“ANGULO – ANZOÁTEGUI”

“Angulo Jorge D.”

Nació en Quito – 1838

Subdiácono

Diacono

Presbítero – 1864

Doctor en Teología

Canónigo de la Metropolitana 1884

Canónigo de 2 Institución 1894

Canónigo Medio Racionero – 1896

Capellán Hermanos Cristianos

Canónigo Racionero – 1907

Canónigo de Merced – 1909

Falleció el 2 de Enero de 1915

“Angulo Rafael”

Diputado por Pichincha

“Angustia de Vivir”

Calle 1916, “La Angustia de vivir y el aprobio de pensar”

“Animas Santiago de las”

Cirujano; en 1779 ejercía en el hospital de Cuenca, hace la autopsia y eleva el informe médico legal, el primero en Cuenca del cadáver de un ciudadano, muerto por un disparo del Gobernador.

“Annaya Alonso Manuel de”

Alonso Manuel de Annaya, corregidor de las ciudades de Quito, Cuenca, Guayaquil y Puerto Viejo. (Nombrado por la Real Audiencia de Lima el 6 de Marzo de 1564, recibido por el cabildo de Guayaquil el 27 de Abril. Desempeñó el cargo hasta el 28 de Septiembre de 1564).

Teniente de corregidor: ¿Baltazar Díaz de Magallanes?

“Ante Mendoza Francisco”

Alférez Real del Cabildo, don Francisco de Ante y Mendoza. Quito, 1753

“Ante Pedro”

En Diciembre de 1785, Pedro de Ante, adquirió a la junta de temporalidades de Quito las hermanas de Pedregal y “agregadas de Vallevicioso y Sacha estancia”, en 100.000, 90.000 de contado y 10.000 a censos.

“Ante José María”

Oficial Segundo del Ministerio de hacienda 1830

“Ante Antonio”

Un día como hoy hace 151 años, el 20 de Diciembre  de 1836 murió en Quito, uno de los más distinguidos próceres de nuestra independencia, el señor doctor ANTONIO ANTE.

El Dr. Antonio Ante nació en el pueblito de URCUQUI, cantón IBARRA, provincia de IMBABURA, el 1 de Febrero de 1771. Abogado de profesión fue uno de los hombres más cultos de su época.

Fue el Dr. ANTONIO ANTE, quien al rayar la aurora del 10 de Agosto de 1809  y cuando la guardia había sido cambiada por orden del Comandante Juan Salinas, entregó al Conde Ruiz de Castilla, Presidente de la Real Audiencia de Quito, el oficio mediante el cual la Junta Soberana lo declaraba cesante en sus funciones. Cuenta la historia que cuando Ruiz de Castilla trató de apresar al Dr. Ante, la guardia no obedeció su orden  por lo que el prócer salió tranquilamente sin pronunciar palabra y a paso mesurado.

En 1818 el Dr. Antonio Ante fue herido por un esbirro del Presidente de la Real Audiencia de Quito, el Gral. Juan Ramírez, quien lo perseguía por ser un revolucionario. Ante fue tomado prisionero y enviado a Santa Marta, para luego de allí ser llevado a la prisión africana de Ceuta junto con su hijo menor de edad llamado José María. En Ceuta aprendieron los oficios de sastrería y zapatería para poder subsistir. Al cabo de algún tiempo el Dr. Ante en unión de su hijo, fugó y regresó a su patria.

Ante, fue el único de los próceres del 10 de Agosto de 1809 que alcanzó a ver a su patria libre. Fue Diputado a la Asamblea constituyente  de Riobamba  en 1830  y también integró el Congreso de 1833. Murió en Quito el 20 de Diciembre de 1836, a los 62 años de edad. Su sangre y sacrificios no fueron en vano, cual semilla heroica, fecundó en el corazón de los ecuatorianos la lucha indeclinable por su libertad e independencia.

Recordemos reverentes en este día, la figura del prócer Ibarreño señor doctor Antonio Ante, uno de los forjadores del 10 de Agosto de 1809.

Diputado por Pichincha – 1828 – 1830 – 1833

Juez de Letras de Pichincha

Falleció en 1836

“Ante José M.”

Miembros de la Junta Asamblea que designo Presidente Interino a García Moreno. En Enero de 1869 el Presidente de la Asamblea, Rafael Carvajal. El Secretario Nicolás García, Gral. Julio Sáenz, Cnel. José A. Polanco, Pablo Bustamante, Pablo Villacís, Manuel Polanco, Manuel Pallares, Eusebio Conde, Juan Maldonado, Benjamín Chiriboga, José M. Echanique, José M. Peñaherrera, Antonio Rivadeneira, Francisco Espinosa, Justino Estupiñán, José M. Calisto, Mariano Calisto, José M. Guerrero, José A. Correa, Manuel Avilés, Manuel León Echerri, Francisco Antonio Arboleda, Luis Pólit, José M. Ante, Manuel F. Fernández, Ramón Zambrano, Sebastián Pérez, Javier Borja, Antonio Flores, Francisco Octavio Escudero, Javier Salvador.

“Antepara P. J.”

Comisario de Policía de Guayaquil 1891

“Antepara José B.”

Ayudante compañía Guayas 1902

“Antepara Bejarano Juan”

Cantón del Morro Alcalde 1° Municipal, Sr. Antonio Ramirez; Id. 2° Sr. Raimundo Cotapos suplentes, del 1° Sr. Jesús Potes id del 2° Sr. Juan Antepara síndico, Sr. José María Torres Teniente corregidor, Sr. José López a planta Sr. Vicente Durán Teniente Corregidor de Chaduy, Sr. Manuel José Terán suplente, Sr. Benito Masini 1834.

“Antepara Rodriguez Plaza Juan de”

Guayaquileño, sobrino del anterior. Fue de los jóvenes que actuaron el 9 de Octubre de 1820. Alcanzó el grado de Teniente asistiendo a varias campañas posteriores. Casó con Mercedes Matea Avilés. Vivía aún en 1844.

Secretario de la Junta de Sanidad de Guayaquil en 1830 hijo natural del Coronel Jacinto Rodríguez. De Bejarano y Lavayen, caballero de la real y distinguida Orden de Carlos III, Gobernador accidental de Guayaquil, de José de Antepara y de Vicenta de Arenaza.

“Antepara E. Lily”

Químico Farmacéutico 11 de Diciembre de 1951

“Antepara Avilés Juan”

En 1830 Juan Antepara Avilés integró una junta de sanidad

“Antepara Ramón”

Ramón Antepara, Barbero (Sangrador) en 1832

“Antepara y Arenazas José María”

Nacido en Guayaquil el 2 de Marzo de 1770. Su figura es demasiado conocida. Propulsor de nuestra independencia y factor principal del día 9. Miembro y secretario del Colegio Elector el 11 de Noviembre de 1820. Murió heroicamente en Huachi, el 12 de Septiembre de 1821.

Antepara llegó a Londres y sus amigos le llamaron la atención en cuanto a un enjundioso artículo aparecido  en “Edimgbur Review” sobre la América española y principalmente acerca de un coterráneo Miranda (ellos) de quien había oído, pero vagamente. Entonces su ambición más grande fue conocerlo y a favor de amigos comunes lo consiguió. De allí le vino la idea de publicar una obra sobre esos problemas americanos y el hombre que había consagrado su vida a esos ideales redentores. La avasallante figura del precursor tornó en entusiasta panegirista al remiso y esquivo Antepara y luego de un generoso apasionado cambio de ideas, salió a la luz la obra por entonces más documentada sobre el General Miranda y sus ingentes sacrificios por la liberación de las Colonias Hispanas de América titulada: Emancipación Suramericana. En 1812 Antepara llega a Caracas en unión de Bolívar y Pedro Leleux como heraldos primeros del nuevo Mesías. Portan con ellos el archivo del Gral. Miranda Antepara es de los hombres de confianza del precursor, y después de la capitulación funesta es de los pocos que logran embarcarse la noche misma de la tragedia inexplicable en que se aprisiona al coloso de la libertad de América. Partió en el bergantín “Sapphire” rumbo a Curazao. En 1819 nos encontramos al inquieto Antepara en Guayaquil, su tierra nativa. Conspira contra las autoridades españolas, en pro de la independencia de su patria chica, Gobierna la Provincia del Guayas, Don Juan Manuel de Mendiburu. Antepara o Fajardo, periodista al fin, escribió la reseña de ese baile y a esas jornadas. La conspiración había sido denunciada. Villamil que hacía de cabeza y los otros comprometidos, quisieron dar paso atrás, pero Febres Cordero como León que era se alzó arrogante.

