“ARAUJO – ARÁUZ”

“Araujo Juan Bautista”

Por una licencia que solicita a la Rma. Curia de Guayaquil para viajar a Riobamba, podemos conjeturar que fue natural de esta capital Chimboracense. En efecto, en diciembre de 1870 viajó a dicha ciudad para volver después de 40 días de estadía en el altiplano.

Su ordenación sacerdotal tampoco está registrada en el respectivo Libro de Ordenaciones, por lo que es posible que el P. Araujo vino a Guayaquil después de poco tiempo de recibir la ordenación sacerdotal, lo cual, puede deducirse por los años que sirvió en la Parroquia Pimocha, durante los siguientes períodos: del 1° de Abril de 1957 al 11 de Julio de 1861; del 23 de Junio de 1862 al 24 de Septiembre de 1870; y del 12 de Mayo de 1902 o el 7 Septiembre de 1903.

“Araujo Rodrigo de”

Licenciado, cura de Riobamba, designado por el Cabildo de Quito el 4 de Mayo de 1624 continuó gobernando la diócesis hasta la llegada del nuevo obispo, Don Fray Francisco de Sotomayor, a fines de ese año.

“Araujo González Joaquín Miguel”

En 1828 el Obispo Miranda Suárez, al designar al Dr. Joaquín Miguel Araujo para dictaminar respecto al libro de Solano, hace un nombramiento acertado, pues el clérigo Quiteño goza del merecido prestigio de ser entonces quien más amplios conocimientos teológicos posee en el Ecuador, siendo considerado por Prelados y canonistas como varón de consulta en estas materias. Solano, en cambio, es una incógnita todavía. Cumpliendo con lo mandado, Araujo enjuicia la obra de Fray Vicente. Termina su trabajo en Ambato el 6 de Noviembre de 1828 y lo envía sin tardanza al Obispo. “Censura crítico teológica, hecha por orden del Ilmo. Señor don Calixto Miranda, Obispo de Cuenca y Gobernador de la Diócesis de Quito, sobre el libro intitulado: La predestinación y reprobación, según el sentido genuino de las Escrituras y la razón, por Fr. V.S.” Impreso en Cuenca. Año de 1828 al Dr. Araujo ni hay ofensa para nadie, indirectamente se prueba el proceder de éste, quien aplaudía y recomendaba de buena fe la labor de los protestantes que repartían Biblias, actitud que mereció reproches de varios miembros del clero, pero de la cual Solano manifestó arrepentirse confesando públicamente su error en 1828.

El título puesto en su contestación ya indica la forma en que Solano se propone tratar el asunto, recurriendo a términos fuertes, a burlas y aún a injurias: “El baturrillo o censura crítico teológica por don Veremundo Farfulla, analizada y reducida a su verdadero punto, por el fraile V.S.. Imprenta de Cuenca por J. Maya año 1829.” Consta el folleto, además, de cuatro páginas de portada y advertencia, y de sesenta páginas de texto. El Dr. Joaquín Miguel de Araujo. Apuntes biográficos y críticos, por Juan León Mera. “Revista Ecuatoriana.”

Números LVIII, LIX y LX, correspondientes a Octubre, Noviembre y Diciembre de 1893. Quito, Ecuador.

Joaquín Miguel Araujo hijo de don Carlos de Araujo y de Doña Tomasa González nace en Quito, siendo Bautizado el 4 de Febrero de 1774; por lo tanto es diez y siete años mayor a Fray Vicente. Muy joven adquiere los títulos de Maestro y Dr. en Teología, cuya cátedra la desempeña en la Universidad, aunque después ejerce la cura de almas en varias parroquias de distintos lugares de la República, principalmente en Ambato, ciudad en la que, rodeado de toda clase de consideraciones, fallece el día 13 de Febrero de 1841. Afirmación de Sr. Mera de Araujo “Profundizó las ciencias eclesiásticas y filosóficas cual ninguno en su tiempo en América”, la verdad es que su ciencia no aparece en grado tan eminente como para merecer esa hiperbólica alabanza en lo poco, poquísimo, que escribió. La verdad es que el doctor Joaquín Miguel Araujo, a pesar de sus conocimientos teológicos que no se pueden negar y de su erudición también evidente, en toda su larga vida sólo pública dos folletos de alguna importancia. El primero de ellos se intitula: Disertación sobre la facilidad de ordenar y sobre la multitud inútil de sacerdotes, por el Dr. Joaquín Miguel Araujo, sacerdote de Quito residente en la villa de Ambato.

Popayán, imprenta en la Universidad, por Manuel Gregorio Córdova MDCCCXXXV. 2 – VI – 58  páginas. El otro folleto está rotulado así: Disertación sobre la lectura de la Biblia en la lengua vulgar. Con breves notas sobre la vindicación que ha publicado el señor Isaac Wheelwrigh, preceptor del colegio de niñas educandas de Quito por haberle acusado el fiscal eclesiástico de dogmatizante, contra la creencia católica. Por el Dr. Joaquín Miguel de Araujo. Año de 1838. Imprenta de la Universidad Central del Ecuador, por Juan Pablo Sanz. 28 páginas. Este opúsculo contiene la palinodia de Araujo sobre lo que en años anteriores opina favorablemente respecto a las Biblias sin notas, de la Sociedad Bíblica de Londres. Explica que aquella declaración la hace en Noviembre de 1824, ignorando que, en Mayo de ese mismo año, el Papa León XII había ya prohibido la circulación de esa clase de Biblias; proceder que, ahora, en oposición a lo que pensó antes, lo cree sumamente acertado, porque es el tiempo el que ejerce “El gran magisterio de la experiencia”. A estas dos publicaciones hay que agregar la Censura crítico – teológica del folleto intitulado La Predestinación y Reprobación de los hombres, que aunque escrita por Araujo, no la pública éste, pues, como luego se verá, sólo aparece en letras de molde en 1846, cuando ya habían transcurrido cerca de cinco años de la muerte de su autor. Sabiéndose que, al verte al castellano el texto inglés, Olmedo sometía los originales al ilustrado criterio del Sr. Dr. José Joaquín Araujo el censor de la Predestinación de Solano, clérigo de acendrada fe y buen teólogo, pidiéndole y recibiendo consejos y observaciones.

