y oyeron los disparos del fusilamiento de Cornejo. Ambos sollazaron por dos horas en una quietud y silencio sepulcrales, hasta que Moncayo exclamó “¡Infames!”… No puede haber patria grande.

Cuando así son tratados los más grandes patriotas…. Roberto Andrade fugó a Colombia y fue a refugiarse en los brazos de Montalvo. Jóvenes idealistas, reencarnaciones de mancebos legendarios de Grecia o Roma antiguas, fueron saludados por pocos y entre ellos por Montalvo, en primer término como salvadores que fueron del honor patrio y por los más acosados como vulgares y abominables criminales. Hasta hubo liberales que los tildaron de cobardes y asesinos.

Camino al destierro, Andrade poeta de veinte años escribió una sentida despedida el 25 de Septiembre, en que decía:

Este suelo, señor, también es mío… Porque le amo me expulsan y me afrentan.

¡Oh! Si exterminar déspotas no es gloria, maldigo al hombre y su furor provocó!

…¿Y a dónde voy? ¡Oh Dios de los humanos mira como me arrojan! Esparcidos

Andan aquí y allí dando rugidos:

No son fieras, señor, son mis hermanos…

¡Caiga tu rayo, Dios de las alturas si a un pueblo al liberar pequé de impío!

….De la muerte no huyó, ¡no! Ya visteis que esta fuerte

Dice Alfaro, de la campaña de Esmeraldas con las fuerzas mencionadas emprendí la marcha. Llagamos a Rioverde el 14 de Julio de 1882, en donde encontré varios tripulantes del vapor Esmeraldas con su capitán, tomados prisioneros por nuestra avanzada. Una fuerte fiebre que nos atacó al señor Valverde y a mí nos hizo perder muchos días en Rioverde. Allí se nos presentaron también algunos voluntarios. El 23 de incorporó el señor Roberto Andrade que había salido de Imbabura con tal propósito; y en el acto como un homenaje tributado a sus heroicos méritos, le nombré Jefe de Estado Mayor con el Grado de Comandante.

Diestra venció le en su infernal dominio… Relumbrará la gloria: ¡Decreto el siervo vil vuestro exterminio! No al porvenir se extiende su dominio. Ya nuestros hombres arden en la historia, los que mi dicha  juvenil corrompen sepan que ufano y sin rencor me alejo, Montes que disteis vida a tantos bravos. Yo, a quien negáis hospitalario abrigo, yo vencedor de un déspota os bendigo, nunca desde hoy engendrareis esclavos.

Andrade quiso unirse a Montalvo “en Colombia para ver si era posible una conflagración en Imbabura”. Pudo viajar ocultándose bajo varios disfraces, y gracias a una carta que Montalvo hizo circular dando una pista falsa del proscrito, éste llegó a salvo. Acogido en Cumbal por un excelente Colombia, fue conducido hasta su Maestro que se había refugiado de años atrás en Ipiales. Entre refiere Montalvo se adelantó a prisa, miróme la cara un buen espacio y me estrechó en sus brazos con ahínco. Se le humedecieron los ojos, y yo estaba medio sofocado de emoción y me devoraban las llamas de amor patrio…Montalvo dominaba  la escena con su continente regio y reposado, su balanceo suave en la butaca y su mirada inmensa y soñadora. Siempre he sido admirador de los hombres ilustres, y Montalvo era el primero que iba a entablar un diálogo conmigo.

Estoy admirado de que ustedes sean Ecuatorianos fue su primera frase, y me miró. Estaba muy infamado ese pueblo, pero ustedes le han lavado de su infamia. No lo hubiéramos hecho sin usted le contesté. En Ipiales hube de permanecer oculto, porque Montalvo temía que fuera yo asesinado. Andrade recorrió las cárceles de tres repúblicas hasta el advenimiento del Liberalismo.

Posteriormente a instigaciones del Gobierno Ecuatoriano de Veintimilla, las autoridades de Colombia tuvieron a Andrade preso en las cárceles de Pasto con peligro inminente de asesinarlo, hasta cuando la Corte Suprema de Bogotá falló en su favor. Viajó al Perú, y por intrigas del general Salazar y de su hijo, se le intimó prisión de orden del propio Presidente de esa República.

Mi peligro de fusilamiento era inminente refiere y temblé a la consideración de que iba a morir sin vindicar a mis amigos. Este fue el motivo porque compuse este libro en la prisión salí de ella el 21 de Septiembre de 1891.

En 1894 viajaba a Panamá para regresar a la frontera del norte, donde podría ver a mi esposa y a mis hijos…y caí preso en Guayaquil…Allí me pusieron grillos y me remitieron al panóptico de Quito. Como asesino fue juzgado ni crimen ni delito he cometido en mi vida dije en mi declaración indagatoria: García Moreno murió en conspiración patriota. Quien me defendió fue un jurisconsulto eminente, el Dr. Don Luis Felipe Borja, hijo del ilustre mártir Juan Borja…Mi prisión duró once meses…Durante ella murió mi padre…Bienaventurados los hombres que han padecido persecución por la justicia…Aún estaría yo en el Panóptico, si de repente no hubiera retumbado Gatazo.

Más el advenimiento del Liberalismo no fue de la justicia para Roberto Andrade: Su vida fue todavía una senda de sufrimientos porque hasta el día de su plácida muerte en Octubre de 1938 en Guayaquil, la ingratitud se cebó en él, regalando al olvido o la indiferencia la heroicidad de su acción sublime y la perseverancia en su patriotismo ejemplar. Altivo, digno y sereno, luchó hasta el último instante de su vida dejándonos la preciosa herencia de varias obras de imponderables valor histórico.

Es un joven apasionado de los estudios, lector de tragedias, amigo de la historia, exaltado entusiasta hasta el delirio. Era el más locuaz y alegre de nuestras reuniones: hablaba de liberar a su patria: repetía de memoria los trozos de las historia relativas a Bruto; leía en voz alta las páginas que le habían iluminado e infundido valor, y siempre acababa con una risa ingenua y amable. Sus profesores y condiscípulos son testigos de que el resultado de sus exámenes correspondió siempre a su constancia y laboriosidad.

En los bancos del colegio Jesuítico Andrade devoraba a hurtadillas los escritos de Montalvo, su alma juvenil de la tiranía. Esas lecturas despertaron en él la vocación para el patrimonio heroico, como en otros alumnos otras lecturas despiertan la vocación para una profesión cualquiera, las leyes, la medicina.

Y Roberto Andrade fue fiel, religiosamente fiel a su vocación excelsa de abnegación y de entrega al bien de la Patria, hasta el último instante de su azarosa vida.

Otra airada protesta publicó del Dr. Flores en Biarritz, en Junio de 1906 contra la perpetración de ese nuevo crimen ”Las lecciones de Historia del Ecuador para los niños” por el que cometió antes del asesinato y que se ha jactado de él en documentos públicos hasta doce años después.

Impulsó al Dr. Antonio Flores a escribir esta energía Protesta, por las “Lecciones de Historia del Ecuador”, declaradas textos de enseñanza. El autor Roberto Andrade había publicado en la Revista Masónica de Lima, en Febrero de 1887, un artículo en el que decía: “Yo contribuí a derribar a Gabriel García Moreno y le di un balazo en la frente”. Con mucha razón el Dr. Flores protestó “contra la inmoralidad de imponer como texto de enseñanza un libelo informatorio”.