Y el Guayas fue libre. Reunido el 8 de Noviembre el Colegio Electoral fue electo Presidente, el gran poeta Olmedo y Secretario, José Antepara. Luego, el 11 de Noviembre nombrado el Coronel Juan de Dios Araujo, comandante General, solicitó se nombrara su secretario “Al benemérito ciudadano José Antepara, por sus conocimientos, conducta honrada y adhesión a la sagrada causa de la libertad”. Y Antepara, hostilizado más tarde por Araujo, se aliada de nuevo a los Venezolanos. Ahora es ayudante de Campo del General Sucre.

Nace en Guayaquil el 2 Marzo de 1770 y es bautizado en la de 1 mes de nacido, el 2 de Abril; Iglesia Matriz por el R.P. José Valero, Juan Lorenzo de Antepara y Vicenta de Arenaza. Su madre queda viuda muy joven y José María se dedica a la agricultura y el comercio. Viaja a México hacia 1801 y contrae matrimonio en dicha ciudad con Da. María Ignacia de Escurra y Pastoriza, de José Guillermo de escurra y de Da. María de Pastoriza. En 1803 viaja a Londres con el fin de adquirir maquinarias para el ingenio de propiedad de su cónyuge. Secretario privado del precursor Francisco de Miranda, a quien es presentado por el Padre Cortés, Antepara se convierte en su confidente y servidor. En 1810 pública en Londres: “South American Emancipation” volumen que recopila documentos y actualizaciones de Miranda durante los últimos 25 años. Ese mismo año acompaña Miranda en la expedición armada que dirige contra Venezuela Antepara llevó a bordo de la nave “Leandro” todo el archivo del precursor casa/prisionero Miranda en Puerto Cabello, reexpide el archivo donde permanecen dichos documentos hasta con destino a Londres, pasara al poder de Lord Bathurst y encontrado por el historiador William Spencer Robertson quien lo dio a en obra: “Life of Miranda”, Chapel Hill, 1929 la publicidad y el gobierno Venezolano se interesó y lo adquirió posteriormente.

De regreso a Guayaquil en 1814, defiende a la ciudad contra las fuerzas del Almirante Guillermo Brown en Febrero de 1816. Posteriormente recibe clases de francés de Rocafuerte y junto al Padre Cumplido se dedica a preparar la revolución contra los españoles. En Octubre de 1820 invita a los tres jóvenes oficiales del batallón Numancia a sumarse a la revolución (Febres Cordero, Urdaneta y Letamendi) luego a los del granaderos (Escobedo, Cacique Alvares y Sargento Vargas) y preparó la mesita llena de bebidas excitantes en un cuarto posterior de la casa de Villamil, donde se reunieron los próceres a conspirar (Fragua de Vulcano) y jugaron luchar por la Patria o morir en defensa de ella.

En la madrugada del Lunes 9 de Octubre acompaña a Urdaneta en la toma y rendición del Cuartel del Daule y luego en la Batería de las cruces. Fue de los nueve valientes que actuaron en el ataque al cuartel de Caballería. Diputado por Guayaquil al Colegio Electoral de la Prov. Libre de Guayaquil, electo secretario de mismo colegio el 11 de Noviembre de 1820 y Secretario de la Comandancia General, el mismo día. Junto a Olmedo firma el “Reglamento provisorio Constitucional del Gobierno” sancionado ese día por el Colegio. Posteriormente forma parte del ejército con el grado de Capitán. A la llegada de Sucre a Guayaquil, en 1821, con las fuerzas auxiliares traídas de Colombia, es designado ayudante de campo y Edecán. Actúa en cone, el 19 de Agosto del  12 de Septiembre, de ese año 1821 y triunfa con los patriotas. Luego en el segundo Huachi donde muere de 51 años de edad Villamil en su “Reseña” indica que Sucre le mandó con una orden a la extrema izquierda de la línea y que Antepara estimó indigno de su valor pasar por la retaguardia y que pasó entre ambas, muriendo sin que se sepa de qué bando salió la bala que lo mató.

Sin embargo, esta novelesca muerte parece poco verosímil. El “Patriota” de Guayaquil del Sábado el 22 de Diciembre de ese año, N° 5 del Segundo semestre, trae una Necrologiaexequias fúnebres que han celebrado los amigos de Don José Antepara a su triste y honorable memoria…El cielo le había destinado para morir en la guerra; pero él, demasiado sensible a la más pequeña insinuación tocase su honor, marchó bastante enfermo, a la campaña de Guachi donde en cúmulo de asesinos le arrancaron la vida después de la acción. Murió el filósofo, la humanidad llora su muerte; y su sangre inocente que ha caído sobre nuestros enemigos, será baldón de los españoles que le asesinaron rendido.

Por días antes, el 20 de Diciembre de 1821 se habían celebrado en Guayaquil, sus solemnes honras fúnebres…Un túmulo sencillo y decente como fue su vida, ocupaba el fondo del templo: las columnas y el pavimento estaban enlutado y cubierto éste de blandones y hacheros; encima del túmulo se hallaba colocado un sepulcro y en su pedestal se leía esta inscripción. “Al Dios de los ejércitos aquí ya se Don José Antepara, condecorado con la medalla de los campos de Guachi, a los 33 años de su edad. La Necrología finaliza indicando que… en el curso limitado de una vida de 33 años había desplegado los talentos del hombre de estado, las virtudes de un senador y el al alma del héroe”.

La fecha del túmulo y consecuentemente de la Necrología del Patriota de Guayaquil, que es tomada del túmulo, están equivocadas, porque Antepara falleció de 51 años en 1821, habiendo nacido en 1770.

La juventud sobre todo, que mal educada, casi sin ocupación conocida, malgastando los años en diversiones frívolas, tuvo por ese tiempo materia seria en que ejercitar su espíritu generalmente novelero e inquieto. En ella se contaban unos pocos jóvenes de talento y de mediana instrucción, aleccionados en los principios liberales por el padre dominicano, Fray Miguel Cumplido, natural de Chile, que los había reunido como su maestro de latinidad. El presbítero Maticorena, amigo de Cumplido, le ayudaba en esta tarea. Se distinguían entre estos jóvenes José Antepara y Cruz Correo. Sucre acampo el día 11 de Septiembre 1891 en el pueblo de Santa Rosa a una dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era los Españoles, que sobre tener un ejército casi noble, disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando las cordilleras, lo que podía proporcionarle un campo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone y animado de una fogosidad que apenas cabe en un joven, le disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, descendió, aceleradamente de las colinas de Santa Rosa al llano de Guachi, viendo ya aproximarse el ejército enemiga que se adelantaba con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El batallón Albión fue el primero que entró en combate rechazando las cargas de la caballería española que precedía a la infantería. El primer batallón de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenía los patriotas cargó a su turno a la infantería realista y lo fue igualmente.

En este estado llegó el batallón libertadores de Guayaquil a sostener a Albión, como lo hizo con buen éxito. También iban llegando los batallones españoles que venían en escalones y la batalla se hizo general sostenida al principio por libertadores y Albión. Con la llegada del batallón Santander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo lo contrario. Los enemigos quisieron probar si ese cuerpo le prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presentó ninguna; pues perdieron su formación buscó un refugio en los edificios de la hacienda inmediata. Solo uno de sus compañías, mandada por el Capitán Garcés, resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de sus principales jefes, el Coronel Payol, que se había hecho célebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades. Albión y libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les había cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El General Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvo protegido por unos pocos ginetes mandados por el Sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Morán, entonces Capitán y más tarde General en el Perú, se jactaba de haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel, Morán se incorporó con Sucre en la fuga fuera del campo de Batalla. Los soldados de Albión y Libertadores quedaron muertos, heridos o prisioneros, en el mismo orden de formación en que habían combatido. El viejo Mires, no quiso abandonar su puesto fue tomado también, con los comandantes de esos cuerpos; el capitán Elizalde y otros varios oficiales casi todos heridos. Allí murieron los jóvenes Benítez, Antepara que se había hecho notable entre sus paisanos por sus talentos y sus virtudes patrióticas.

Sucre acampó el día 11 en el pueblo de Santa Rosa a unas dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era a los españoles, que sobre tener un ejército casi doble disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando  las cordilleras, lo que podía proporcionarle un campo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone y animado de una fogosidad que apenas cabe en un joven, le disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, viendo ya aproximarse al ejército enemigo que se adelantada con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El batallón Albión fue el primero en que entró en combate rechazando las cargas de la caballería española que procedía a la infantería. El primer batallón de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenían los patriotas cargó a su turno a la infantería realista y lo fue igualmente. En este estado llegó el batallón Libertadores de Guayaquil a sostener a Albión, como lo hizo con buen éxito. También iban llegando los batallones españoles que venían en es calores y la batalla se hizo general sostenida al principio por Libertadores a Albión. Con la llegada del Batallón Satander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo los contrario. Los enemigos quisieron probar si ese cuerpo les prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presentó ninguna; pues perdiendo  su formación buscó un refugio en los edificios de la hacienda inmediata.