“Araujo Diego”

El Dr. Diego Araujo, es profesor de Literatura Ecuatoriana en la Universidad Católica de Quito, conocido crítico literario, hombre versado en el conocimiento de la novela ecuatoriana, sus opiniones autorizadas, científicas, justamente le han creado un espacio de respeto por su trabajo. Esto nos llevó a esta conversación de la que esperamos surjan criterios polémicos que le den sentido a sus opiniones literarias.

Diego, eres un estudioso de la novela ecuatoriana, estás al día en la lectura de los textos de narrativa. Dentro de una mirada general. ¿Cómo ves la novela ecuatoriana en los últimos diez años?

Hay un dato estadístico que me parece significativo, en los últimos diez años se han publicado alrededor de 81 novelas, en los veinte años anteriores también se publicaron 81 novelas, es decir este dato es interesante en la medida que nos da un indicio del crecimiento cuantitativo, numérico de las novelas en el Ecuador. Entonces, hay que preguntarse, el porqué de este desarrollo, y si también de alguna forma se puede hablar de un crecimiento cualitativo de la novela y yo creo que el crecimiento de la novela está vinculado al fenómeno; a los cambios que se producen en la sociedad ecuatoriana de los 70, cuando se incorpora como protagonista de muchos episodios de la vida nacional, como personaje de la vida nacional, el petróleo. Este crecimiento de los sectores urbanos, de alguna forma refleja también una mayor bienestar de los grupos medios, creo que de alguna forma va creando un público, mayor número de los lectores; así, en los años 60, por ejemplo, ya hay editoriales que hacen ventas masivas de libros en el país, asunto que no era tan frecuente veinte años atrás. Entonces, creo que el crecimiento de la novela está vinculado a este fenómeno del crecimiento de la ciudad, de cierto “bienestar” ligado a determinados grupos sociales.

Esta modernización refleja de la sociedad ecuatoriana, ¿necesariamente significa hablar de nuevos temas en el arte de novelar?

Yo creo que las condiciones materiales de las nuevas condiciones de la sociedad ecuatoriana han cambiado radicalmente. La cosmovisión o visión del mundo de los grupos sociales, como llaman los sociólogos que con más coherencia ha recogido estas nuevas modalidades en la conciencia colectiva, cuya materialización está todavía en desarrollo, me parece que es la novela, en general el relato. Yo veo que en la literatura de los últimos veinte años, del 70 hasta nuestros días, realmente el relato ecuatoriano es la manifestación intelectual que con mayor coherencia ha recogido estos cambios sociales.

Hablas del relato en general…

Del cuento y de la novela, e incluso me parece                que hasta cierto punto, como hacía notar hace poco, Ernesto Albán Gómez, el cuento ha estado un poco siempre a la vanguardia; el caso del relato ecuatoriano se adelantó un poco en los años 30. El primer gran libro de narrativa es un libro de cuentos:

“Los que se van”; la gran figura de esos tiempos es De la Cuadra, un gran cuentista; es decir, antes de la maduración de la novela en los años 30, hacía notar Ernesto Albán, y yo comparto plenamente ese juicio, había madurado tanto el cuento. Yo creo que aquí, en los 70 u 80, pasa también algo análogo. Realmente el cuento, como en este encuentro de literatura, por ejemplo, ha hecho notar muy bien Cecilia Ansaldo, ha conseguido una madurez especial.

Diego, hablemos de las tendencias. Tú como crítico y decía al comienzo del diálogo, lector atento de nuestra novela ¿Puede hablarse de una novelística ecuatoriana, para utilizar los términos de Alejo Carpentier?

Pienso que es una novelística en construcción, que una novelística en el mismo término de Carpentier, es algo que se va haciendo, es algo que se va haciendo, es algo que se va edificando, una novelística en proceso, que no es del todo aislada, ni distinta de la tradición novelística hispanoamericana, latinoamericana. Creo que puede hablarse de proceso de formación, de consolidación de la novelística en el Ecuador, que es parte de la novelística latinoamericana en el sentido en el cual hablaba Carpentier.

¿Para tener un sitial respetable en el concierto novelístico de América Latina?