En realidad, la obra de Andrade, que fue declarada texto de enseñanza, es una síntesis crónica de acontecimientos ocurridos en el Ecuador.

“Andrade Subía Camilo Octavio”

Nació en Jipijapa. Hizo sus estudios en su tierra natal y en Guayaquil en el colegio San Vicente del Guayas. Más tarde pasó a la Junta Universitaria del Guayas, matriculándose en la Facultad de Jurisprudencia, donde siguió los cursos hasta graduarse de Doctor en 1895. Después se incorporó al Cuerpo de Abogados de la República en la Corte Superior de Justicia de Guayaquil, iniciándose en el ejercicio de su profesión. Ocupó diversos cargos públicos, entre ellos el de Secretario Privado del General don Eloy Alfaro, ex Presidente de la República, Gobernador de la Provincia de León de Cotopaxi, Teniente Coronel del Ejército, Diputado a la Convención por la Provincia de Manabí, Ministro del Tribunal de Cuentas de Guayaquil y Presidente del Consejo Cantonal de la misma ciudad, Diputado al Congreso Nacional por el Guayas, primer Secretario de la Legación del Ecuador en España. Formó parte de la redacción de los diarios “El Tiempo” y “El Grito del Pueblo”, que se editaban en Guayaquil y colaboró en varios diarios y revistas del país.

Fue director de la Biblioteca Municipal de Guayaquil en los años 1900 – 1901. Fue fundador de la Sociedad Ecuatoriana de Derecho Internacional y Miembro de Honor de la Sociedad Académica Internacional de París. En el año 1884 la sociedad de Filantrópica del Guayas, le otorgó Medalla de Oro por sus sobresalientes estudios. La Municipalidad de Jipijapa le discernió una Medalla de Oro por sus importantes servicios presentados. Recibió condecoración de España, de Panamá y de su Patria, por sus patrióticos méritos cívicos y humanitarios.

Licenciado en Jurisprudencia

Doctor en Jurisprudencia 26 de Enero de 1895 Abogado

Diputado por Manabí 1896 – 1897

Secretario Consejo de Guayaquil 1896

Consejero de Guayaquil 1896 – 1900

Gobernador de León 1896

Teniente Coronel 1897

Secretario Corte Superior Guayaquil 1895

Subsecretario Ministro de lo Interior 1895

Profesor Universidad de Guayaquil 1917 – 1918 – 1921 – 1923 – 1924

Decano Facultad de Jurisprudencia Gyl – 1921 – 1923

Miembro Honorable Sociedad Italiana 1906

Vice rector Universidad Guayaquil 1923 – 1924

Ministro Instrucción Pública 1924 – 1925

Presidente Corte Superior Guayaquil 1905 – 1911

Ministro Corte Superior Guayaquil 1905 – 1911 – 1924 – 1928

Ministro Corte Suprema 1929 – 1930 – 1931 – 1932 – 1933 – 1934

Presidente Corte Suprema 1939 – 1934

Sub secretario Ministro Inst. Pública 1895

Presidente Consejo de Estado 1939

Ministro de Defensa 1938

Ministro de Relaciones Exteriores 1925

“Andrade Subía Camilo”

Director de Biblioteca Municipal de Guayaquil 1899 – 1900

Ministro de Hacienda de Manabí y Esmeraldas 1883

Falleció 2 de Mayo de 1921

Delgado, alto, blanco, bromista, vivía al final con su hijo el Dr. Camilo Octavio Andrade López en su casa de Eloy Alfaro y Maldonado que en los años 30 fue vendida a Descalzi.

Alfaro en 1883, también nombré al Dr. Camilo Andrade, Ministro de Hacienda Interino, por continuar ausente el principal don Federico Proaño.

“Andrade Vargas Miguel”

BANCO DE LA UNIÓN

25 de Octubre de 1880

El Banco de la Unión se había constituido por escritura pública del 25 de Octubre de 1880, el Capital de 300.000 pesos estaba dividido en 20 acciones mayores de 10.000 pesos y 200 acciones menores de 500 pesos. Las acciones mayores fueron suscritas en la siguiente forma: Manuel Palacios y Victor Gangotena (representado por José F. Zarama), 2 cada uno; Pacífico Chiriboga, Pedro M. Astorquiza, José E. Zarama, José Antonio Villota (Representado por Manuel Villota), Miguel Arroyo, M. Andrade Vargas, Francisco de P. Urrutia, José Antonio Correa, Alejandro Schibbye, Manuel Fierro, Roberto Espinosa, Juan María Caicedo y Woodhouse & Kusell, 1 cada uno.

Miembro de la Sociedad Unión Ibero Americana – 1886

Gerentes en Quito: Miguel Andrade Vargas y Manuel Palacios

El Banco de la Unión se había constituido por escritura pública del 25 de Octubre de 1880. El capital de 300.000 pesos estaba dividido en 20 acciones mayores de 10.000 pesos y 200 acciones menores de 500 pesos. Las acciones mayores fueron suscritas en la siguiente forma: Manuel Palacios, 3; Isabel Palacios y Victor Gangotena (representado por José F. Zarama), 2 cada uno, Pacífico Chiriboga, Pedro M. Astorquiza, José F. Zarama, José Antonio Villota (representado por Manuel Villota), Miguel Arroyo, M. Andrade Vargas, Francisco de P. Urrutia, José Antonio Correa, Alejandro Schibbye, Manuel Fierro, Roberto Espinosa, Juan María Caicedo y Woodhouse & Küsell, 1 cada uno.

“Andrade S. Alberto”

Secretario Colegio Benigno Malo 1912

Intendente de Policía de Cañar 1934

Lcdo. Jurisprudencia

Doctor en Jurisprudencia 14 de Julio de 1916

“Andrade Alberto M.”

Profesor Colegio San Luis de Cuenca 1898 – 1899 – 1900 – 1901 – 1912

Profesor colegio Benigno malo 1912 – 1913 – 1914

Doctor en Jurisprudencia 25 de Octubre de 1897

Falleció 22 de Mayo de 1923

“Andrade Arízaga Alberto”

Doctor en Ciencias Sociales el 30 de Agosto de 1944

“Andrade L. Alejandro”

Jefe del Batallón constitución 1913

Jefe sección policía Pichincha 1902

Tercer Jefe Brigada de Art. Sucre 1903

“Andrade Ch. Alejandro”

Comisario Nacional Cuenca – 1903

Falleció en Diciembre de 1905

“Andrade J. Alfredo”

Colector fiscal de Santa Elena – 1895 – 1896

Falleció 1921

“Andrade Rada Luis”

Hijo legítimo de Luis Andrade Zarate y de Josfa Rada y Alvarado. Fue Vicario de Riobamba y según se me ha informado en Cuenca, pasó a formar familia y fue bisabuelo de Roberto Andrade Rodríguez, el historiador, pues el hijo del cura se fue a instalar en el Carchi.

“Andrade José Julián”

Encargado del Poder.- 1920 Octubre 5 – 15 Sr. Dr. José Julián Andrade, último Presidente del Senado.

Encargado del Poder.- 1920 Noviembre 29 Diciembre 17 Sr. Dr. José Julian Andrade, último Presidente del Senado.

Encargado del Poder.- 1921 Enero 24 Febrero 28 Sr. Dr. José Julián Andrade, último Presidente del Senado

Encargado del Poder.- 1921 Mayo 21 – 24 Sr. Dr. José Julian Andrade, último Presidente del Senado

Encargado del Poder.- 1921 Octubre 30 Noviembre 12 Sr. Don José Julián Andrade, último Presidente del Senado.