Solo una de sus compañías, mandada por el Capitán Garcés, resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de sus principales jefes, el Coronel Payol, que se había hecho célebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades.

Albión y Libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les habían cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El general Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvó protegido por unos pocos jinetes mandados por el Sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Morán, entonces Capitán y más tarde General en el Perú, se jactaba de haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel y no Morán se incorporó con Sucre en la fuga fuera del campo de batalla.

Los que soldados de Albión y Libertadores quedaron muertos, heridos o prisioneros, en el mismo orden de formación en que habían combatido. El viejo Mires, que no quise abandonar su puesto fue tomado también, con los Comandantes de esos dos cuerpos; el Capitán Elizalde y otros varios oficiales casi todos heridos. Allí murieron los jóvenes Benítez, Antepara que se habían hecho notables entre sus paisanos por sus talentos y sus virtudes patrióticas.

“Antonio”

Pintor Indígena, en 1588 es miembro de la cofradía del Rosario, fundada en 1563  en Quito, que funcionaba adscrita al convento de San Pedro Mártir, de la orden de Santo Domingo.

“Antonio Marco”

Italiano fue soldado en Italia y dejada la milicia, tomó el hábito de religioso en la compañía, en Quito profesando como hermano coadjutor temporal a principios del siglo XVII

“Antony E.”

En 1923, H.E. Antony, mientras buscaba fósiles cuaternarios en la quebrada de Chalán, en Punín (Chimborazo), descubrió un cráneo humano, situado en un banco bajo, de 1,80 a 2,10 mts. de altura, sobre una capa de andesita. El yacimiento de fósiles pleistocenos, desparramado a lo largo de la quebrada, ha vuelto célebre este lugar entre los arqueólogos. El cráneo se encontró invertido en un intervalo del yacimiento. Los huesos hallados en Punín revisten dos estados de fosilización: unos, duros y negros, y otros menos resistentes y de color café oscuro: de estos es el cráneo.

Jijón señaló los índices cefalométricos de este cráneo, concluyendo ser de tipo australoide. En cuanto a cronología se limitó a decir: “El cráneo de Punín es notablemente interesante por su posible antigüedad”.

Pedro Armillas, en su “Programa de Historia de América: Período Indígena”, se refiere al cráneo de Punín, al comentar las culturas antiguas de cazadores y recolectores, cuya antigüedad oscila entre 4000 y 10.000 años antes de Cristo (México, 1962).

“Anzoátegui Carlos”

Licenciado en Jurisprudencia

Doctor Jurisprudencia

Alcalde Municipal de Guayaquil 1902

“Anzoátegui J. Domingo”

Ayudante de la compañía Unión 1904

“Anzoátegui Manuel”

Consejero Cantonal de Guayaquil – 1895 – 1896

Vicepresidente del Consejo Cantonal de Guayaquil – 1895

Presidente del Consejo Cantonal de Guayaquil – 1895

Comandante del Resguardo – 1896

Falleció el 17 de Junio de 1896

“Anzoátegui M. Modesto”

Director del Centro Musical Nueve de Octubre 1910

Profesor de la Sociedad Filantrópica 1912

“Anzoátegui Victor M.”

Miembro de la Junta Patriótica Nacional 1903

Miembro Honorario Sociedad Italiana Garibaldi

“Anzoátegui y Cossío Miguel Antonio”

La comisión informó que el terreno del “Cerrito” era muy corto para tal efecto y que el sitio más apropiado estaba en la Atarazana, de propiedad de Don Miguel de Anzoátegui y Cossío, quien concedió el permiso con la única condición de que se le diera un documento. Para esta obra, que fue además recomendada por los primeros médicos de la ciudad como Mascote, Bravo y Arcia, se inició una colecta voluntaria entre todos los vecinos.

Cuando Flores trató de defender Pasto de las pretensiones colombianas en 1832 tuvo que hacer empréstitos a altos tipos de interés en Guayaquil, sin embargo, mezcló la defensa de la integridad del país con sus propios negocios, pidiéndole la garantía del préstamo a su amigo Miguel Anzoátegui, a quien engatusó comprándole la hacienda LA ELVIRA, cerca de Babahoyo, en una suma mayor a la normal, con el dinero del préstamo, cuya garantía dio Anzoátegui le había confesado que pagaba el 3% mensual, a los acreedores del estado, para evitar que le metan preso por garante y codeudor solidario. Parece que el dinero era de Manuel Antonio de Luzarraga, que lo había dado a ciertos intermediarios, como Pereira, Mandracha, etc. para que éstos figuren como acreedores.

Luzarraga solo recibía solo recibía el 2 ½%  mensual de interés y el otro ½% quedaba en manos de estos intermediarios, por el trabajo de cobrarle a Anzoátegui. Rocafuerte sugirió que el gobierno debía hacerse cargo de su deuda, para liberar a Anzoátegui de la garantía, pero nada se adelantó al respecto. La tesorería de hacienda de Guayaquil, en 1836, por orden de Rocafuerte, hizo un corte y tanteo de la deuda y de los pagos efectuados por Anzoátegui, desglosando lo pagado por el capital  y los intereses.

Anzoátegui había sido designado en 1825 Jefe Político de Guayaquil y en Agosto de 1827 Tesorero de la Junta de Seguridad Mutua. Tenía fama de rico y en 1824 su cuñado José Domingo de Ordeñana pedía rebaja al gobierno gran colombiano en la parte que le había correspondido en el empréstito de 25000 pesos a Anzoátegui.

Alcalde de Guayaquil, en 1817 don Miguel Antonio Anzoátegui. El Sr. Miguel Anzoátegui, ciudadano de Guayaquil, era propietario hasta 1833 de una hacienda comarcana a Babahoyo: era laborioso y honrado, y su desgracia comenzó desde que tropezó con Flores, quien le pagó con el mismo dinero recibido con la garantía de Anzoátegui.

Anzoátegui fue ejecutado por los acreedores al Erario, o en otros términos, a Flores, hubo de pagar los intereses, y corrió peligro de quedarse en la miseria, siendo como era un propietario acaudalado. Apeló al arbitrio de demandar al deudor principal, al Erario, y como esto era ineficaz mientras la Presidencia de Flores, hubo de pagar los intereses, y corrió peligro de quedarse en la miseria, siendo como era un propietario acaudalado. Apeló al arbitrio de demandar al deudor principal, al Erario, y como esto era ineficaz mientras la Presidencia de Flores, presentó su solicitud en 1835 a la constituyente de Ambato, cuando era Presidente Rocafuerte, quien le mandó pagar los intereses.

Don Miguel Anzoátegui fue uno de los capitalistas que financió la fundación de la República. Se le hacían abonos tardíos y pequeños a su crédito. Y cuando Flores trató de defender Pasto de las pretensiones Colombianas en 1832, tuvo que hacer empréstitos a altos tipos de interés en Guayaquil. Anzoátegui, ya sin plata pero aun con fama de rico aceptó ser fiador. Vicente Rocafuerte, en carta de 9 de Marzo de 1836 le manifestaba al General Flores que Anzoátegui, ya desesperado, le había confesado que sus acreedores le cobraban el 3% mensual, aunque Luzarraga sólo recibía el 2 ½ % . Rocafuerte sugería que el Gobierno debía, en toda justicia, hacerse cargo de la deuda de Anzoátegui. Las dificultades de éste se habían iniciado desde comienzos de 1824, cuando su ciñado, Domingo Santisteban, pedía rebaja en el empréstito de 25000 pesos; pero aun en 1826, su posición era suficiente sólida como para ser designado jefe político y en Agosto de 1827, Tesorero de la Junta de seguridad Mutua. Pero sus actividades financieras le valieron calumnias y su ruina. Falleció pobre y endeudado.

A comienzos de 1827 se integra una nueva Junta de Vacuna con el juez político Miguel de Anzoátegui Cossío de presidente.

“Anzoátegui Miguel”

Icaza, Martín, Miguel Anzoátegui, Pedro Santander, José Antonio Roca, Vicente R. Roca, Manuel Tama, Diego Noboa, Guillermo Weelwright y J.C. Correa: “Audición al Reglamento del establecimiento de seguridad mutua impreso por acuerdo de la sociedad económica de amigos del país de ésta capital con fecha 11 de Agosto de 1825 Guayaquil Imprenta de la Ciudad por M. I. Murillo”, 8 de Febrero, 1826. Republicado por el autor en “Documentos inéditos sobre e impresos raros de la Sociedad Económica de Amigos del País, de Guayaquil”.

Afines de 1827 Don Manuel Antonio Luzarraga fue elegido Director de la Junta de Seguridad Mutua para su segundo y don Miguel Anzoátegui de Tesorero.

Presidente de la M.I. Municipalidad de Guayaquil en 1846.