Pienso que sí. Tú me averiguas en relación con las nuevas temáticas de la novela, y me parece que una temática muy frecuente de la novela de estos últimos años ha sido la crisis de ciertas utopías revolucionarias. Esto lo veo muy claro en algunas novelas; por ejemplo, en el caso de “Sueños de Lobos” de Abdón Ubidia, en “Teoría del Desencanto”, de Raúl Pérez; antes estuvo ya en “El Desencuentro”, de Fernando Tinajero, incluso en “El Desbastado Jardín del Paraíso”, de Alejandro Moreano, está en “La tarde del antihéroe”, de García Calderón, está en la última novela de Juan Valdano; de algún modo que todas las novelas anteriores que he mencionado tienen un poder testimonial relativamente cercano a nosotros, las euforias revolucionarias de los años 60, la crisis de las izquierdas, los desencantos, incluso de esas euforias revolucionarias. En el caso de la novela de Juan Valdano, “Mientras llega el día”, se ambienta la novela en los días anteriores, a la matanza del 2 de Agosto de 1810, pero es un tema en ese sentido muy actual, porque también es la crisis de una propuesta revolucionaria, en la crisis de una utopía, me parece que este es un tema muy importante en la novela ecuatoriana de estos años; creo que Fernando Tinajero se ha referido como signo no sólo de la novela sino de la literatura ecuatoriana de los últimos años, a una literatura del desencanto y creo que en gran sentido tiene razón.

De pronto hay una ruptura en el tema del desencanto, por una temática histórica, como es la de Valdano, que justamente se aleja en más de ciento cincuenta años a las propuestas de estas novelas del desencanto.

Bueno, yo no estoy de acuerdo en esto último que tú dices, que se alejan, la novela de Valdano. En verdad, la novela de Valdano se aleja en el tiempo, es en definitiva en el siglo XVIII y concretamente durante la revolución Quiteña a comienzos del XIX; la novela tiene un carácter histórico, cívico, nueve días antes de la matanza del 2 de Agosto de 1810, pero es un tema en ese sentido muy actual, porque también es la crisis de una propuesta de independencia, de una propuesta revolucionaria, es la crisis de una utopía, me parece que este tema muy importante en la novela Ecuatoriana de estos años; creo que Fernando Tinajero se ha referido como signo no sólo de la novela sino de la literatura Ecuatoriana de los últimos años, a una literatura del desencanto y creo que en gran sentido tiene razón.

De pronto hay una ruptura en el tema del desencanto, por una temática histórica, como es la Valdano, que justamente se aleja en más de ciento cincuenta años a las propuestas de estas novelas del desencanto.

Bueno, yo no estoy de acuerdo en esto último que tú dices, que se alejan, la novela de Valdano. Es verdad, la novela de Valdano se aleja en el tiempo, es en definitiva en el siglo XVIII y concretamente durante la revolución Quiteña a comienzos del XIX; la novela tiene un carácter histórico, cívico, nueve días antes de la matanza del 2 de Agosto, pero ese desplazamiento histórico hasta cierto punto es un pretexto; la novela de Valdano es absolutamente contemporáneo, en la medida en que también  está representado el fracaso de una utopía revolucionaria; no son las guerrillas, como pueden ser en la obra de García Calderón o en la obra de Alejandro Moreano, pero se trata también de una crisis, de un proyecto revolucionario; en ese sentido; yo veo más bien una cierta cercanía, es decir no veo una oposición entre esta preferencia por la novela histórica que también es algo que se puede notar en la novela ecuatoriana de los últimos años y este tema de la desilusión. En relación con lo primero, fíjate que hay algunas novelas que han hecho una deliberada propuesta de novela histórica, la novela de Iván Egüez, por ejemplo; “pájara la memoria”, algo también en el “Poder del Gran Señor”; la novela de Jorge Velasco “Tambores para una Canción Perdida”, en la novela de Alicia Yánez, en la “Virgen Pipona”, es muy fuerte la referencia, la crónica histórica, en general me parece que en la novela Ecuatoriana de los últimos años, se retorna a la historia y la historia es muchas veces la fuente de la temática narrativa.

“Aráuz Félix”

Félix Aráuz (Guayaquil, 1935) es uno de los pocos pintores que en nuestro medio se han tomado muy en serio aquello de renovarse continuamente  en busca de otras formas de expresión, más ricas, más variadas o, simplemente, distintas a las anteriores.

Su continua y meditada renovación, sumada a un oficio serio y dedicado su trayectoria sobrepasa ya los 30 años de labor artística, nos ha permitido conocerlo en varias etapas: la informalista, la expresionista, la abstraccionista, la feísta  y últimamente, la magicista, tendencia que predomina en la exposición que actualmente exhibe en el museo del Banco Central en Guayaquil, acertadamente denominada “Universo de Fantasía”

En esta muestra, nuestro pintor, sin olvidar su personal sello, esas caritas infantiles que cautivan por sus miradas, se nos presenta más expresivo, más audaz en su dibujo, más latino en sus colores y, sobre todo, más mágico y fantasioso en su temática, que a momentos tiene harta de sensual y sugestiva.

Algo de los que exhibe se lo pudo intuir cuando participó  en la muestra “Pintores de Ecuador – Poetas de Israel”, organizada por la embajada de ese país, en 1988, con una obra que interpretaba un hermoso poema de Tuvia Rubner: “Ave tras ave, foráneo/alegre de tierra estaba/árbol tras árbol un brote engendra…”

Aves, vegetación, magia y rostros de niños se conjugaban magistralmente en la obra, pero aún no se podían entrever en ella las infinitas posibilidades que esa nueva vertiente, la mágica, le ofrecería posteriormente.

Y es que la exposición que en esta ocasión presenta es un verdadero canto a la magia, a lo supremo de la vida, del color; a esas fantasías en las que muy poco pensamos, pues la prisa de la vida moderna nos impide meditar en ellas y sumergirnos en su esencia.