Encargado del Poder.- 1922 Noviembre 13 – 1 Agosto Sr. Dr. José Julián Andrade, último Presidente del Senado

Encargado del Poder.- 1922 Noviembre 12 – 14  Sr. Dr. José Julián Andrade último Presidente del Senado

Encargado del Poder.- 1923 Febrero 13 – 14 Sr. Dr. José Julián Andrade, último Presidente del Senado

“Andrade La Reina Ambrosio”

Presbítero

Cura de Huancarqui

Falleció 3 de Julio de 1899

“Andrade Ambrosio”

Jefe Civil y Militar Cañar 1912

Presidente Consejo Cañar 1908

Lcdo. Jurisprudencia

Doctor en Jurisprudencia el 3 de Octubre de 1906

“Andrade Larriva Antonio”

Presbítero

Cura de Pallatanga

Cura  de Quimiac – 1893

“Andrade Aparicio”

Nació en Imbabura 1877

Sacerdote Salesiano

Falleció Marzo de 1904

“Andrade Arsenio”

Preso y enfermo el Canónigo reclamo, basándose en el Concordato, el fuero eclesiástico que le correspondía, para que cambiaran el lugar de su prisión y le enviaran a alguno de los conventos de religiosos en la capital. Más el director de la policía informó que se le había puesto en la mejor sala de los despacho y que se le prestaba todo género de consideraciones; por lo que Quijano negó la petición de Andrade. Finalmente, el Canónigo fue librado de la prisión por el juicio de competencia entablado por el Vicario Doctor Arsenio Andrade, quien apoyándose en disposiciones del concordato, el canónigo no podía ser enjuiciado sino por el tribunal eclesiástico.

Se cruzaron notas muy agrias y enojosas, terminando por la entrega del reo. Dice un historiador. En vista de los graves sucesos que había acarreado el concordato en el caso del Canónigo Andrade Coronel, General Veintimilla declaró roto concordato, hasta que reunida la Asamblea Nacional resolviera lo conveniente.

Nació en Uyumbicho 8 de Septiembre de 1825

Licenciado en Derecho el 6 de Julio de 1849

Abogado 11 de Febrero de 1853

Presbítero 21 de Enero de 1855

Bachiller en Filosofía el 13 de Septiembre de 1843

Vicario General de Imbabura Marzo de 1866

Administrador Apostólico de Ibarra

Del Cabildo de Ibarra 1867

Canónigo Doctoral de la Catedral de Quito 1869

Vicario General de la Arquidiócesis 1866 – 1870

Vicario Capitular de la Arquidiócesis – Marzo de 1877

Miembro del Concilio Provincial de Quito 1869 – 1883 – 1885

Diputado por Pichincha 1884

Capella del Carmen Moderno

Cura del Sagrario de Quito

Cura de San Blas – Quito

Prosecretario Obispo de Riobamba 13 de Noviembre de 1884

Consagrado Obispo de Riobamba 25 de Enero 1885

Falleció el 14 de Octubre de 1905

Toma posesión Obispado 5 de Mayo de 1885

El Ilmo. más tarde Obispo de Riobamba

“Andrade M. Aurelio”

Nació Milagro 24 de Julio de 1898

Licenciado en Medicina – Médico 30 de Junio de 1937

Gr. 6 – 30 1927

“Andrade Aurelio”

Jefe Político de Yaguachi – 1932

“Andrade Belisario”

Jefe político de Chimbo 1909

Presidente del Concejo de Cuenca 1905

Nació en Cuenca 1850

Falleció 15 de Junio de 1912

“Andrade Benigno”

Presidente del Club de botes Colón 1895

Miembro club internacional 1896

Ayudante Compañía Comercio 1902

Presidente Club Independiente 1902 – 1903

Comandante Comp. Comercio 1900 – 1899

“Andrade Flores Benigno”

Jefe de la Zona Gyl.

Ministro de Guerra y Marina – 1935

Coronel Noviembre de 1927

Jefe de la Segunda Zona – 1934

“Andrade Heymann Juan”

Nace en Quito el 18 de Diciembre de 1945. Tiene estudios secundarios terminados. De 1960 a 1962 colaboró regularmente con el suplemento Literario del Diario, haciendo reseñas de libros. A fines de 1961 la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito, publicó una colección de CUENTOS EXTRAÑOS. En 1962 viajó a Baltimore y New York. Al año siguiente hizo un viaje de “reconocimientos” por Europa, visitando principalmente España e Italia. Fruto de estos viajes confiesa él es un libro de versos: Coros, Quito, 1964.

“Andrade Benigno”

Presidente de la Corte Superior del Azuay 1902 – 1897 – 1899 – 1896 – 1898

Ministro de la Corte Superior del Azuay

Doctor en Jurisprudencia

Licenciado en Jurisprudencia

Abogado

Presidente Consejo Cuenca 1905

Comandante Comp. Intrépida – 1927

“Anaya Alonso Manuel de”

Gobernador de Quito – 6 de Marzo de 1564

“Ancizar Manuel”

Nueva Granada mandó en 1850 a don Manuel Ancízar, honra y prez de su patria, como Ministro de ella en Quito, y él contribuyó al establecimiento de un partido, fundado ya por espejo y Moncayo con su pluma, por Mejía con sus oraciones, por los hombres del 10 de Agosto con su sangre, por Rocafuerte con sus hechos; el contribuyó, decimos, con la propagación constante y acuciosa de las doctrinas civilizadoras del orbe.

“Anda Juan Francisco”

Fondeado en el Río su casco fue agujereándose por efecto del tiempo, y parchado con cemento. Una triste noche de 1928 se desprendió un pedazo de concreto y el agua comenzó a entrar a raudales. El Director General de la Armada, capitán Juan Francisco Anda, asumió personalmente la dirección de las labores de salvamento y dispuso que los remolcadores que acudieron en auxilio de la averiada nave la condujeran al bajo localizado en la confluencias de los ríos Babahoyo y Daule.

“Anda Maldonado Domingo”

Fundador de la nueva de Ambato, en el asiento de los indios Quisapincha, después del terremoto del Jueves 20 de Junio de 1698.

“Anda Pedro de”

El 9 de Diciembre de 1742 se produce una nueva erupción del Cotopaxi el 20 del mismo mes se dirigía el corregidor de Latacunga, Pedro de Anda, a su gobernados pidiéndoles eligiesen a la Beatísima Virgen María, Patrona del Cotopaxi. Al siguiente día todo el pueblo festejaba la elección.

“Anda V. Eudoro”

Teniente Coronel Ingeniero 9 de Junio de 1910, Profesor Universidad de Quito 1890 – 1894 – 1902

Decano de la Facultad de Ciencias – Quito – 1902

“Anda Joaquín”

Canónigo de Merced – Cat de Quito

Doctor en Teología Universidad de Santo Tomas

Rector de la Universidad de Quito – 1799

“Anda Bautista Juan”

Tesorero Municipal de Ambato 1898

“Anda Juan Francisco”

Sub director de la Escuela Naval – 1913

Capitán del Puerto de Guayaquil – 1926 – 1927 – 1923

Director General de la Armada – 1929 – 1928

Ministro de Guerra 1 Marina – 1933

“Anda Luis”

Abogado 1829

“Anda Luis W.”