“Añacumba Alonso”

Alonso Añacumba, cacique principal de El Inga, quien declaró ser casado con Catalina Quilumba y tener por hijos a Juan Tinetapahando. Alonso Cumbaquen, Catalina Quilombán, Quilogán y Axango. La tierra daba maíz, papas y frijoles. Las indias sabían tejer ropa de lana. La sal compraban a los Yumbos. En tiempo de Inga guardaban ganado y cultivaban una charca de maíz, cuyo producto reunían en un depósito. La encomienda de Indios de El Yuga fue concedida al conquistador Francisco Ruíz, ratificada por la Gasca, en cédula del 2 de Julio de 1551, haciéndose efectiva la concesión el 2 de Enero de 1559.

“Añas Yupanqui Angelina”

Alonso Borregón, quien si bien es cierto no estuvo presente en Cajamarca, el vino por primera vez a Sudamérica con Pedro de Alvarado si conoció personalmente a muchos  de los acompañantes de Pizarro cuenta que la mujer de Atahualpa deseada por Felipillo, era Doña Angelina, Añas Ñusta o Añas Yupanqui antes de su bautizo, fue y será señalada frecuentemente como una hija de Atahualpa. Sin embargo como tal no se la menciona en ningún documento conocido por el autor, y todo parece indicar que era una hermana, en su caso, una medio hermana del Inca y probablemente también una de sus esposas.

Doña Angelina como “compañera” de Francisco Pizarro fue la sucesora de su anteriormente mencionada hermana, Doña Inés Yupanqui. Su hijo Francisco Pizarro Yupanqui, es mencionado como su compañero de juego en Cuzco, por Garcilaso de la Vega. Más tarde, doña Angelina se casó con Juan de Betanzos, el autor de “Suma y Narración de los Incas”.

“Aparicio Fernandez Felix Clemente”

Nació en Vitoria, España, hacia el año de 1868. Fueron sus padres los señores: don Pedro Aparicio y doña Anselma Fernández.

Vino a Guayaquil en calidad de estudiante. Estuvo en el Seminario de Guayaquil en donde terminó su Teología. El Ilmo. Monseñor Isidoro Barriga le ordenó sacerdote el 22 de Mayo de 1892. Fue familiar de este celoso y virtuoso Obispo Titular de Myrina y Administrador Apostólico de Guayaquil.

El 13 de Agosto de 1893 fue nombrado Cura de la población de Caracol, en la provincia de Los Ríos.

En Junio de 1894 se fue a España por motivos de salud. Monseñor Pío Vicente Corral le prolongó el permiso hasta Junio de 1855, pero, no regresó más.

Era aficionado al Teatro, cuyas excelentes dotes las empleó en el Seminario.

Llegó con su hermano Valentín, ya sacerdote, tal vez con el deseo de permanecer ambos en esta Diócesis, pero quién sabe por qué circunstancias se regresó enseguida a Victoria. En efecto, no hay más referencias en el Archivo de la Rma. Curia, sino el dato que recibió las facultades ministeriales en Junio de 1888.

Según el dato del archivo se le concedió facultades por dos meses, entonces, se puede de deducir que se regresó a España, mientras su hermano Felix quedaba en el Seminario de Guayaquil.

“Apolo Modesto”

Ayudante compañía Rocafuerte 1916 – 1917 – 1918

Ayudante Jefe 3 a Brigada el 14 de Septiembre de 1918

Comandante Comp. Avilés 23 de Septiembre de 1921 – 1922 – 1923

Apolo Hno.”

La partida del Hno. Adolfo Hector, llamado por los cuencanos “Lujodel Instituto” y posteriormente la del Hno. Agulis (Mayo de 1868), dejan vacíos en la sufrida comunidad Cuencana. Frente a la dirección del establecimiento queda el Hno. Apolo, religioso de relevante mérito, el cual obtiene en el mes de septiembre, el traslado de la escuela a la casa de la Sra. Bárbara Malo, situada en la Plaza Mayor.

“Apoango Pedro de”

Natural y principal de Tontaqui, es nombrado Alcalde para los nuestros el 1 de Enero de 1613, Juan de Santa María, Alcalde de los tusas. Pero la Alcaldía de Don Juan de Santa María, duró tan sólo cinco días, porque el 5 de Enero del mismo año, le reemplazó don Francisco Pasquel, principal de Tusa, para Alguacil Mayor es nombrado don Juan Rodríguez.

“Aragón Edmundo”

Ayudante Comp. Neptuno 22 de Marzo de 1921

Ayudante Comp. Salamandra 1918

Comandante Comp. Neptuno 1921 – 1922 – 1923 – 1924 – 1925

“Aquiles Pérez”

El 13 de Marzo de 1970, le fue entregado el premio Tobar 1969  al Profesor Aquiles Pérez. En aquella ocasión el premio municipal fue especialmente justo. Señalaba con encarecimiento – esa es una de las funciones de los premios mayores – una obra que, de tramo en tramo, era ya magna. El Tobar se daba por “Los Puruhuayes”; pero atrás estaban, en la misma certera dirección, “Los seudo-pantsaleos” y, antes, “Quitus y Caras”. (Y aunque en otro línea, “Las mitas en la Real Audiencia de Quito”, libro fundamental sobre el tema).

Tan ilustre trayectoria había comenzado del modo más humilde que pudiera imaginarse. En Cangagua, pueblito perdido al sur de Cayambe y, en ese 1903, aislado. En la escuelita de Cangagua el pequeño de nombre homérico aprendió a leer en el ABC y se inició en la historia con el pequeño texto de Roberto Andrade.

¿Cómo el guambrita cangagueño se puso en camino de ser profesor e historiador de primera línea?

Tenía una buena costumbre. El propio Aquiles Pérez me lo contó alguna vez: “Tenía una buena costumbre: cangagueño que sabía que tenía un libro nuevo, le pedía y me encerraba a leer y entender. Y los datitos interesantes los copiaba”. Y, puesto a copiar, como se le ocurrió que nunca iba a tener un diccionario, se dio a copiarlo…

Lo del profesor vino porque un hacendado lo comprometió a dar clases a sus hijos. Le cogió gusto a la docencia y, a los diecinueve años, cuando la ley lo permitía, dio examen y optó el título de tercera. Con el título de tercera enseña donde los salesianos, en Quito, por un sueldo de seis sucres más una comida de perros, que lo postró y lo obligó a devolverse al terruño.

Pero alguna autoridad de educación ya le había echado el ojo. (En aquellos tiempos era posible cosa que ahora suena a fabulosa). Y le dieron el puesto de maestro en la escuela de Malchinguí – maestro único para una escuelita de tres grados –

Estando en Malchinguí, la revista “Educación” (¡En tan atrasados tiempos, el Ministerio de Educación tenía revista!), que dirigía Emilio Uzcátegui, promovió un concurso sobre el tema ”¿Cómo hacer obligatoria la enseñanza de la escuela primaria en el Ecuador?”, y el joven profesor de aquel arenal al pie del Mojanda sacó el premio.

Y siguió escribiendo y ascendiendo. Enseñando de todo y escribiendo de todo. Enseñó historia, matemática, geografía. En 1934 publicó una geografía (que yo manejé en mi escuela).

El arribo a los ricos territorios de la historiografía patria se dio con “Las mitas en la Real Audiencia de Quito”. Había ido a los Archivos de la Corte Suprema, donde dormían cubiertos de polvo y comidos de hongos los Archivos de la Real Audiencia, buscando otra cosa: el significado de algunos toponímicos (Pichincha, Carihuairazo, Cayambe). Y, de pronto, se topó con el horror de las mitas. ¿Y a cosa tan tremenda, habían dedicado González Suárez cuatro páginas y Cevallos muy poco más? Empezó a hurgar, a desvelar, a diseccionar.

Fueron siete años febriles. El libro apareció en 1948. Terminado el libro, quedaba el historiador en posesión de cientos, miles de nombres aborígenes que le tentaban a internarse por sus meandros en busca de sus significados, de sus orígenes, de la relación con los pueblos que los habían traído e impuesto. ¡Qué empresa tan tentadora! Pero debió jubilarse para poder darse a ella de lleno. Entonces sí, sin horarios, sin días festivos, sin ahorrar gasto ni esfuerzo.

Libros e iluminación sobre nuestra protohistoria comenzaron a sucederse. Desde los Pastos hasta los Cañaris, sendos tomos. 23 mil palabras revelaron costumbres, cultos, guerras, migraciones. Fue un lectura fascinante de signos. Y una obra fundamentalmente de la historiografía ecuatoriana del siglo. Mi homenaje al noble trabajador, tan modesto como grande, que, con ese silencio que tanto amó siempre, ha traspuesto el dintel que separara este pequeño mundo de lo que es ya historia.