Sesenta obras conforman la muestra y, aunque hay algunas que no corresponden a su intención general (abstractos, personajes deformes y enormes cabezas plenas de vegetación), el color, la magia y la fantasía es lo que domina este nuevo universo del pintor.

Mediante la utilización de símbolos que entremezclan lo animal, lo vegetal y lo humano, Aráuz ha creado una fauna y flora mágica que nos invitan a soñar en mundos distantes, donde la realidad ha perdido terreno para ser reemplazada por aquello que únicamente en sueños alcanzamos a crear.

Sus indispensables rostros y figuras de niños, que parecen mirar absortos desde alguna dimensión desconocida, surgen de esas formas de vida como para reinar, plácidamente, sobre ellas.

El prestigio de Aráuz como colorista se reafirma en la muestra, pues gracias a su hábil manejo del color ha conseguido brindar efectos especiales a la composición de sus obras e imprimirles un ritmo musical, armónico, casi de ensueño.

En fin, es tanto lo que se podría decir sobre este “Universo de Fantasía” pero…las palabras no son suficientes para abarcar la magnitud de su mágica atmósfera; para ello es necesario, frente a cada cuadro, dejarse llevar por los sentidos y dar rienda suelta a lo que muy pocas veces permitimos salir de casa: la imaginación.

Sobre Félix Aráuz no es necesario decir mucho, su exposición habla por sí sola y ratifica, una vez más, su talento artístico y dedicado e investigador oficio, que han hecho de él a uno de los grandes de nuestra pintura. Un pintor de nuestro tiempo.

Creo que su caso es único dentro de la plática Ecuatoriana. Me refiero a su timidez. Tan sincera en él, tan presente en su obra. Y es que si no hay obra que esté marcada por la timidez, la inocencia, la dulzura, los rostros infantiles, los sueños, pajaritos, esta es la obra del Guayaquileño Félix Aráuz, nacido en 1935. Y es que Aráuz es consecuente con lo que dice y hace. Maestro de escuela por cerca de medio siglo, soñador perpetuo por un mundo de paz, ha querido reflejar esas instancias éticas-humanas es sus lienzos desde los momentos mismos en que Félix se decidió por la pintura.

Consciente de su compromiso con la niñez, Félix ha sido consecuentemente con esa actitud. Y cuando los tiempos han sido amargos para el hombre (guerras, violencia, mentiras, etc.), nuestro pintor reflejó ese momento en sus figuras macrocefálicas, como queriendo señalar que ese mundo grotesco, desfigurado, es el mundo que vivimos y que dejamos como herencia a nuestros hijos. Y es ahí cuando Félix, pletórico de felicidad, por circunstancias colectivas (realmente pocas para el hombre), ha recogido esos momentos significativos en cuadros donde sobresalen sus niños, sus mariposas, sus sueños, sus colores sedientos de magia y misterio. Ese Félix Aráuz que encarna la más alta expresión de la pintura llena de ternura y goce infantil, es el que está cumpliendo un cuarto de siglo pintando, viviendo, sufriendo, gozando, amando. Porque así le dicta lo más íntimo de su ser. Aquí, en este encuentro con el pintor, pude una vez más apreciar su timidez, su calidad humana transida de perpetua esperanza por buscar ese mundo lleno de sabiduría infantil, que tan hermosamente ha sabido recrear en sus lienzos. Su voz tímida, no lo exime de ser caudalosamente honesto en sus respuestas.

Tus estudios académicos realizados en la Escuela de Bellas Artes, pueden ser decisivos para un pintor. ¿Lo fueron en tu caso?

La academia es una regla fundamental que debe seguir todo artista desde su comienzo, porque ella representa su visión para desarrollar todo su movimiento pictórico.

La academia ha motivado grandes encuentros con el pintor, porque es necesario descubrir el interior de un mundo extraño.

Muchos pintores ha comenzado desde la academia y con el tiempo se han seguido una etapa decisiva en su pintura. La academia es rigurosa y muchos artistas se han quedado encerrados en ella; otros, en cambio, se han librado de ella y, como tal, han puesto el sello personal de su pintura. La academia, en mi caso, se me manifestó en forma muy sencilla, hubo libertad.

Eres parte de una vigorosa generación de artistas que transformó el sentido de nuestro arte: que lo volvió cosmopolita, abierto a las distintas tendencias de la pintura contemporánea. Pienso en ti, Carreño, Villafuerte, Cruz, Del Campo, ¿Qué los vuelve universales?

Mi esfuerzo pictórico comienza por los años 1960. En 1961 realicé mi primera exposición individual en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, y desde ese momento sentí mis primeras inclinaciones hacia el expresionismo, el cual lo considero como riguroso, y de gran trascendencia universal. El expresionismo es una de las escuelas de mayor fuerza pictórica, dentro de la historia del arte. En el Ecuador se ha forjado un gran equipo de pintores expresionistas, los cuales han sido reconocidos internacionalmente.

Para ese tiempo, te estoy hablando de los sesenta, ¿con qué pintores latinoamericanos y europeos te sientes cercano?

En 1960, cuando cursaba en la Escuela de Bellas Artes y comenzaba a desarrollar mi inquietud en el campo de la expresión plástica, el expresionismo fue un factor importantísimo en mi pintura, tal es el caso de Rouault, uno de los más grandes maestros expresionistas franceses y quizás uno de los que más he admirado por su gran aporte al desarrollo pictórico. Otro pintor que he admirado ha sido también el artista Portocarrero.