Profesor del Colegio Bolívar de Ambato – 1898 – 1890 – 1900 – 1899

Falleció el 20 de Mayo de 1923

“Andagoya”

Hizo la expedición de la provincia de Esmeralda, entrando por la costa, y pobló en la bahía de San Mateo.

“Andrade Arbaiza Francisco”

En 1922 se inició la radioafición en Guayaquil y por primera vez en todo el Ecuador, fundándose de manera formal, el 9 de Mayo de 1923, el Guayaquil Radio Club, que ocupó después un pequeño local en el histórico Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, en la esquina de Clemente Ballén y Chile, planta baja, entidad que agrupó a los pioneros de la radioafición de nuestra ciudad.

Los iniciadores de este primer Radio club en nuestro país el tercero en América Latina después de Argentina y Chile y el octavo en el mundo fueron: Arturo González, Leoncio Marín L., Carlos Enrique Bourne A., Gilbero Mancero, Guillermo Dario Maldonado, entre otros.

Todo esto parece indicar, por los datos que hemos conseguido, que la historia de la Radiotelefonía Guayaquileña comenzó con las modestas experimentaciones de un pequeñísimo grupo de radioaficionados, contados como los dedos de la mano. Citaremos, por ejemplo, al Dr. Francisco Andrade Arbaiza, médico especializado en electroterapia; Dr. Carlos Noboa Cooke, dentista graduado en los Estados Unidos; pepe Morla, que vivía frente al Teatro Edén (9 de Octubre y Chile); Dr. Herman Parker, cirujano estadounidense; Vícto Manuel Janer, comerciante español; Dr. Roberto Leví Hoffman, químico alemán; Honorato Zavala; Dr. Julio Navarro; dentista; Ricardo Morán Pereira; radiotelegrafista, Mr. John Mark Reed, Geo Chambers Vivero, Carlos Dolcci, empleado de la Empresa Eléctrica; Justo P. Campaña, Félix Vacas Cherres, Fausto Rodas, estos tres últimos sobrevivientes, y algunos otros más cuyos nombres se nos escapan.

Los ensayos de este reducido grupo al principio de experimentadores guayaquileños y extranjeros fueron realizados de su propio peculio, con su propio esfuerzo, sin ayuda oficial, como correspondía a su condición de aficionados o radiofans. El gobierno ecuatoriano todavía no había reglamentado estas actividades en los primeros momentos.

MAS ANTECEDENTES

Decíamos que en 1922 habían principiado en Guayaquil los ensayos de los radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radiotelegrafistas de la época, sino también unos pocos jóvenes entusiastas de nuestra ciudad. Es que por esos años el puerto comercial de Guayaquil no podía ser una excepción en la radio, la gran novelería del mundo a comienzos del presente siglo.

La radio dejó así de ser “un simple juguete electromecánico”, como hasta entonces , en los famosos tiempos de los aparatos de “galena” (piedra de sulfuro de plomo, al natural), que eran receptores rudimentarios construidos en unas cajas vacías de cigarros, con sus torturadores auriculares o audífonos y los infaltables ruidos atmosféricos o estáticas. Pasó a constituirse después en parte de nuestra vida y pieza cotidiana fundamental de la sociedad mundial, en algo sin lo cual en nuestros días ya no seríamos capaces de vivir.

Los “radioaficionados”, por lo tanto, fueron los verdaderos precursores de la investigación en el campo de las comunicaciones inalámbricas, especialmente en la onda corta, y, lógicamente, ellos surgieron mucho tiempo antes que la Radio Comercial se estableciera en Guayaquil desde 1930.

PRIMEROS RADIORRECEPTORES

Según nuestras propias investigaciones, los primeros aparatos receptores de radio se introdujeron a Guayaquil por los años de 1925 a 1927. Contaba el Sr. Jorge Phillippe M., exgerente de los almacenes Reed Reed, de Quito, gran propulsor del folclor nacional y persona que estuvo vinculada con la radio ecuatoriana, el siguiente curioso episodio: “Cuando llegué del exterior a Guayaquil, el 5 de Julio de 1927, la declaración que había preparado para la Aduana, decía efectos personales y un radio. Los empleados que me atendieron tímidamente me preguntaron qué era eso de radio. Les expliqué que se trataba de una especie de teléfono sin alambres y de una sola vía, algo así como un fonógrafo sin discos en que se podía oir, hablar y escuchar música con solo prenderlo. Sonrieron discretamente cambiándose miradas de duda y de burla. ¡Creyeron que estaba loco!”

EL RADIOAFICIONADO DR. ANDRADE ARBAIZA

El primer transmisor experimental de radioaficionado en Guayaquil que “Perifoneó” palabra que se usaba entonces breves audiciones de música selecta, con discos, cuando todavía no estaban reglamentadas estas actividades en nuestros país (eso ocurrió después, en 1928, presidencia del Dr. Ayora), fue el Dr. Francisco Guillermo Andrade Arbaíza, según nuestras propias investigaciones.

Es justo pues recordar a los Guayaquileños, que el Dr. Pancho Andrade, nacido en 1884, a pesar del escaso tiempo de que disponía por sus labores de médico especializado en electroterapia, fue también uno de los primeros radioaficionados experimentadores de la “telefonía sin hilos”. El mismo construyó y armó en Guayaquil, allá por el año 1926, antes de viajar a la ciudad luz en 1928, una estación experimental de radioaficionado, de onda corta, que la llamó  Radio París, por su gran simpatía por esta capital europea, la que se encontraba en la casa del Sr. Luis Vernaza, la cuarta al subir por la calle Numa Pompilio Llona, a las márgenes del río Guayas, en el Barrio Las Peñas.

No solamente a él se debió la instalación de este modestísimo equipo, sino que dio su valioso aporte científico al desarrollo de lo que hoy conocemos como electrónica. En vista de que en aquella época había mucha “estática”, se oían ruidos de motores de autos y una serie de interferencias en las transmisiones, producidas por todo tipo de instalaciones eléctricas, timbres, enchufes, etc. El Dr. Andrade inventó un aparato para eliminar estas molestias  y poder así escuchar una audición radial con más claridad. Por su transmisor experimental envió frecuentes mensajes al exterior por cuyo motivo iban a visitarlo muchos amigos y aficionados. Otro de sus inventos que recuerdan quienes lo conocieron, fue, por su aplicación práctica aunque nunca lo patentó como algunos anteriores, el de un mecanismo especial para cambiar la aguja de las llamadas “victrolas” de entonces, lo que constituyó una cuestión revolucionaria en su época.

Panchito Andrade, como cariñosamente lo llamaban sus allegados, siempre se distinguió por su talento desde las bancas escolares, así como después por sus conocimientos científicos y artísticos. En el antiguo Colegio “San Vicente del Guayas”  (Hoy Vicente Rocafuerte), en 1900, ganó Diplomas de Honor en los cursos dictados por el Dr. Francisco, Campos Coello. Fue después miembro de honor de la comisión radiotécnica para organizar el servicio de Radio en Guayaquil, designado por el Intendente General de Policía como se acostumbrada en aquellos días, comandante Enrique Salgado, miembro Fundador de la Orquesta Sinfónica “Amigos de la Música”, en 1936. El 9 de Octubre de 1939, el Municipio porteño le concedió Diploma de Honor y Medalla de Oro en premio a su labor de investigación científica por la construcción, por primera vez en el país, de un aparato de electrodiatermia. Las constancias de estas distinciones las tuvimos en nuestras manos, y de allí entresacamos los datos que hemos transcrito, cuando nos fueron mostradas por su hermana María, a la muerte del Dr. Andrade, en la habitación que ella tenía en el asilo “Vicente Sotomayor y Luna”, en las calles José de Antepara N° 800 y 9 de Octubre, planta baja, edificio de madera que ya no existe.