“Aragundi de Molina José María”

El R.P. José Buitrón, Prior del Convento de San Agustín, de Guayaquil, por los años de 1888, al referirse a Monseñor Aragundi, dice así: “… el Dr. don José María Aragundi nació el año de 1811, el 24 de Septiembre, día en que la Iglesia Católica entona dulcísimos cantares y melodías a la Redentora de los cautivos, Virgen Santísima de las Mercedes, presagio sagrado que él debía de ser un tierno amante de aquella  Virgen Sacrosanta y un ilustre propagador de su culto. La Providencia Divina es la que dirige los destinos y ella fue la que hizo nacer en Portoviejo al eminente Deán…” “Sus padres fueron Ramón Aragundi y Gertrudis de Molina, ambos ilustres por su descendencia en la provincia de Manabí, pero más ilustre por la piedad cristina, noble carácter de la familia Aragundi”.

Jovencito, sale de su casa paterna, y se encamina a la ciudad de Cuenca en donde el Prelado Azuayo le acoge con benevolencia mirando en él rectitud de intención y señales inequívocas de auténtica vocación sacerdotal. En este Seminario hace sus estudios de gramática latina y otras asignaturas de instrucción. Luego, se dirige a Quito e ingresa en el Seminario de San Luis, en donde cursa sus estudios de Filosofía y Teología: como en el Semanario de Cuenca, se gana la simpatía de sus superiores por su claro intelecto y sus acrisoladas virtudes. El Ilmo. Sr. Arzobispo de Quito, Dr. don Nicolás de Arteta y Calisto no se vio defraudado en sus esperanzas respecto al aprovechamiento del joven levita, que al subir a la Capital llevo cartas de recomendación del Prelado Diocesano de Cuenca, en Sede Vacante.

En 1838, Monseñor Nicolás de Arteta y Calisto le confiere en la Iglesia Catedral las sagradas órdenes del Presbiterado. En 1841 se regresó a su tierra natal, en donde se encontró con su santa madre ya moribunda habiéndola asistido con ternura filial y encaminarla hacia el cielo, golpe rudo de la vida que supo recibirlo con resignación cristiana.

El primer campo de su apostolado fueron los Curatos de Montecristi, Charapotó y Pichota, en los que desplegó todo su celo, su salud y su saber, instruyendo al pueblo, a las religiosas, ya se le veía en la humilde cabaña del pordiosero, dispensando los santos sacramentos, levantándoles él mismo del rústico lecho y proporcionándoles alivios espirituales y temporales. El P.Buitrón, en oración fúnebre añade:  “Montecristi, Charapotó y Pichota jamás olvidarán la memoria del Sr. Dr. don José María Aragundi, celebrarán sus virtudes y no se perderá su memoria y su nombre se repetirán de generación en generación”. En Montecristi, siendo Cura Teniente, en 1842, bautizó al futuro Gral. Don Eloy Alfaro Delgado.

En 1844 , Monseñor Francisco Xavier de Garaicoa, practicando  la vista Pastoral de su Diócesis, se trasladó a la Provincia de Manabí, y conocedor de antemano de las virtudes y méritos que adornaban al Dr. Aragundi, tomó interés para que se pasara a la Catedral de Guayaquil. El Prelado Guayaquilense lo colocó de Maestro de Ceremonias y de segundo Capellán de Coro. En este tiempo dedicó sus días a la preparación de sus grados Universitarios para ser brillante “luz del mundo” para iluminar con mayores fulgores a sus conciudadanos. Salvadas las prendas relevantes de su alta sabiduría. El Excmo. Sr. Don Vicente Roca, Presidente de la República del Ecuador, en 1848, en el ejercicio de la ley de Patronato, le confiere el nombramiento de Prelado Menor del Cabildo de la Iglesia Catedral de Guayaquil.

En 1846 se dirige a Quito para obtener sus grados universitarios que los da con el lucimiento más grande y aplausos mil, la investidura de doctor en Jurisprudencia Canónica se la concedió el Sr. Dr. don José Manuel Espinosa, Rector de la Universidad Central del Ecuador, el 14 de Julio del año 1849. El grado de doctor en Jurisprudencia se lo confirió el Sr. Dr. Carlos Tamayo, Vice-Rector de la Universidad Central del Ecuador, el 27 de Agosto del mismo año, en virtud de los brillantes exámenes presentados ante Catedráticos los más acreditados de la Universidad como consta por sus títulos respectivos.

Habiendo regresado a Guayaquil laureado de Doctor, el Sr. General don Francisco Robles, Presidente del Ecuador, le nombró en ejercicio de la misma ley de Patronato, Prebendado Mayor  del Coro de la Catedral, en el año de 1855. Fue nombrado por Monseñor Garaicoa Promotor Fiscal Eclesiástico de toda la Diócesis y Capellán del Hospital Civil. En todos estos empleos iba haciendo el celo por la salvación de las almas, que era la porción que Dios le había encomendado al recibir y consagrarse de Ministro del Señor.

En 1864 obtuvo por oposición la Canongía Magistral. En 1866, el Ilmo. y Rmo. Sr. Dr. don José Tomás de Aguirre le nombró dignidad de Tesorero del Cabildo de la Catedral de Guayaquil. El mismo Prelado le designado de Guayaquil. El mismo prelado le designó Juez de Matrimonio y Examinador Sinodal, desempeñando todos estos cargos con aquella actividad y talento propios de su personalidad magnífica.

Los demás prelados siempre apreciadores de las prendas sobresalientes que le adornaban le encomendaron cargos delicadísimos, que supo desempeñarlos con acierto y satisfacción de sus superiores, según consta por las notas dirigidas por ellos.

Sus servicios no se limitaron tan sólo a los que demandaban su carrera eclesiástica, sino que los ha prestado a su Patria en el orden político, como hombre ilustrado y de beneficio hacia la humanidad doliente. Así, concurrió al Congreso Nacional. Fue senador de la Provincia de Manabí, en el año 1869. Fue varias veces Consejero Provincial  y Concejal de Guayaquil.

El Excmo. Sr. Delegado Apostólico Dr. don Francisco Tovani le dio el título honroso de Protonotario Apostólico. En atención a su rectitud y práctica en los asuntos eclesiásticos, en algunos ocasiones y por distintos Prelados fue designado Gobernador del Obispado de Guayaquil, cargos todos que Monseñor Aragundi los desempeñó dignamente y con aprobación de sus superiores.

El antes citado Padre José Buitrón, en su oración fúnebre, prosigue emocionado: “Por último, dejando aparte otros títulos honrosos, pasando en silencio su actividad, su desinterés, las iglesias protegidas y rentadas por él, los cementerios levantados por su entusiasmo y prodigalidad ”. En verdad, uno de esos Cementerios es el de la Parroquia Victoria, en el actual Cantón Urbina Jado.

Monseñor Carlos Adolfo Marriot, benemérito e ilustrado como fue, siendo Vicario General de la Diócesis, por Rescripto de su Santidad León XIII, del 29 de Junio de 1879, le confirió el título de Deán de la Iglesia Catedral de Guayaquil, que estaba vacante desde hacía cinco años por la muerte del último poseedor, el Rvmo. Monseñor Dr. Mariano Sáenz de Viteri.

Hizo viaje a la ciudad Eterna, Roma, por tener el placer más grande de ver al Sumo Pontífice y visitar los principales monumentos del Catolicismo. Fue agraciado de muchos títulos y privilegios, como el de tener Capilla en su casa y celebrar y hacer celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Le fueron dadas muchas reliquias de los Santos. Volvió al Ecuador, y comenzó a sufrir muchos achaques y en todas esas enfermedades, se lo notaba que su fría con aquella resignación y paciencia esperando nada más que el terrible momento en el que debía ser despojada su alma de su cuerpo mortal.

A continuación me complazco en extractar de la mencionada oración fúnebre, la última parte de ella, para comprender mejor y apreciar más la extraordinaria personalidad de tan eminente eclesiástico manabita, honra y prez de la entonces diócesis de Guayaquil. Leamos con atención lo que nos relata el Padre Buitrón.

“Yo mismo en varias ocasiones que tuve el honor de visitarle y administrarle el Cuerpo Sacrosanto de Jesucristo, no había visto que estaba esperando nada más que venga la muerte, y se había hecho administrar todos los Santos Sacramentos, que son el viático de todo hombre que sale de este mundo. En fin, esperando alcanzar su salud, sale para el pueblo de Samborondón, y allí había estado decretado por los arcanos divinos, de entregar su alma al creador, el día 23 de Junio (de 1888). En el momento en que iba a suceder la más terrible lucha de su espíritu contra todas las tentaciones diabólicas, se encontraba rezando las oraciones de la mañana, y al encontrarse en estas palabras: ”.