Siempre has estado cercano al experimentalismo. La búsqueda del mundo simbólico parece ser una constante en tu trabajo plástico. ¿Qué te lleva a ello?

Los niños o niñas, tema que lo venía realizando desde la Escuela de Bellas Artes, y al concluir esta, acogí como tema principal en mi pintura, las niñas, niñas con pájaros, gatos, etc…, en los que pongo énfasis en los ojos, transmitiéndoles matices de ternura, dulzura, que con el tiempo lo complementé con un determinismo simbólico denotado en su cabello, todo como si fuera un sueño para mí, el que lo demostraba en las figuras de gatos, aves que ahondaban su cabeza.

La simbología de las plantas, frutos, flores, realza más la imagen de la niñez, la que se fusiona con todo el colorido y encanto de la naturaleza, que cual aureolas fantaseaban en mis cabezas, ya que la niñez significa para mí la paz, una paz que por siempre viviré en ella y que dentro de mi trabajo siempre la buscaré.

Un crítico tan perspicaz como Hernán Rodríguez Castelo ha encontrado en tu pintura influencias de Vlaminck y Rouault. ¿Estás consciente de esas influencias?

Como te lo dije hace un instante, el expresionismo ha tenido bastante influencia en mi creatividad artística, desde mis comienzos, por su gran potencia en su nivel de contenido plástico, por lo que hace a Rouault, lo he admirado por su dinámica expresionista y su gran contenido social en su pintura.

Pero los seres que pueblan tu universo de colores, son seres atormentados por la soledad. Características esencial del mundo de hoy. Esos rostros y esas cabezas macrocefálicas son acaso una forma de denunciar lo grotesco de la sociedad en que vivimos.

Madres y niños constituyen uno de los temas que con mayor interpretación he realizado: madres alegres, madres tristes. Además, en la temática de niños, experimenté niños con cabezas enormes y deformes, quizás como una denuncia social análoga al tiempo en que vivimos, y para realizar esto, lo he manifestado en esta temática de cuadros, que aparte de su fuerza expresiva he tratado de reflejar en ellos un gran contenido social.

Un artista que se precie de tal, debe dejar plasmada en su obra una fusión auténtica de su contenido plástico y social. La época de las cabezas macrocefálicas, que tú señalas, fue un tema que lo desarrollé muy poco.

Sin embargo, para evitar que tus cuadros se tornen desoladores, invitas a presenciar un nuevo y mágico universo de seres y colores. Niños, aves, pequeñas florecillas. ¿Oposición, contraste?

Quizás mis cuadros se puedan presentar desoladores, que evocan temas que se pueden reflejar, en situaciones angustiosas y deprimentes, en el continuo transcurrir de la vida. Creo que a más de considerarlo como un contraste en mi pintura, al variar de temas, consideraría mejor expresarlo en una evolución, un continuo apego de encontrar nuevas y variadas formas, ya que todo artista tiene sus épocas y debemos respetarlas, ya sean conflictivas o pasivas, siempre y cuando estas generen un mensaje como producto del tiempo, y tratar de alcanzar una meta, y creo que una de ellas es procurar llegar a un paraíso de colores.

Félix déjame decírtelo, en mi opinión, tú has llegado a ese paraíso de colores. Por otra parte, intentas desprenderte, momentáneamente, de tus figurillas infantiles y buscas temas religiosos. Estoy pensando en ese “Ecce Homo”, de una desgarradora expresión, en “Descendimiento”, cuadro que convoca a la ternura, expresada en los rostros de esos niños. ¿Por qué no hubo perseverancia en ese tipo de temática?

Los temas sacros, los represento por mi ferviente amor hacia lo religioso, hacia lo humano. Los “Ecce Homo”, en cambio, me conmueven a lo humano en esencia, al reflejo del hombre, que por su sufrimiento, nos trató de dejar el regalo más maravilloso que es el amor y la paz. Temas como el descendimiento, la piedad, son imágenes, si las podemos considerar así, hacia las cuales, por su gran contenido de ternura y dulzura, nos deberíamos reflejar en ellas diariamente.

“Las Madonas”, en cambio, me transmiten un ideal de amor, el cual debemos de llevar para alcanzar un porvenir celestial. Como te lo expresé, la continua búsqueda de temas y formas ha sido partícipe de desarrollar un solo tema, considero que mi contribución a esta temática ya ha sido plenamente desarrollada.

Pero, tú vuelves a lo tuyo, al mundo de los rostros infantiles. Por otro lado, veo que esa temática te embarga, como que va aparejada a tu personalidad, a tu carácter intimista, sencillo. ¿Es así?

El mundo de los rostros de los niños, es algo que me apasiona, ya que aparte de pintar, he dedicado con orgullo 25 años, en enseñar dibujo en escuelas, en donde he visto la alegría, la tristeza de estas criaturas, reflejadas en sus trabajos.

Sencillo, siempre lo he sido, creo que la mejor cualidad que debe tener un hombre es esta, soy bien exigente en mi pintura, introvertido en ciertas ocasiones, ya que considero que mi pintura expresa de la forma más espontánea y clara todo lo que siento.

Pero decides dejar de lado los rostros y cabezas macrocefálicas. Me has dicho que tu mundo interior se ha modificado y ahora buscas tranquilidad, sosiego, alegría. Y eso explicaría los rostros infantiles cargados de belleza, colorido, plantas, animalitos, insectos, etc. ¿Ubican tu nueva actitud?