Del Dr. Pancho Andrade y su afición a las cuestiones eléctricas se cuentan una serie de anécdotas que serían muy largas de mencionar. A su regreso de París, a donde dijimos que viajó en 1928, acompañando a un familiar como médico, este adelantado en la Historia de la Radio Guayaquileña, siempre preocupado por la cultura y el arte, trajo consigo una excelente cantidad de discos europeos de música clásica con los mejores autores e intérpretes de óperas, operetas, zarzuelas, etc., grabaciones que las ofreció semanalmente con entusiasmo a los “dilettantis” radioyentes. En ese tiempo, repetimos, no estaban aún reglamentadas las actividades de los radioaficionados en nuestros país, ya que después se les prohibió la transmisión de música en sus pruebas y ensayos a través del éter. A este científico guayaquileño le gustaba mucho leer los argumentos de las obras que “perifoneaba” y que las había visto representar por algunas compañías teatrales en Europa, así como también dar a conocer la biografía de sus compositores. Casi en los últimos años de su vida, el Dr. Andrade Arbaiza fue Director Artístico del programa “Selecciones Clásicas y Música de los Grandes Maestros” de la revista radial “Vida Porteña” que condujo con sobrado acierto el recordado caballero Sixto Vélez y Vélez.

Francisco Guillermo Andrade Arbaíza falleció en su ciudad natal el 21 de noviembre de 1957, a la edad de 73 años, de edema agudo pulmonar, y fue asistido por el Dr. Amadeo Moreira Solórzano. Sus restos reposan en la bóveda N° 500 S-C (sin Clasificación), en el Cementerio General de Guayaquil.

Hace algunos años, investigadores como el profesor Hugo Delgado Cepeda llamaron la atención de AER (Núcleo del Guayas y sede nacional) sobre la deuda que tienen los radiodifusores con la memoria digna de respeto del médico e inventor Guayaquileño Dr. Francisco Andrade Arbaiza.

Esta llamada adquiere más vigencia por cuanto en una reciente publicación de la nueva literatura se dedican algunas páginas a la memoria del mencionado galeno, pero se prefieren aspectos nada importantes de su personalidad, acentuando una supuesta afición a la morfina, la mismo libro como preferida por escritores ya fallecidos cuyos nombres se han dado a dos colegios de la ciudad, cuya juventud los tiene como Patronos. El libro, que no enfoca correctamente la singular y ejemplar obra de avanzada del Dr. Francisco Andrade Arbaiza, se lo ha destinado para un Concurso del Libro Leído, lo que no deja de causar extrañeza, pues alumnos de los colegios Pino de Icaza y Adolfo H. Simonds ¿Qué podrán decir de enaltecedor de los escritores que han dado nombre a sus planteles?

Ahora que por todos los medios se trata de enseñar a los jóvenes los buenos ejemplos  que los buenos ejemplos que los alejen de las drogas, el libro único puesto para compatir en el certamen de lectura y resumen, muestra como drogadictos a cuatro valores de la cultura nuestra; dos de ellos fueron profesores del Vicente Rocafuerte, poetas, periodistas y sus nombres llevan dos colegios… Quizás la Dirección de Estudios deba tomar cartas en el asunto y reglamentar ese concurso, al menos para los alumnos de los colegios cuyos Patronos se presentan como morfinómanos. Esos alumnos, ¿estarán eximidos de participar?

Como en el caso del Dr. Francisco Andrade Arbaiza no se presenta su imagen correcta, resumimos su importancia y recordamos que merece un homenaje de las entidades que velan por el progreso y la actividad de la radio.

Nació en Guayaquil en 1884, pues contaba con 73 años al fallecer en 1957. Fue médico especializado en Francia en la entonces revolucionaria electroterapia. También fue precursor de la electrónica al inventar un mecanismo que eliminaba las interferencias que molestaban al escuchar una transmisión radial.

Fue de los primeros radioaficionados con trabajos experimentales (1926) al servicio del arte musical y la cultura en general. En 1926, por vía radial se dirigió al público. Fue en su primera estación experimental de carácter cultural. Entre 1925 y 1927 se introdujeron los primeros receptores de radio en esta ciudad. El Dr. Andrade Arbaiza construyó con sus propias manos una estación de radio. Su nombre fue Radio París y difundió músico clásica. Viajó a Francia y a su retorno perfeccionó sus emisiones. Por su labor como médico, la Municipalidad de Guayaquil le premió con Medalla de Oro y Diploma al alcanzar sobresaliente prestigio en sus investigaciones, ya que el primero en construir un aparato de Electrodiatermia. Fue miembro fundador del núcleo sinfónico  Amigos de la Música, en 1936. Cuando difundía por la radio música culta, explicaba previamente las obras. Al transmitirse muchos años después la revista radial Vida Porteña, se confió al Dr. Andrade el espacio “Selecciones clásicas y música de grandes maestras”. Así educaba el gusto de los oyentes. Cuando fue colegial ganó Diplomas de Honor en los cursos de Filosofía del Dr. Francisco Campos Coello. Por su dominio de la Física creó una especie de electrocardiógrafo.

Con este precursor de la radio en Guayaquil también merecen recuerdo los doctores Herman Parker, Julio Navarro, Carlos Noboa Cooke y Roberto Leví Hoffmann; y los señores José Morla, Honorato Zavala, Ricardo Morán Pereira, Fausto Rodas, Félix Vacas Cherres, Víctor Manuel Janer, Juan S. Behr, John Mark Reed, Carlos Dolcci, Justo P. Campaña. También hay que reconocer que en 1923 se fundó en Guayaquil el primer Radio Club donde se acogieron los pioneros de la radiodifusión porteña.

Carlos A. Andrade C.

“Andrade Arizaga Alberto”

Alberto Andrade y Arízaga fue, de entre los jóvenes de letras de su edad y de su tiempo, quien, desde sus primeras producciones, apareció sin titubeamientos, como un consumador escritor; que no ha hecho escalas, ni ha ido progresando lentamente sea por la experiencia o sea por la cultura. Un escritor sin borradores. Un orto, igual a un cenit. En el periodismo sostuvo triunfalmente diversos seudónimos, siendo más conocido por el de Brummel. Agil, elegante, chispeante, bribón, lograba que su artículo fuese leído en agraz: la víspera, en los almacenes del diario. Alberto Andrade y Arízaga para periodismo, poesía una fuerte cultura universitaria y de bachillerato, reforzada por ávida apetencia de lectura. Su flébil y pálida figura de adolecente conocido desde muy temprano el camino de la biblioteca; y aunque muy niño rozóse ya con la biblioteca; en su misma casa, pues fue su padre el Dr. Alberto María Andrade, respetable catedrático, y hombre de

fama cimentada en ahondados conocimientos de Filosofía católica. Según afirmaban personas entendidas, era un consumado tomista, pues como hombre honorable, había profundizado la materia de su cátedra.

Periodista y morfinómano en Cuenca. Piromanía en una copita de aguardiente purísimo de la hacienda Zhumir, en Paute, de propiedad de los Toral, hacia 1925, se dejaba caer una píldora de éter. Lo que resultaba era bebido de un trago, porque tenía sabor muy fuerte. Producía un estado de alucinación y embeleso, pero después parecía que se partía la cabeza.