“En ti, después de Jesús, pongo mi confianza. Sé siempre mi amparo y mi defensa, oh Virgen poderosa, y en terrible trance de la muerte, cuando el dragón infernal haga los últimos esfuerzos para tragarme. Vuela a mi socorro, Oh Madre Santísima, y alcánzame la perseverancia final”, el Sr.Dr. don José María Aragundi, que había sido el más devoto de la Reina de los Ángeles, no podía ser menos que su compañera en el terrible trance de la muerte, y a pocos instantes entregó su alma a Dios a la edad de setenta y siete años. O Cruz, puerta del Cielo, ábrela para recibir al alma de un Ministro de Jesucristo, que camina por tu escala desde su infancia hasta su muerte. Abrela para que de esta manera puedas introducir en tus puertas eternas a aquel cuyo nombre no se perderá en la tierra y cuya memoria se repetirá de generación en generación. Así debemos esperarlo”.

De este modo expiró, en Samborondón, el Ilmo. Monseñor Dr. don José María Aragundi de Molina, deán de la Iglesia Catedral de Guayaquil, ilustre Prelado Guayaquilense que, entre sus múltiples donaciones, obsequió para la Iglesia Santa Rosa de La Victoria, cuidada por el Párroco de Samborondón, una hermosa custodia para albergar el Santísimo Cuerpo de Cristo, que los Victoreños la guardan con enorme cariño y que en la fiesta del Cuerpo de Cristo la contemplan llenos de alegría y orgullosos de tener tan bella reliquia, recuerdo de Monseñor Aragundi.

Su cadáver fue trasladado a la Catedral de Guayaquil, recuerdo de Monseñor Aragundi. Su cádaver fue trasladado a la Catedral de Guayaquil, en la cual le celebraron solemnes exequias, misa y oración fúnebre, la primera organizada por el Vble. Capítulo Catedralicio, y la segunda, pronunciada por el Prior de la Iglesia de S. Agustín, de Guayaquil, Fray José Buitrón. Terminada la celebración litúrgica sus restos mortales fueron conducidos a la cripta de la Iglesia Catedral. Más tarde, fueron trasladados a la Iglesia San Francisco junto a los restos del vate y patricio José Joaquín de Olmedo y del eximio ex – Primer Mandatario de la Nación, Sr. Dr. Vicente Rocafuerte y Bejarano, hasta el incendio grande de Guayaquil, acaecido en los días 5 y 6 de Octubre de 1896, que destruyó el templo franciscano, aunque salvados los venerandos restos de las personalidades antes anotadas.

Accionistas del Banco del Ecuador en 1885.

José María Aragundi  1 acción, E. H. Arosemena 3, Manuel Baluarte 1, Ana Bonin de Puig 1, J.H. Butler 1, Luis Costa Durante & Cia, Garbe Garcia Borenoli, José Guillame, Luciano Jaramillo, Miguel Juanola, López, Antonio Madinyá, José Marta, Gregorio Mascaron, Moreno y Cia, Sánchez Quintana, Seminario, Bartolomé Vignolo, Martín Avilés, Isidro Icaza, quedando 3 en poder del banco. El aumento de Capital se completaba con 400 acciones al portador de 5000 pesos cada uno.

“Aragundi Vera”

El sacerdote Aragundi, sostuvo que el juramento era nulo, porque no había sido prestado para un mejor bien. Se refería al de García Moreno en 1869.

“Aragundi Efrén”

El 30 de Marzo de 1946, el Dr. José María Velasco Ibarra mediante decreto expulsa al comandante Efrén Aragundi, por estar involucrado en una posible revolución.

“Arambulo Vicente”

El Ciudadano Vicente Arambulo, vecino de esta ciudad, de estado casado; queda inscripto en este Libro de matrícula de Comerciantes, para ejercerlo por menor. Guayaquil a 10 de Agosto de 1837.

“Arana Pedro de”

Natural del señorío de Vizcaya, siguió la carrera de la milicia y pasó a la América, como uno de los conquistadores del Perú, donde trabajó con valor y conducta y se hallaba establecido y con caudal en la ciudad de Lima cuando sucedió el alboroto en Quito con motivo del establecimientos de las Alcabalas, el año de 1592, para cuya pacificación lo eligió el Virrey, Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, por el crédito que tenía de juicio, talento y experiencia militar; y el suceso feliz de su jornada y castigo de los rebeldes, acreditó el acierto de la elección, vivía el año de 1598 en que sucedió yendo de su orden a Quito y alboroto de aquella ciudad sobre las Alcabalas, con otras cartas de los Ministros de la Audiencia sobre que no llegase a la ciudad. Manuscrito Original de la biblioteca Real – Memorias de las cosas que se deben prevenir en el Perú, para si vienen otra vez Corsarios a él y a Chile. Manuscrito Original en la Biblioteca Real.

“Aranda Martín de”

El año de 1622, con poca diferencia, hubo un suceso de los más memorables. Se internó por Panamá y Lima al Reino de Quito un hombre desconocido, y llegando a las cercanías de Riobamba, fijó su residencia en el territorio de la parroquia de Guamote a distancia de cuatro leguas de distancia de la Villa, en unas cuevas que hacen las peñas en el camino real, manteniéndose, según refiere el Padre Velasco, con la limosna que le daban los pasajeros, que la pedía siempre con el disyuntivo de que se la diesen por Dios, o por el diablo: y, según otros, con los alquileres de un caballo que tenía la virtud para andar muchas leguas en pocas horas. Era de aspecto venerable y representaba la edad como de 60 años. Se ignoraba absolutamente quien y de dónde fuese, porque nunca lo quiso decir; menos se conocía que religión profesaba, porque teniendo cerca una iglesia, nunca se le vio oír misa, era extranjero por lo mal que hablaba el castellano. Tampoco se podía descubrir ni entrar en ella, así es que algunos que pudieron oír algo de él mismo, hicieron juicio de que fuese luterano. Observando un día aquel ente peregrino que pasaba mucha gente, le hizo novedad, y preguntó a dónde iban. Se digirieron a Riobamba, por ver las solemnes fiestas que anualmente se hacían en obsequio de su patrón San Pedro. Siguiendo a la misma gente entró a Riobamba y se encaminó a la iglesia principal, en donde se iba a celebrar una misa solemne con panegírico del Santo. Confundido entre la multitud, se puso muy cerca del altar mayor, sin que nadie lo reparase. Empezó la misa con un gran concurso y asistencia del Corregidor y Cabildo; se pronunció el panegírico, y, cuando el sacerdote alzó la hostia, se levantó el luterano, como agitado de las furias infernales, y se abalanzó a la hostia consagrada y la hizo pedazos. Apenas observaron los asistentes este sacrílego atentado y la turbación de los sacerdotes que estaban en el altar, cuando los Cabildantes, que tenían más inmediato su asiento, le dieron tantas estocadas, que cayó muerto al pie del mismo altar. El prodigio grande que obró Dios en este acaecimiento, fue el no permitir que se manchara su iglesia con la sangre de aquella infernal furia, que no arrojó ni una sola gota, a pesar de que estaba atravesado el cuerpo de centenares de estocadas, hasta que, sacado de la iglesia, y al mismo tiempo de estar fuera, arrojó abundantes plomadas de negra sangre. Atado a la cola de un caballo y arrastrado, fue arrojado a un campo distante. Y autenticado todo el suceso, el Cabildo dio cuenta al Rey.

Era corregidor entonces D. Martín de Aranda, natural de Chile, a quien le hizo tanta impresión este acontecimiento, que disponiendo en obras pías todos sus bienes, se convirtió y se metió en la Compañía de Jesús, premiándole Dios con el martirio que consiguió muriendo en manos de los bárbaros Hicuras.

El Cabildo obtuvo una Real Cédula muy honorífica del Sr. Felipe 4° aplaudiendo la conducta de sus miembros, y aprobando la muerte del luterano. Le concedió gracias y privilegios haciéndolo uno de los más ilustres del Reino, dando a la Villa el título por escudo de armas una cabeza atravesada de dos espadas al pie de la Custodia del Sacramento.

Don Martín de Aranda Valdivia fue el primer corregidor que tuvo el partido de Riobamba. A Aranda  le debe la actual Capital de Chimborazo su acrecentamiento: él parece que hizo algo como una nueva fundación, y llamó a la población de San Pedro de Riobamba. “La Villa del Villar – don – Pardo”, en atención al Virrey del Perú, Conde de este título.

Riobamba, a propósito de la muerte que sus regidores dieran al sacrílego de que hablaba el texto, obtuvo en escudo de Armas, consistente en un cáliz de oro.

La cédula de merced de este escudo de armas no ha podido ser encontrada y se conoce el escudo tan sólo por relación de los historiadores. Esta cédula no figura siquiera en el Nobiliario de Conquistadores de Indias.

“Aranda Fernando de”

Vecino Fundador de Valladolid.

“Arauco Juan de Dios”

Nació en Arequipa. Llegó a Guayaquil en Granaderos de Reserva. Teniente Coronel y Miembro del Colegio Electoral el 11 de Noviembre de 1820. Estuvo casado con Petra Barno de Ferrusola y Paredes

“Araujo Francisco de”

El agua elemento de primera necesidad que no podía en el nuevo sitio de Ambato en 1698. La consiguieron gracias a la intervención del cura de Santa Rosa, R.P. Maestro Fr. Francisco de Araujo doctrinero de ese pueblo.