He tenido etapas con mucho contraste, debido a la continua búsqueda que he venido experimentando, la cual se ve reflejada a las situaciones en que vivimos. La superación llega y mi tranquilidad la encuentro en los colores, siempre con ese amor por la naturaleza, ya que uno de mis sueños es transmitir lo que nos brinda la naturaleza y conjugarla en mis temas con los niños, los cuales tienen un papel preponderante en mi vida.

Félix, ¿qué representa para ti la pintura? ¿Acaso una forma de ver el mundo a través de colores, imágenes, sensaciones, etc.?

Mi pintura es mi vida, sin ella no sería nada. En mis 30 años como artista, nunca he dejado de pintar y creo, si Dios me da la oportunidad, nunca dejar de hacerlo, porque creo que la constancia, el anhelo, el deseo de superarse cada día más, hacen de cualquier profesión la base de su éxito. Todo pintor llega a tener un estilo, reflejo de sus sentimientos, en donde expresa y diagrama sus temas, colores, imágenes, esperando que el mundo las conozca.

Comenzaste por las formas grotescas, dándole preminencia a formas negras con trazos violentos. Esos serían cuadros de tus primeros años. Ya debemos pensar que estamos refiriéndonos a los sesenta. Y en los últimos años pareces desprenderte de neoexpresionismo, que está cercano al “Art Brut”, para gozar con lo mágico, con la ternura, que es finalmente la expresión más cercana a tu mundo interior y a la paz que quisieras floreciera en este mundo.

La exposición que realicé en 1966, en el Centro Ecuatoriano Norteamericano, profundizó un eslabón de la pintura, los trazos de línea negra con rostros de niños enloquecedores, posteriormente, en 1967 incursioné en el campo del precolombino, cuyo resultado fue el comienzo de mi identificación con el Art Brut, tema que lo mantuve muy poco tiempo.

Ahora, en este año, con mi nueva exposición, concluyo un ideal más, un sueño más, plasmado de símbolos, niños, aves, árboles, en un espacio que transitan, vuelan o se lanzan.

VERANO-OLEO DE LA COLECCIÓN CASA DE LA CULTURA, 1967

A mediados de los sesenta, Aráuz Basantes deja el grueso grafismo de sus telas multicolores y blanquinegras, por un trazo más fino, contornante de figuras generosas, armonizando totalmente el conjunto desde la arbitrariedad absoluta. La composición sigue igual derrotero: manteniendo equilibrio, tiene superposiciones ilógicas de las formas, las mismas que son tratadas con valores planos y labrados, en un juego combinado de lisuras y asperezas, a veces empleando arena y grumos de mayor densidad matérica. Sus personajes miran de frente, con grandes ojos alucinados o dubitativos. Las criaturas tratan siempre de agarrarse de algo, como si una ansiosa inseguridad las determinará. Es el tiempo en que le llueven los galardones, de los que ha acumulado una veintena.

SUEÑOS DE NIÑA-ACRÍLICA, 1988

Todo su mundo de infantes, flores, hojas, pájaros, frutas, carretas, casitas, cercas, globos y peces, pareciera una baraja infinita para jugar varios destinos. La composición continua plana y simple. El color se aclara y abrillanta manteniendo agrisadas ciertas zonas acorde con la propuesta. Los fondos desempeñan un rol creciente en la flotación de las figuras recortadas sobre ellos. En las cabezas de las imágenes focales aparecen símbolos apilados como recuerdos, añoranzas, pesadillas o sueños gratos. También pinta retablos e imaginería, atiborrados de figuras anárquicamente coloridas, causando en estos casos, una composición aún más llana y obvia, de sabor primitivo e ingenuo donde lo principal a rescatar es la encantadora cadencia del conjunto, rayano en tapicería, brocado o estampación.

LA NIÑA DEL JARDÍN-ACRÍLICA, 1989

Los pasos de una vida tan ideologizada como la del artista, no están exentos de visitas, – en la memoria – de nostálgicas presencias. Así en Aráuz sucede, cuando en medio de una alegre primavera asoma un vendaval sombrío. Todavía en su época actual vemos considerable rezagos de etapas vencidas. Los elementos de instantes anteriores y lo que se perfilan a futuro, aparecen, desaparecen y reaparecen en la obra de hoy. Algún gnomo o capricho hace su inesperada intrusión en el soporte arauciano en cualquier momento.

FOTO DEL ARTISTA Y SU PIETA: BUONARROTIANA EN LA TEMÁTICA Y ROUALTIANA POR LA TENDENCIA

Félix Aráuz Basantes (Guayaquil, 1935) es el pintor por excelencia. Muy terco de palabras, se muestra prolífico en el arte cromático bidimensional, pues en el encuentra su lenguaje natural, como vehículo de manifestar inteligencia, voluntad y sensibilidad. No escatima admiración por sus  maestros históricos: Francisco de Goya, Georges Roault y Jean Dubuffet. En sus años tempranos mientras recibía clases de César Andrade Faini en la Escuela de Bellas Artes conoció al destacado expresionista alemán Hans Michaelson. De todos ellos recibió valiosas influencias en sus primeros años profesionales, así como de Marc Chagall, Joan Miró y algunos Brasileños. Es pertinente anotar algún paralelismo con su coetáneo Fernando Botero en ciertos tramos de su carrera. Sería erróneo indicar ascendientes recíprocos. Durante su aventura evolutiva, Aráuz ha ido decantando su nivel de calidad en su copiosa producción, valido de un oficio perseverante y una poderosa imaginación. Ha sido fundamentalmente un expresionista durante su trayectoria, pero ha pasado por épocas muy señaladas, en que el informalismo, el simbolismo, el neo-figurativismo, el surrealismo y, actualmente, el magicismo, encajan alternativamente en su camino de expresión.