“Andrade Coronel Manuel”

Después de asesinar al Arzobispo Checa y Barba, Sabemos ya la suerte del arcediana Andrade que por fin salió para Colombia.

Nació en Latacunga 2 de Marzo de 1832

Presbítero 1857

Cura de Aloag

Cura de San Roque

Canónigo Racionero Catedral de Quito 1867

Canónigo de 2 Instituto Cat Quito 1894

Canónigo de 1 Instituto Cat Quito 1895

Canónigo de Merced Quito 1894

Miembro del Concilio Provincial de Quito 1869

Falleció el 8 de Marzo de 1902

El ciudadano Italiano Antonio Casaretto, quien llamado por el General Veintimilla y en presencia del Ministro General y los Subsecretarios de lo Interior y Hacienda, para que diera razón de una tentativa de envenenamiento hecha por el Canónigo Sr. Manuel Andrade Coronel, contó que “unos días antes que el Sr. Canónigo atacara puñal en mano, en la calle al Sr. Joaquin Pinto, se presentó en casa del exponente dicho Canónigo Andrade Coronel y después de haberle conversado largamente, y muy mal de Pinto, y estando furioso le propuso que, puesto que él tenía el negocio de vender vino por copas, invitara a Pinto a tomar un vaso de vino en el que debía poner unos polvos que él le llevaría, los cuales al menos, le volverían loco para siempre. Que Pinto no podría rechazarle el vaso de vino, puesto que tenía negocios con él. Que el declarante rechazó esta infame propuestas y entonces el canónigo Andrade Coronel arrebatado de cólera sacó un puñal y haciendo  además de clavarlo en la pared, dijo: con esa arma materia al bandido y malvado de Pinto”

El jefe supremo, tomando personalmente iniciativa que no le correspondía sino al Poder Judicial, llamó también al Sr. Alejandro Schybbie a la sala del despacho y en presencia del Ministerio General y del Sub secretario de lo Interior, interrogó al ciudadano alemán así como propietario de una botica había sido preguntado.

Por algunas personas si tenía sustancias venenosas; y si el canónigo Andrade Coronel había sido una de esas personas y si le vendió estrictina. Schybbie  contestó afirmativamente. Igual interrogatorio hizo el general Veintimilla al Sr. Du Clozel, secretario de la legación de Francia, con referencia al veneno llamado Ticuna que el secretario Francés había comprado al Sr. Cousin, marido de la Sra. Saá, dos años antes para mandarlo a analizar en Francia.

El 2 de Abril el jefe supremo hizo comparecer al Sr. Francisco Smith, también ciudadano alemán, quien contestó al interrogatorio que no tenía en su poder ninguna sustancia venenosa; pero que recordaba que el canónigo Andrade Coronel le preguntó por una droga, cuyo nombre no recordaba, hacia cosa de dos meses; y que entonces y indicó al canónigo que fuera a buscar lo que pedía donde el Sr. Scybbie. Véase con qué actividad con que afán trataba Veintimilla de reunir datos para acusar fundamentalmente al Canónigo Andrade, el Colorado.

El Juez Letrado Dr. de la Barrera, decreto al día siguiente que fuesen agregadas al proceso dichas piezas y legalizándose con citación del fiscal y defensor, se pasen al Jugado Eclesiástico ante el cual se seguiría causa, por cuerda separada. Llamé también en a los declarantes ante el General Veintimilla, para que se ratificaran, como lo hicieron, y así dar curso legal a esas declaraciones.

Agregase también al proceso la declaración de Alfredo Torres que igualmente había requerido por el Canónigo Andrade para que le suministrara algún veneno; y que en conversación le había manifestado que detestaba al Arzobispo porque había oído de sus líos, escuchando al salir de ver al Sr. Checa que este dijo: “No me gusta ese hombre”. En la ratificación de Torres ante el Juez Letrado, aclaró que el canónigo le había manifestado que necesitaba el veneno para matar ratones que abundaban en su caa.

Los liberales, de acuerdo con el Gobierno, entablaron juicio criminal contra el juez le trado Dr. de la Barrera por detención arbitraria de los individuos contra quienes habían, según el proceso, fundadas sospechas de participación en el crimen. Como la Corte Superior dictó auto motivado, el Dr. de la Barrera se excusó de seguir actuando como Juez en esta causa (Eso precisamente era lo que quería Veintimilla). En su lugar fue nombrado Juez Letrado de Hacienda del Doctor Luis Quijano.

El Dr. Luis F. Borja, dirigiéndose al Tribunal de Jurados, recomienda “el celo, actividad y energía que, en la pesquisa de este horrendo crimen manifestó el señor doctor Camilo de la Barrera”.

El nuevo Juez Letrado decretó el 30 de Abril la prisión del Prebendado Dr. Manuel Andrade Coronel; orden que fue comunica el Sr. Vicario Capitular.

Comenzó para el desgraciado Canónigo Manuel Andrade cumplir sus 45 años de edad una época de amarguras con las que tuvo que expiar sus antiguos pecados y borrar viejas páginas de su vida.

En una hoja publicadas por los liberales acusaban directamente el canónigo Andrade del envenenamiento. Este publicó una “Respuesta” en la que hace un detallado relato de los ritos y ceremonias del Viernes Santo, para probar la imposibilidad de haber sido él quien puso el veneno en la vinajera. Añadió documentos por los que se declaraba, en el juicio por esclarecer el asunto con el pintor Don Joaquín Pinto que no hubo lugar a proseguir la causa, por no haberse comprobado el cuerpo del delito, y en virtud de un escrito del mismo agraviado Pinto.

El Juez Letrado Luis Quijano  siguió recogiendo datos acusatorios contra el Canónigo Andrade. Hay muchos pliegos en el proceso con oficios y gestión es del Ministro General Don Pedro Carbo relacionado con el comercio de venenos tenido por el Dr. Andrade.

El canónigo Andrade Coronel presentó una serie de testigos de las buenos relaciones que existían entre él y el señor Arzobispo Checa.

Preso y enfermo el Canónigo Andrade reclamo, basándose en el concordato, él fue eclesiástico que el Canónigo Andrade reclamo, basándose en el concordato, el fuero eclesiástico que el correspondía, para que cambiaran el lugar de su prisión y le enviaran algunos de los conventos de religiosos en la Capital. Más el Director de la Policía informó que se le había puesto en la mejor sala de los despachos y que se le prestaba todo género de consideraciones, por lo que Quijano negó la petición de Andrade. Finalmente el canónigo fue librado de la prisión por el juicio de competencia entablado por el vicario Doctor Arsenio Andrade, quien apoyándose en disposiciones del Concordato, el canónigo no podía ser enjuiciado sino por tribunal eclesiástico.

Se cruzaron notas muy agrias y enojosas, terminando por la entrega del reo. Dice un historiador, en vista de los graves sucesos que había acarreado el Concordato en el caso del Canónigo Andrade Coronel, el General Veintimilla declaró roto el concordato, hasta que reunida la Asamblea Nacional resolviera lo conveniente.