Este comprometiese, pocos días antes de la posesión del sitio, por acuerdo con don Antonio de Ron, a dejar expedita una acequia hasta Ambato, dentro del plazo de ocho días. Debía tener ella vara y media de ancho y tres cuartas de hondo, desde la toma de dicha acequia hasta el alto de Huachi. Su precio se estipuló en la suma de CIENTO CINCUENTA PESOS, que el contratista dividió así: ciento, la construcción de su iglesia, y cincuenta, para los indios que debían trabajar en la apertura de la acequia.

“Araujo Hidalgo”

NUEVOS TIEMPOS

Se dirá, con sobrada razón, que la política, hace 30 años, era más pedestre. A los agentes de seguridad del Servicio de Inteligencia de la Policía (SIPE), registrados en el Regimiento Quito N° 1, se les apodaba con el adjetivo que se daba a los automóviles pequeños: <<pichirilos>>. Eran <<provocadores>>: gritaban contra <<el loco>> y a la vez atacaban los domicilios de los enemigos del gobierno. Y, cuando fueron acosados por atacar a Juan sin Cielo, se los protegió desde la más altas esferas y Velasco entabló una polémica con la función judicial aduciendo <<fuero policial>> de los pesquisas.

Ya en el gobierno de Ponce, Araujo y Sáa fueron sobreseídos, en tanto que Noboa y Gómez fueron sancionados como autores materiales del atentado. En la prisión organizaron una mafia de asaltantes que salía de las celdas para cometer sus atracos…

Las responsabilidades de importantes políticos como Araujo, Arízaga y Sáa siempre fueron evidentes y, preso Noboa Landínez, las autoridades de Policía no quisieron entregarle a cargo del juez de lo penal, temiendo que sus declaraciones pudieran resultar muy comprometedoras y el gobierno de Ponce se apresuró en deslindar responsabilidades en las fechorías cometidas. Juan sin Cielo se preguntaba entonces: <<Si los funcionarios del gobierno (de Ponce) nada tuvieron que ver, ¿Por qué se hicieron cargo de la protección de los pichirilos?>> ¿Política…pedestre?

Felizmente han pasado 30 largos años y la situación, con toda seguridad, será distinta. El ataque del 25 de septiembre de 1987, al interpelante diputado Delgado, jamás podrá haber sido tramado en los pasillos ministeriales y aquellos que lo plagiaron a viva fuerza, le propinaron contundentes golpes, le produjeron un hematoma saburral y le botaron como fardo de desperdicios cerca de Sangolquí no podrán, jamás, ser amamantados con la cuenta de Fondos Reservados del Ministerio de Gobierno.

Son largos años. El país está en plena reconstrucción. Aquellas épocas en que las instituciones gubernamentales estaban infestadas de politiqueros y de chullas dispuestos a cualquier estupro, pertenecen al pasado. Al fin y al cabo, la modernidad viene aparejada de una mayor integración de la especie y los derechos propios de la naturaleza humana son mejor reivindicados por las autoridades y el mismo vulgo. La política es, ahora, distinta a la que practicaron, por ejemplo, el <<capitán del pueblo>>, Guevara Moreno, y sus lugartenientes…

Con toda seguridad esto será paladina y prontamente demostrado por <<su excelencia>>, el ministro Luis Robles Plaza. Sólo hace falta que los cuerpos policiales atrapen prontamente a los siete forajidos que intentaron ultimar al diputado Diego Delgado, y los entreguen a la implacable severidad de la justicia…

UNA INTRIGA MINISTERIAL

Cuando en Agosto de 1956, el socialcristiano Camilo Ponce Enríquez asumió la Primera Magistratura afirmó: <<Pensé que me habían elegido presidente de la República, pero parece que me han designado síndico de una quiebra>>… y prontamente rompió con el tercer velasquismo, del cual había sido su candidato oficial. Tanto es así, que el presidente Velasco Ibarra había promocionado personalmente su candidatura en todo el país antes de terminar el único periodo que consiguió lograrlo. Se dice que la coerción moral ejercida por el clero en esa campaña presidencial se manifestó en sermones públicos cargados de amenazas de ex – comunión para quien, siendo católico, no votase por el candidato que lo era. El 4 de Mayo de 1957, el diario <<La Nación>> hizo públicas fotocopias de recibos y otros documentos probatorios de cómo se repartió los dineros del Estado a inspectores de Policía y guardas de Estancos, para gastos de la campaña presidencial del oficialismo.

Lo cierto es que ya en el poder, rotos los fuegos con los velasquistas, los poncistas metieron en la cárcel a quien fuera secretario general de la Administración de Velasco, implicado en el caso de los pichirilos: Manuel Araujo Hidalgo. Esto dio pie a que entre él, y el más importante de los ejecutores del atentado, Alejandro Noboa Landínez, se produjera un careo que develó toda la intriga, aunque Araujo permanentemente negara alguna participación en <<el miserable y cobarde ultraje>>

Consta en <<La Calle>> N° 14, de Junio de 1957: <<El nombre de un exministro: Dr. Rafael Arízaga Vega. El número de un Cheque: 09152, por la cantidad de 8.000 sucres, y once largas horas de inculpaciones fueron lo destacado del careo entre los pichirilos Araujo Hidalgo, Rodrigo Álvarez Sáa y Alejando Noboa Landínez… fue el doctor Araujo quien diligenció la orden de allanamiento del domicilio proporcionó vehículo, chofer y ayudante para la práctica de tan tremenda diligencia y que fue el mismo doctor Araujo quien escogió el sitio para el atropello…>> Y en la edición N°15: <<…uno de los autores, cansado de estar a salto de mata, acaba de enviar una carta… en la que se declara culpable, conjuntamente con Gómez Olmedo y acusa de que quienes le ordenaron cometer este acto fueron el ex – secretario general de la Administración, el ex – subsecretario de Gobierno y el ex – ministro; por eso están presos los doctores Araujo Hidalgo, Álvarez Sáa y Teniente Pedro Concha Enríquez>> Y en un artículo de Juan sin Cielo (<<La Calle>>, N° 16): <<Arízaga Vega sostiene…que no puede declarar sobre el cheque, porque eso sería como declarar sobre sí mismo y causarse implicaciones penales… Dicho en otras palabras, ha tácitamente confesado: 1° Que pagó esa cantidad al pichirilo Paredes Landínez, de dinero del Estado, cuenta Gastos Reservados del ministerio de Gobierno, como honorarios por el atentado contra mi vida. 2° Que el gobierno del Dr. Velasco Ibarra pagada a plazos, con dinero del Estado, por medio de sus ministros de Gobierno, el atentado cometido contra mi vida por los pichirilos. 3° Que el contralor…aprobó e que se invierta, por el gobierno del Dr. Velasco Ibarra, el dinero del Estado en pagar criminales que atenten contra la vida de los periodistas de la oposición>>

Y, como los gastos, por más reservados, no dejan de ser gastos, he aquí la cuenta obtenida de la misma revista, edición N° 18:

<<1.- Sueldos del agente Noboa Landínez: S/. 34.000,oo

2.- Sueldos del agente Gómez Olmedo: S/. 25.000,oo

3.- Viáticos de los agentes y de sus acompañantes: S/. 40.000,oo

4.- Gastos de prensa en aclaraciones, remitidos, papeleo, arreglo de pasaportes: S/. 10.000,oo

5.- Cheque entregado por Arízaga Vega al hermano de Noboa Landínez: S/. 8.000,oo

6.- Costo del cargo diplomático en Bélgica concedido al ministro de Gobierno: S/. 220.000,oo

7.- Costo de cargo consular en Bonn al subsecretario de Gobierno: S/. 160.000,oo

8.- Costo del cargo consular en Bogotá al jefe de Seguridad Nacional: S/. 140.000,oo