MUJER Y NIÑO-ACRILICO, 1969

Cumplió períodos obscuros, dramáticos y feístas, lindando con el monstruismo. Por encima de traumatismos. Por encima de traumatismos escolásticos y sociales, de este artista introvertido y profundamente emotivo, afloran esporádicamente en su lenguaje pictórico alaridos y maldiciones. Su estado de ánimo es decisivo en sus representaciones plásticas. Desde los tiempos de tímida asimilación al informalismo-catalán y ancestral criollo, pasando por el período antropomorfista en que se unen la cultura ceramista precolombiana con la formas del inconsciente, el brochismo casi gestual o tachista, el simbolismo hiperbólico y desdibujante, presenta aproximadamente del 69 al 77 cuadros  monstruistas, reflejos del temor y la miseria humanos, con un trabajo textural insuflador de atmósfera trágica, que constituye lo mejor logrado en el asunto entre nosotros. Esta etapa tuvo gran resonancia crítica (José Gómez-Sicre lo consideró entre los más grandes art-brut de América). Expuso en La Unión Panamericana en Washington, en Rock Island (Illinois) y en varias galerías de Nueva York.

CABEZA-ACRÍLICA, 1991

Descontando un monocromático abstracto en verde, más de cincuenta cuadros integrantes de la inminente exposición en el Museo del Banco Central de Félix Aráuz, son figurativos. Todos corresponden a su labor presente. Creemos que esta exhibición marca un gran momento de su recorrido. Ha innovado su composición, que ahora tiene características estructurales de seres humanos cohesionados con su hábitat, en una embriaguez de colores ecuatoriales, cálidos, llenos de sol, selva, montaña y mar; de trópico, en una palabra. Los matices se muestran audaces en ocasiones, pero siempre armónicos, muy elaborados y bien dispuestos. Los espacios están calculados con acierto. Cualquier desmesura decorativa está atemperada por la solvente cocina pictórica del talentos creador porteño. Parece haber dejado definitivamente la fase demoniaca y dramática, que nos agrada tanto como la de ahora. Su faena textural es de mucho apoyo para el resultado óptimo del conjunto. El expresionismo permanente que mencionamos antes, toma un viso mítico, misterioso, cada vez más magicista. Toda la fiesta equinoccial es ofrecida a nuestros ojos por un Guayaquileño modesto, laborioso, callado e imaginativo.

“Aráuz Nicolás de”

Profesor de Filosofía de la Universidad de San Gregorio Magno, Quito, 1687 – 1690 (Ecuatoriano).

“Aráuz Ramón”

El Cabildo Eclesiástico ponía en conocimiento de Carondelet el haber nombrado a Don Ramón Aráuz como visitador de las Misiones del Putumayo.

“Aráuz Enrique Pibe”

La noche comenzaba a caer en la ciudad de Guayaquil, era el domingo 6 de Abril  de 1919. En el hogar de los Pantza Aráuz, situado a mitad de cuadra en el legendario Callejón Parra, a sólo cuarenta varas de la ribera del caudaloso Guayas, había corre-corre de verdad. “Ya mismo da a luz la señora Angelita” repetían ansiosas las vecinas. De pronto, cuando las graves campanas del reloj de la casa anunciaban las diez de la noche, se escucha un agudo llanto que a todos los presentes colmó de júbilo y gratitud. Nació un pequeño, blanco y robusto niño, a quien cinco días más tarde lo bautizarán dos veces en la iglesia parroquial y en el mismísimo río Guayas, era el de Manuel Armando Pantza Aráuz, hijo legítimo del Orense Víctor Manuel Pantza Carrillo y de la Guayaquileña Angela Rosa Aráuz Coello, joven matrimonio sumamente apreciado en tan popular barrio porteño.

Manuel Armando fue destacado alumno de la Escuela Fiscal N° 6. Su educación secundaria la recibió en el glorioso Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, donde se graduó de bachiller en 1937. A los 12 años el joven Pantza Aráuz ya tocaba la guitarra, ese amado instrumento musical que al cantío del poeta Lojano Dr. Carlos Eduardo Jaramillo: “Hay que estrecharla al pecho como una dulce novia/y en su hombro moreno de femenina forma/poner una caricia suave como una rosa/la guitarra es una hembra de voz maravillosa”.

LOS CAMPIRANOS

Allá por 1933, nuestro Guayaquil se ufanaba de tener en su siempre alegre y hospitalario solar, compositores de la talla de un Nicasio Safadi, Pancho Paredes, Carlos Silva, Carlos Solís, Enrique Ibañez y Alberto Guillén Navarro. Precisamente este último, Alberto Guillén, encontró al joven Pantza Aráuz en el famosísimo barrio de Manabí y Guaranda, donde lo convenció para que integre el nuevo Trío “Los Campiranos” que en Octubre de 1934 debutó en Ecuador Radio, empresa que dirigía Juan Behr. Este grupo musical estuvo integrado por Enrique Luna Fernández como primera voz; Manuel Armando Pantza como segunda voz y Alberto Guillén como tercera voz. El día del debut, Felipe Huerta Rendón, que oficiaba de locutor y animador, bautizó a Manuel Armando-tercero y último bautizo de su vida como “El pibe Aráuz”, pues consideró que su apellido paterno Pantza no golpeaba artísticamente. Desde entonces nuestro cumpleañero de hoy, se quedó para todos con el nombre de Armando Pibe Aráuz.