Manuel Andrade Coronel, fortalecido  con los sacramentos de la iglesia murió el 8 de Marzo después de propaganda enfermedad que lo ha tenido postrado cosa de cinco años. Nació en Latacunga el 2 de Marzo de 1832, pero desde su tierna edad fue trasladado a Quito, donde hizo todos sus estudios hasta ordenarse sacerdote en 1857 y aún después para graduarse de doctor en Teología. Amante del estudio y de los libros deja un tesoro de muchos miles de ellos. Ha servido de cura de Alóag y de San Roque, y desde 1867 ha ocupado en el Coro metropolitano las sillas de Racionero y Canónigo de Merced.

Sus últimos días han sido de penosa enfermedad que lo redujo al aislamiento, solo interrumpido por las visitas de su prelado y de sus co – hermanos en el sacerdocio; de suma pobreza; y de fervorosa preparación para la muerte. Fue enterrado en el cementerio del Tejar de la Merced. En 1894 Pinto trazó con acuarela el retrato del Canónigo Andrade.

Inculpado por el asesinato del Arzobispo Checa Barba.

“Andrade Faini César”

Los momentos culminantes del 1988 de las artes visuales en Guayaquil serán, sin duda, dos grandes retrospectivas y la inauguración de la pinacoteca de arte contemporáneo del Museo del Banco Central, con el lanzamiento de su catálogo – libro. Si se atiende  a que los cuatro acontecimientos serán obra del Museo del Banco Central, ya se ve que la institución está de parabienes.

La primera de esas retrospectivas, la de César Andrade Faini, se abrió este mes de abril. 240 obras para un recorrido de medio siglo de pintar. Algunas decenas de estaciones fundamentales, como para aventurar un trazado del camino y sus etapas.

El propio artista, en un texto autobiográfico que rezuma sinceridad y da lugar hasta a la cólera y al reclamo contenido por décadas, delimitada su primera jornada y la caracteriza: 1936 – 1944, lo social en una pintura realista.

La estación de partida fue la serie “Miseria Social” una suerte de tesis de grado del joven artista que egresada, con honores, de Bellas Artes, en Quito. La serie mereció comentarios reticentes el más famoso de Benjamín Carrión, vigía mayor en el tiempo y pertenece a la historia como un generoso empeño de mostrar lacras sociales. Pero nadie la ha visto. La retrospectiva se abre por un boceto de esos cuadros: “La mansión de las mentes perdidas”. La rara pieza permite apreciar composición escenográfica y grupo patético. Todo con la seducción muralística a flor de piel. Extiende hasta el 44 esa etapa el pintor. Acaso, atendiendo a la pintura misma formas, cromática, tratamiento de la materia haya que extenderla más. Hasta el final de la década van ese color sombrío, esa materia espesa y las definiciones elementalísimas.

Ello es que en los cincuentas se aprecian decisivas novedades y notables calidades. “La década de los 50 es periodo de transición; de firme y certera transición” he escrito en el texto de catálogo de la retrospectiva. Transición no implica sino tránsito. Y el tránsito hacia una personalísima madurez puede hacerse con pasos de madurez. Es lo que ocurre con esta pintura a la que se la siente guiada por muy certero instinto visual. De 1953 es “Portal” y de 1955 “Festín”. “Portal” testimonia solidez. De las formas y el empaste; de la cromática. Composición, color, trazo, todo rebosa fuerza y lleva la mirada al grupo humano lamentable. Ahora si se halló expresión visual válida para la “miseria social”.

En toda la segunda mitad de la década se halla que una personalísima manera plasma en estupendas obras. Desde “Oasis 2”, tan bien construida y pintada y “Árbol amarillo” (lamentablemente no incluido en la muestra), de tan bello tratamiento cromático, las obras vigorosas y bellas se suceden (¡ y qué bueno tenerlas a la vista todas juntas!) “Gallero” (1956), en que ejes compositivos y cromática adquieren tan penetrante  valor sígnico; “Vendaval” (1957), de qué fuerza, por ritmos y color intenso; “Latex” (1957), de gran poder cromático y rica imaginación, que crea un vigoroso juego de formas; “Paisajes mínimo” (1958), de encaprichado tratamiento de azules, grises, verdes y ocres. No es cosa de querer agotar tan ricas estaciones en un par de cuartillas. Allí está para guiar un recorrido, estación por estación, el texto del catálogo. Baste aquí señalar, a grandes rasgos, los decisivos tramos del camino.

Andrade Faini entra en la década de los sesentas dueño de personalísimo estilo y seguro oficio. Con sentido contemporáneo de la expresión visual: más allá de las soluciones renacentistas de la perspectiva, construye un espacio plástico con juegos de planos. Y encarga al color su valoración visual y dimensión semiótica.

Madura después el último rasgo de su definición estilística: esos planos de color de bordes aristados, que des hacen y re hacen los motivos. Y con ello se entrega a la empresa solitaria en las artes visuales ecuatorianas por no menos de dos décadas de reinventar el paisaje, diciendo, por forma y color, cuanto tiene de desolador, dramático o lírico. ¡Cuánto estupendo, vasto y ambicioso empeño en tan ejemplar empresa! Allí está, en la retrospectiva. Hay que verlo.

“Andrade Coello Alejandro”

Miembro círculo de instrucción libre del Pichincha 1902

Secretario del círculo de Instrucción Libre del Pichincha 1902

Director de la Ilustración Militar 1900 a 1905

Nació en Quito 28 de Diciembre de 1881

Presidente de la Sociedad Cervantes 1905 – 1906

Secretario del Instituto Nacional Mejía 1908

Profesor del Instituto Nacional Mejía 1908

Inspector del Instituto Naciones Mejía 1910

Miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba 1926

Publicó en Quito “La Ilustración Militar”. Periodista y poeta que ha figurado en el Ecuador y en Chile

Profesor de literatura del Instituto Nacional Mejía. De él dijo Carrera Andrade: “Mi maestro fue un escritor digno, fecundo y erudito”

Alejandro Andrade Coello, en su libro “Manuel J. Calle Orientaciones Periodísticas” 1936.

Obras:

1.- El canto de ahora (lo que le corresponde entroncar al pueblo ecuatoriano) prosa variada 1941.

2.- La ley del progreso, 1909

3.- Vargas Vila (Hojeada crítica) 1912

4.- Las Brumas de Antonio C. Toledo, 1913

5.- Algunas ideas acerca de educación .- 2 ediciones 1915

6.- Rodó, 4 ediciones 1917

7.- El Ecuador intelectual 1919 (Córdova, Argentina)

8.- Tres poetas de la música 1921

9.- Juana de Ibarbourou 1921

10.- La Condesa Emilia Pardo Bazán, 1922

11.- Motivos Nacionales, 2 tomos, 1927

12.- Centenarios y Milenarios 1931

13.- Eloy Alfaro, epinicio biográfico 1934

14.- Nociones de Literatura General 1934

Profesor de literatura del Colegio Mejía por muchos años, hizo profesión de periodista y hasta de crítico, pero fue calificado de crítico intenso, por no haber aceptado el modernismo como escuela literaria, combatiéndola por las páginas de periódicos y revistas.

Fue su alumno Jorge Carrera Andrade, quien intentó una tímida defensa suya. Murió a las tres de la mañana del 13 de Noviembre de 1933 después de corta pero dura enfermedad. Fue miembro del círculo de la prensa. Su casa estaba situada en la calle Guayaquil N° 36, de Quito. Se le erigió una capilla ardiente y el entierro salió publicitado y tuvo gran concurrencia. Su viuda la poetisa Maria Esther de Andrade Coello, poetisa y autora de dos poemarios, publicó en 1.34 una “Corona fúnebre en homenaje a la memoria de Alejandro Andrade Coello” donde no se dice nada más que palabrerías, de las que por compromiso, se discursean en los entierros. No pude encontrar un solo dato válido, con excepción de la fecha de su muerte, el dato de su última enfermedad y la dirección del duelo. La Corona es extensa, pues pasa de las cien páginas.