9.- Fondos administrados por Araujo Hidalgo: S/. 80.000,oo

TOTAL: S/. 717.000,oo>>

Una cuenta en sucres de 1957…que alguien denominó <<el puñetazo>>

OSCURA COMO BOCA DE LOBO…

Por Diego Cornejo

De Editorial El Conejo

15 de Abril de 1955. La <<Avenida de los Sauces>>, hoy Gaspar de Villarroel, en Quito, fue el escenario escogido para atentar contra la vida del periodista. <<Oscura como boca de lobo – dice la revista La Calle – parece el ámbito propio de la tiniebla y de la muerte. Hacia allá, torciendo cien calles, fue la camioneta verde de la Policía llevando al periodista y a sus cuadro verdugos…Aquella tarde había llovido torrencialmente. Las fábricas de la zona de “El Inca” se habían inundado y los caminos eran un solo fangal…Allí se obligó a Juan sin Cielo a descender para que en su persona los cuatro verdugos cumplieran la justicia de Velasco Ibarra…Lo golpearon una y cien veces en el rostro y la cabeza…Entonces el periodista perdió el sentido. Al caer, la cabeza se hundió en el agua helada…Volvió en sí el herido en el momento preciso en que alguien le decía: “Tírale el carro encima, ¡carajo!” El hondo instinto de la vida hizo de Juan sin Cielo se arrastrara fuera de la cinta empedrada…y se refugiara en la cuneta…Los verdugos siguieron hacia La Carolina, Juan sin Cielo, cayendo y levantando, se dirigió hacia la fábrica “Itesa”… cuando oyó que el carro de sus verdugos regresaba…llegaron hasta el camino de “El Inca”, dieron curva y volvieron a la Avenida de los Sauces, más lentamente aún, buscando a su víctima. Juan sin Cielo, hundido en el agua hasta el cuello, ni respiraba…Al fin, el carro se perdió a los lejos…En el camino de “El Inca” hizo parar un automóvil que pasaba…Era el gran industrial don Emilio Isaías, quien venía de su fábrica San Juan en compañía de su hijo don Estéfano y de su amigo don Fuad Dassum…”¡Llévame a El Comercio” les pidió. Así lo hicieron. En la redacción del decano una profunda sensación se produjo cuando el periodista, bañado en sangre, manchado de lodo, cubierto de heridas apareció. Era la viva imagen de la prensa Ecuatoriana bajo Velasco Ibarra!>>.

Este testimonio apareció en <<La Calle>> del 4 de Marzo de 1957, semanario dirigido por el mismo Juan sin Cielo. Entonces, era subdirector Pedro Jorge Vera, que firmaba sus artículos como <<Diablo Cojuelo>>

Con el tiempo los periodistas se distanciaron, y Vera después editó por varios años, entre clausura y persecuciones, la revista <<Mañana>>

Allí, en cierta oportunidad de septiembre de 1961, dejó entrever que la afrenta soportada por Juan sin Cielo fue un <<castigo antihigiénico>>, mayor que el relatado inicialmente…

“Araujo Leonardo”

Sacerdote Quiteño del Siglo XVII fecundo en ardides, ingenioso, activo, diligente y de una voluntad decidida e incontrastable, sin que ni el visitador Mañozca, ni su aduladores cayeran en la cuenta de nada, ni sospecharan lo que estaba pasando, se puso de acuerdo con el Presidente Antonio Morga, con los oidores y con varias otras personas; aparejaron un extenso memorial con cartas de los jesuitas, de los mercedarios y de los franciscanos, en las que se recomendaba encarecidamente la conducta del Doctor Morga, y se ponderaba lo triste de la situación a que lo había reducido el visitador Mañozca y con estos documentos el Padre Araujo salió de Quito y emprendió viaje a España, con una prontitud y una diligencia, que, aun ahora, serían sorprendentes. Y negoció en la corte con tal habilidad, que, habiendo salido que Quito en Marzo de 1626, en Septiembre del año de 1627, estuvo ya dispuesto el visitador, que al enterarse de todo lo actuado por Araujo se dirigió al Provincial Fray Fulgencio Araujo, hermano entero del anterior, para que lo desmienta con nuevas cartas. Mañozca tuvo que permanecer alejado de Quito y el Padre Leonardo Araujo regresó, con lo que la ciudad y su concento se dividieron en dos bandos irreconciliables, unos con Araujo y otros con el Padre Francisco Chávez.

Entre tanto, Fray Leonardo Araujo, fingiendo un viaje de mero descanso a la provincia de Imbabura, toma disimuladamente el camino de Pasto, para bajar por el Magdalena a Cartagena, y embarcarse de nuevo para España, para seguir intrigando contra Mañozca, que todavía conservaba algo de poder. Fray Leonardo era astuto y previsivo; armase de patentes y recomendaciones para el buen éxito de su viaje, y salió a ocultas de Quito, encargando a Fray Andrés sola, provincial de los mercenarios, que, con toda seguridad, le remitiera a Pasto un par de petacas, en las cuales llevaba sus papeles y documentos.

Para cumplir mejor la recomendación de su amigo y confidente, determinó el Padre Sola llevar él mismo en persona las petacas hasta Pesillo, desde donde le sería más fácil remitirlas a Pasto.

En efecto, una mañana, como a eso de las nueve, los indios de Pesillo salían del convento de la Merced, conduciendo una mula con dos Petacas, y tomaban el camino del Norte: el Padre Sola creía que nadie era sabedor de su secreto, pero se equivocaba grandemente. Los indios llegan al ejido y allí tres frailes agustinos, armados de garrotes, les salen al encuentro, los detienen y les intiman que entreguen al punto las petacas: los indios resisten: los frailes hacen del cabestro a la mula; los indios defienden las petacas, agarrándose de ellas por entrambos lados: los frailes descargan sobre los cuitados sus garrotes y, apaleándolos, le quitan violentamente la mula, y se vienen a Quito, tirándola del destierro. Asustados los indios, regresan a carrera a la Merced: en la calle encuentran al Padre Sola y le dan cuenta de lo que había pasado. Oye el Padre Sola la noticia de los indios, voltea riendas a su caballo lo espolea y corre tras los agustinos: Alcanza a divisarlos de lejos, y comienza a dar gritos, clamando que le devuelvan las petacas: los agustinos hacen como que si no lo oyeran, y acelerando el paso: se meten por la puerta falsa de su convento: quiere el Padre Sola darles alcance; pero, en el afán de correr, resbala sus cabalgadura y da con el fraile en tierra. Los agustinos habían conseguido su objeto: se habían apoderado de todos los papeles del Padre Araujo.

La ciudad de conmovió: nadie sabía darse cuenta de lo que estaba pasando: unos levantaban del suelo al Padre Sola, otros seguían a los agustinos: frailes de la Merced bajaban corriendo: los tres indios hablaban a gritos en su idioma, y el concurso de curiosos se aumentaba por instantes. ¿Qué es esto?… preguntaban todos, con curiosidad…los Padres agustinos le han robado las petacas del Provincial de la Merced, respondían algunos.

El Padre Sola se presentó en la Audiencia, demandó judicialmente a los agustinos y exigió que le fueran devueltas las petacas: admitida la demanda, se dio orden al Prior de los agustinos de entregar las petacas. El Padre Chavez cumplió, sin dificultad, el auto de la Audiencia, presentó las petacas e hizo constar que eran de si provincial, del Padre Leonardo Araujo, que había emprendido viaje a España, sin patente del Definitorio. Llegado a este punto semejante negocio, todos guardaron silencio, contentándose los oidores de informar vagamente al Consejo de lo que había sucedido. Este fue uno de los más escandalosos incidentes a que dio motivo la estrepitosa visita del Inquisidor Mañozca.

“Araujo Miguel de”

Tenía de virtuoso e inteligencia. Era doctor en Teología y había escrito mucho sobre esa materia. En el pasado tenía solo un pecado: Había sido un recalcitrante realista.

En 1830. En Ambato residía, pobre y anciano, el de veras celebrado teólogo y descendiente de los Cepedas y Ahumadas, Sr. Dr. don Joaquín Miguel de Araujo quien, describiendo su situación, decía entre otras cosas el Ilmo. Sr. Rafael Lasso de la Vega, Obispo de Quito, lo que sigue: “No obtengo capellanía alguna, y me ordené a título de patrimonio impuesto en una hacienda nombrada Milán, que en la actualidad me la van a quitar por deuda de mi finado padre: con que en adelante soy clérigo incongruo a pesar de haber servido tantos años en la Iglesia con mi propio patrimonio”

“Araujo Sánchez Francisco”

Nació en Quito en el año de 1937. Realizó sus estudios de Derecho obteniendo el Título de Licenciado en Ciencias Sociales. En 1962 Edicones “Ateneo Ecuatoriano” publicó su primer libro: NOTAS PARA ELÍAS, LA LLAVE MAESTRA (inédito). Un solo libro aquel que ordinariamente solo sirve para dibujar promesas en el horizonte sirvió para imponer el nombre de su autor en la primera línea de la nueva poesía Ecuatoriana. “Poesía comprometida con el hombre y su destino desde un posición de metafísica pura”, se dijo de este libro. Ascético en él uso del lenguaje, pero con una carga vivencial capaz de conferirle resonancias y esplendores hasta entonces inéditos, la de Araujo Sánchez es de esa poesía llamada a perdurar, sea que designe realidades metafísicas o convoque a los amables o trágicos según fantasmas cotidianos. Dirige la revista de poesía Niziah. Actualmente se encuentra realizando estudios artísticos en los EE.UU.

“Araujo Juan de Dios”

Milicias de Guayaquil, en 1821. La del primer batallón de Libertadores: Coronel don Juan de Dios Araujo. El Coronel Araujo desempeñaba la Comandancia General.

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