El trío “Los Campiranos” triunfó en Lima en 1937. Dos años más tarde “El pibe” irá otra vez a la iglesia, pero no como todos los domingos para escuchar la santa misa, esta vez será para casarse con la única dueña de sus sueños y canciones: Piedad Noblecilla Ruiz, dama virtuosa, madre ejemplar con quien procreó cuatros hijos: Luis, Víctor, Rosa Janet y Arístides Armando. Doña Piedad retornó al Señor el 11 de Junio de 1991.

Profesor de guitarra

Armando “Pibe” Aráuz fue alumno del Conservatorio Antonio Neumane de esta ciudad, donde se graduó de profesor de guitarra y bajo. En 1953 integró su propia orquesta, la que logró el aplauso de miles de bailadores hasta su extinción en 1988. En 1978 el maestro y músico de fama mundial don Gerardo Guevara, solicitó al “Pibe” que organice la delegación del Guayas de la Sociedad de Autores y Compositores del Ecuador (SAYCE), nuestro homenajeado cumplió con diligencia y honestidad suma dicha tarea, siendo su primer personero por 10 años.

En 1953, el Pibe Aráuz recibió un especial encargado de su dilecto amigo, el poeta, periodista y diplomático Guayaquileño Dr. Abel Romeo Castillo y Castillo el autor de Romance de mi destino, de Romance Criollo de la Niña Guayaquileña se trataba entonces de unos versos en homenaje al Cholo Porteño Guayaquileño, letra que fue musicalizada por el Pibe Aráuz, en Guayaquil el día lunes 16 de Agosto de 1954, a las ocho y media de la mañana.

“Arauzo Juan de Dios”

Coronel fue acusado de traición a la causa republicana, y entre las denuncias presentadas contra este Jefe al Consejo de Guerra, está la de haber hecho amenazas e intimidado con grillos a un físico médico de apellido Moreno, por el hecho de haber este médico denunciado el conato de sublevación encabezado por Sepúlveda y secundado por Salgado y Zerda.

Nacido en Arequipa. Llegó a Guayaquil en el Granaderos de Reserva. Teniente Coronel y miembro del Colegio Electoral el 11 de Noviembre de 1820. Estuvo casado con Petra Barno de Ferrusola y Paredes.

“Arbaiza Octavio”

Ayudante compañía 10 de Agosto – 27 de Enero 1928 – 1929 – 1930

Comandante 10 de Agosto – 1935 – 1936

“Arbeláez y Rubio J. Miguel”

Así fue como pudo quedar constituida la sociedad Liberal Democrático en esta ciudad, con el siguiente distinguido Directorio, Vocal Suplente J. Miguel Arbeláez.

“Arboleda Pacifico”

14 de Agosto de 1883 en Guayaquil en la Jefatura Suprema de Pedro Carbo Director Dr. José y Matías Avilés G.

No pocas veces, tuvo el redactor de la Bandera Nacional que entrar en polémica con otros periódicos, especialmente con la República, del Dr. Vicente Paz, y la unión, de don Pacifico Arboleda, ambos periódicos adictos al Gobierno provisional de Quito. El Viernes 23 de Agosto de 1883, apareció el bisemanario La Unión, cuyos redactores eran el Sr. Don Sixto Juan Bernal, de quien ya hemos hablado otras veces en el curso de nuestra relación, y don Pacifico E. Arboleda quien, por primera vez, aparecía en el periodismo nacional, y del cual sólo se conocían una correspondencias que, con el pseudónimo de Tulio, era dirigidas desde Lima a Los Andes. De esta ciudad. En tales circunstancias, el 8 de Enero de 1886, apareció El Anotador, periódico bisemanal, cuyos redactores eran los señores Sixto Juan Bernal y Pacifico E. Arboleda, y dirigido a la Defensa del Gobierno conservador. Desde el primer número, a pesar de que él, mismo hablaba  de circunspección y calma, atacó rudamente a la prensa de esta ciudad, a la que no comulgaba en las mismas ideas, a la que no sostenía los mismos principios que el bisemanario. Pero tal era temprano del Sr. Arboleda, buen escritor por los demás; y no dejaremos de decir que el Sr. Bernal, viejo periodista, veterano en esas luchas, guardaba más calma y acostumbraba moderar los ímpetus de su compañero. Durante el año 1886, cuando arreció la campaña armada, publicó El Anotador, continuamente, ediciones extraordinarias. El viernes 16 de Octubre de 1889, apareció el primer número de El Censor, diario de la tarde, de regular formato, de sólo dos planas a cuatro columnas y editado en la imprenta del mismo nombre. Aparecía, como editor responsable, Teodoro Alvarado B…, tipógrafo y sus redactores fueron el Dr. Vicente Paz y Dn. Pacifico Arboleda. El Centinela, diario fundado y redactado por Dn. Pacifico E. Arboleda, y destinado a la defensa del Gobierno.

Era de formato grande, de cuatro planas, a cinco columnas; su primer número circuló el 22 de Octubre de 1894, editado en la oficina tipográfica.

En 1894  en la sección Editorial y en las columnas del diario El Imparcial. Hallamos en sus páginas, interesantes colaboraciones de don Pacifico E. Arboleda.

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