Publicó: crónicas Quiteñas en 1927 en 349

Del Quito antiguo 1935

Educación del hogar. Crónicas familiares 1941

Falleció el 13 de Noviembre 1943

“Andrade Cevallos Maria Esther de”

Si bien su nacimiento tuvo lugar en la ciudad de Quito en la penúltima década del siglo pasado pasado está distinguida poetisa ecuatoriana bien puede ser considerada como Imbabura y Cotacacheña de Corazón; pues gran parte y la mejor de su niñez y juventud transcurrió en los risueños y alegres prados y bosques de las haciendas de sus padres, ubicadas en las sin mediaciones de Cotacachi. Además, sus antepasados son originarios de la antedicha ciudad, ilustre y noble cuna de no pocos egregios ciudadanos. Realizó los estudios tantos primeros como secundarios en la capital. Difícil para el amor, al fin encontró al hombre de sus ensueños y no podía ser sino un personaje en el que se unieran cerebro y con razón en alto grado. Tal fue Alejandro Andrade Coello, distinguido literato ecuatoriano. El la presentó a las diversas entidades culturales de la capital, tales como el círculo de prensa, la sociedad Bolivariana, el Ateneo Ecuatoriano etc., ingresando a las mismas como miembro, pues María Esther era de inmediato admirada y aplaudida en los diferentes centros literarios y artísticos a los cuales concurría. Mas la muerte no permitido que tanta dicha durase mucho tiempo arrancándole a su idolatrado esposo de sus brazos. Dos libros de poemas tiene publicados, “Voces Intimas” el uno, “Haz de versos y plumadas” el otro, en los cuales se transparenta su alma exquisita de mujer de noble y generoso corazón.

“Andrade Bucheli Teodomiro”

Farmacéutico

Licenciado en Farmacia Octubre de 1891

Falleció 3 de diciembre de 1922

“Andrade Carrillo Victor”

Intendente Policía Chimborazo 1925

“Andrade Victor M.”

Jefe de la 5 Zona Militar

Jefe Batallón Marañón 1917

Intendente Gral. De Policía de Guayaquil 1932

“Andrade Fuentefría Miguel”

Consejero Municipal de Guayaquil 1848

“Andrade Fuentefría Mariano”

El 5 de Enero de 1821 al saberse la derrota de Tanizahua, comienzan a llegar a Babahoyo voluntarios de Vinces, Palenque, Puebloviejo y Zapotal, formando columnas al mando del Capitán de milicias Don Mariano Andrade Fuentefría y los hacendados envían remesas de dinero.

“Andrade Pablo Antonio”

Recibió Licencias y facultades ministeriales en 1878. Luego fue nombrado cura de la Villa de Santa Elena en la que sirvió desde el 6 de Diciembre de 1878 hasta el 5 de julio de 1879.

“Andrade M. Octavio”

Doctor en Jurisprudencia  28 de Enero de 1897

Falleció Marzo de 1909

“Andrade Antonio”

Después de cuaspud el 14 de Diciembre 1863

Los dres. Marcos Espinel y Javier Endara, unidos con el sacerdote Zapata, los señores Ramón Cartagena, Rafael Vélez y su hijo, Juan Pío Molineros, Antonio Andrade, Rafael Vinueza y algunos otros, hombres que ya habían sufrido torturas resolviéronse, angustiados por la situación del Ecuador, a conspirar contra García Moreno cuando Mosquera se hallaba todavía en Imbabura; pero sin previo acuerdo con este último, como era propio de hombres dignos, al efecto, se trasladaron en secreto a la aldea de Quinche, y allí firmaron una acta en que proclamaron Jefe Supremo a Urbina. Se hallaban en esta ocupación, cuando fueron, de súbito aprehendidos. El Dr. espinel se presentó el mismo, el tirano mando a conducir a los presos a Quito y los entrego al Poder Judicial. Poco después, en la creencia de que sólo él era adecuado para ejercer todo poder en la República, mando a someterlos a torturas, antes de ningún fallo de los jueces. Al suplicio de la barra de grillos fueron, pues sometidos al antiguo Vicepresidente Espinel y sus compañeros y amigos. Llamó la atención pública este nuevo escándalo.

“Andrade Julio”

En 1912 los miembros del Gabinete y otras personas buscaron refugio en un cuarto que comunicaba con estas oficinas, pero que estaba obstruido por una gran armario al que lo derribaron. Andrade fue el único que trato de afrontar la situación para lo cual tomó un rifle y se dirigió resueltamente hacia la puerta que daba acceso al corredor, y al llegar como a la distancia de un metro recibió un balazo de afuera, que según parece por la fuerza de la explosión movió la puerta y levantó polvo. Cuando el General Andrade se sintió mortalmente herido exclamó: ¡Ay caray! Dio pasos laterales y al decir. “Por qué, pero por Dios”, se desplomó ya cegado por la muerte. Apresados los miembros del Gobierno se trató de exaltar al General Plaza al poder. Pero a ello se opuso la guarnición de Guayaquil, que alegando estar en régimen constitucional,  impuso, que a la falta del Presidente del Senado que lo era Freile Zaldumbide debía ser llamado el Presidente de la cámara de Diputados, Francisco Andrade Marín, y así sucedió.

De este modo terminó el interinazgo de Freile Zaldumbide. La muerte de Andrade quiso explicarse con la caída fortuita del armario: “el armariazo”; pero eso es una ingenuidad que a nadie convence. Parece que la bala fue disparada por un celador de apellido Legarda.

“Andrade Manuel”

En 1865 en Quito el Dr. Manuel Andrade, cura de San Roque, manifestó dolor por el fallecimiento del Gral. Maldonado, su amigo: el cadáver había sido depositado, por manos piadosas, en el templo del Carmen Alto, de donde el Dr. Andrade lo condujo, por las calles extraviadas, al cementerio de San Diego: por tales hechos, fue preso y sentenciado de ir al Brasil, por el Napo, por orden de García Moreno.

“Andrade Rodriguez Roberto”

Diciéndonos en prosa inflamada, que está “Tierra baja”, crecerá, se alzará a cumbre, relampaguera como un Sinaí, arrojará en fin de sí el cardumen de malvados que la cumbren de vilipendio con su avaricia, con sus vicios, con sus crímenes. Montalvo está en usted con toda su excelsitud, con su noble esquivez, con su arrogancia hidalga, con su chic petulante, con todo lo que hacía que don Juan no pudiera alternar si no varones de su temple.

Roberto Andrade, al cual, por venganzas profesionales y odio a una familia fatal para el liberalismo ecuatoriano de los últimos veinte años, dejamos a merced de la hidrofobia conservadora, neciamente, inadvertidamente, en la improvisación del momento y el recuerdo de las injurias provocadas a grande por su pluma de neurótico empedernido, y Roberto Andrade, digo, ha cuándo en indigencia casi supo aprovecharse de sus servicios, de su inteligencia clarísima, hoy exasperada por el despacho, sino en forma de bajezas nunca satisfactoriamente pagadas, habiendo corrompido a ese hombre por medio de la pobreza.

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